Tuvo coronavirus, bajó 40 kilos en un mes, se salvó y cuenta su historia: «Me dijeron que estuve 18 días muerto»
Por Daniel Riera.
Mi nombre es Walter Taboada, tengo 52 años, soy chofer de Flecha Bus. Hago servicios de larga distancia, desde Retiro a Camboriú. Es un servicio que se hace todos los días. En uno de esos viajes, el 17 de marzo, regresé con coronavirus. Caí mal, caí casi un mes internado. El 28 de marzo me internaron y el 24 de abril salí. Cuando salí, salí mal.
-¿Qué querés decir con que saliste «mal»?
-Y, yo perdí 40 kilos, masa muscular también perdí. Me veía los pies delgaditos… Yo soy grandote, mido 1 metro 92. Pesaba 118 kilos y salí con 70 y pico. Me miraba los brazos y no podía creer que era yo. Los brazos llenos de agujas, las piernas llenas de agujas. No me entraba en la cabeza que ese era mi cuerpo. Hoy por hoy no camino bien porque me agito. Me agito al hablar, también. Quedé con problemas pulmonares y no camino como una persona normal. Camino poco para no agitarme, y aún así me agito. Vos tenés que ir calculando si querés llegar a algún lugar. Caminar 100 metros ahora, para mí, es muchísimo.Antes trabajaba, y además tocaba la batería en un grupo de cumbia, El duende Quinteto, que después le pusimos El duende y la aplanadora. Veníamos bien hasta que me agarró esto y te lo juro que no puedo tocar por los dolores. Habíamos grabado un ,CD y estábamos contentos porque habíamos arrancado bien, tocamos en Tucumán, en Santiago. Pero el coronavirus me arruinó. El grupo va a seguir y yo lo voy a seguir apoyando, pero ahora no puedo tocar. Mi idea era jubilarme de los colectivos y dedicarme a la música, era súper activo. También soy matricero, trabajaba haciendo matrices. Y bueno, ahora mismo estoy hablando y me agito, me canso.
-¿Recuperaste algo del peso que perdiste?
-Gracias a Dios, sí. Subí porque en verdad cuando me desperté del coma me miraba los brazos, me miraba las piernas y no podía creer que era yo. ¿Sabés cómo te impacta eso?
-¿Cómo te diste cuenta de que tenías coronavirus?
-Empecé con dolores de articulaciones, dolores musculares. Comí y no le sentí el gusto a la comida, se me fue el apetito. Me acosté y empecé con tos. A la madrugada mi mujer me dijo Walter, llamé a la ambulancia, ya está en la puerta, te vienen a buscar. Y así fue. Los hombres de la ambulancia vinieron con todo el protocolo, parecían esos que van a la luna. Los de la ambulancia echaron a los vecinos, porque se acercaban a chusmear. De ahí me llevaron al Sanatorio Anchorena, calculo que habré estado ocho horas y caí en coma. Después no me acuerdo más nada, o por ahí me acuerdo de alguna cosa vagamente. Es como que la mente lo perdió todo. Yo no tomaba conciencia de lo que había pasado.
-¿Sabés cómo te contagiaste?
-En Brasil ya estaba instalado el coronavirus. Lo que pasa es que lo disfrazaban, decían que era gripe aviar. Cuando llegué acá me dijeron los delegados que hiciera una cuarentena estricta, nos dijeron «Muchachos, ustedes saben de dónde vienen, si contagian a un ser querido lo van a lamentar». Así que hice la cuarentena en mi casa y hablaba con los vecinos desde arriba. Y los vecinos me decían ¿no será algo psicológico? Hoy me dan la razón. No era psicológico. Cuando caí, cuando me llevaron, estaban todos los vecinos alentándome.Y antes también, cuando estaba en cuarentena, hacían las compras, traían comida… Soy muy agradecido.
–¿Dónde vivís?
-En el Barrio 6 de enero, de Berazategui, Es un barrio chiquito, aislado de todo. Acá es campo. Te digo: yo antes al médico no iba ni de casualidad. Me sentia mal y me tomaba un té. Ahora, cuando hablé con el médico, tomé conciencia de lo que me pasó. Al que me atendió, el doctor Taborda, le preguntaba «¿Tan mal estuve?» Me dijo «Walter, estuviste 18 días muerto. Para nosotros es un logro haberte sacado». Ahora casi no salgo, porque me cuesta caminar y porque tengo miedo. Me acobardó esto, porque la pasé mal.

