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El histórico «renunciamiento» de Eva Perón: «Yo no renuncio a mi puesto de lucha, renuncio a los honores»

El 22 de agosto de 1951, en el llamado Cabildo Abierto del Justicialismo, la CGT, avalada por una impresionante movilización popular, propuso formalmente a Eva Duarte de Perón como candidata a la vicepresidencia de la Nación. Fue uno de los diálogos más conmovedores que se recuerden entre el pueblo argentino y sus líderes. Sucedió frente al Ministerio de Obras y Servicios Públicos, donde se había montado un enorme palco. Nueve días después, a través de la cadena nacional, Evita notificaba su renuncia indeclinable a la candidatura y explicaba los motivos. Pero no nos adelantemos: esto fue lo que dijo el 22 de agosto ante el pueblo. En el video, un fragmento. Debajo, el texto completo.

La enorme movilización popular. Fragmentos del discurso de Evita y el diálogo con el pueblo.



Excelentísimo señor presidente, mis queridos descamisados de la patria:
Es para mí una gran emoción encontrarme otra vez con los descamisados,
como el 17 de octubre y como en todas las fechas en que el pueblo estuvo
presente. Hoy, mi general, en este Cabildo Abierto del Justicialismo, el
pueblo, como en 1810, preguntó que quería saber de qué se trata. Aquí, ya
sabe de qué se trata y quiere que el general Perón siga dirigiendo los
destinos de la patria.
(La multitud grita: «Con Evita, con Evita, con Evita.»)
Es el pueblo, son las mujeres, los niños, los ancianos, los trabajadores que
están presentes porque han tomado el porvenir en sus manos y saben que
la justicia y la libertad las impondrá únicamente teniendo al general Perón
dirigiendo a la Nación. Ellos saben bien que antes del general Perón vivían
en la esclavitud y por sobre todas las cosas habían perdido la esperanza de
un futuro mejor.
(La multitud grita: «Evita con Perón, Evita con Perón.»)
Que fue el general Perón quien dignificó social, moral y espiritualmente. Y
saben que la oligarquía, que los mediocres, que los vendepatria, todavía no
están derrotados. Desde sus guaridas asquerosas atenían contra el pueblo y
contra la libertad.
(La multitud grita: «Leña, leña, leña.»)

«Mi mensaje»: el texto «oculto» de Evita y la tradición peronista de discutir por medio de libros
Por eso, porque yo siempre tuve en el general Perón mi maestro y mi amigo
y porque él siempre me dio el ejemplo de su lealtad acrisolada y la fe en los
trabajadores, es que todos estos años de mi vida he dedicado las noches y
los días a atender a los humildes de la patria sin importarme ni los días ni
las noches ni los sacrificios y mientras ellos, los entreguistas, los mediocres
y los cobardes, de noche tramaban la intriga y la infamia del día siguiente,
yo una humilde mujer, no pensaba en nada ni en nadie sino en los dolores
que tenía que mitigar y consolar, en nombre de vos, mi general, porque sé
el cariño entrañable que sentís por los descamisados y porque yo llevo en el
corazón una deuda de gratitud con los descamisados que el 17 de octubre
de 1945, me entregaron la vida, la luz, el alma y el corazón al entregarme
al general Perón. Yo no soy más que una mujer del pueblo argentino. Yo no
soy más que una descamisada de la patria. Pero descamisada de corazón,
porque siempre he querido confundirme con los trabajadores, con los
ancianos, con los niños, con los que sufren, trabajando codo a codo,
corazón a corazón con ellos, para lograr que lo quieran más a Perón y para
ser un puente de paz entre el general Perón y los descamisados de la patria.
No me interesó jamás la injuria ni la calumnia, cuando se desataron sus
lenguas desatadas contra una débil mujer argentina. Al contrario, me alegré
íntimamente, porque yo servía de escudo, mi general, para que los ataques
en lugar de ir a vos fueran a mí.
Yo siempre haré lo que diga el pueblo.
Pero, yo les digo, compañeros, trabajadores, que así como hace cinco años
dije que prefería ser Evita antes que la esposa del presidente, si esa Evita
servía para aliviar algún dolor en mi patria, hoy digo que prefiero ser Evita,
porque siendo Evita yo sé que ustedes siempre me llevarán muy dentro de
su corazón.
Sobre mis débiles espaldas de mujer argentina, ustedes me han pegado una
enorme responsabilidad. Yo no sé cómo pagar el cariño que el pueblo me
tiene. Lo pago con amor, queriéndolo a Perón y queriéndolos a ustedes, que
es querer a la patria misma.
Yo no he hecho nada. Todo es Perón. Perón es la patria. Perón es todo y
todos nosotros estamos a distancias siderales del líder de la nacionalidad.
Yo, mi general, con la plenipotencia espiritual que me dan los descamisados
de la patria, os proclamo, antes que el pueblo vote el once de noviembre,
presidente de todos los argentinos. La patria está salvada porque está en
manos del general Perón.
Y a ustedes, descamisados de mi patria y a todos los que me escuchan, los
estrecho muy, pero muy fuerte, junto a mi corazón. […]
(José Espejo dice: “Señora, el pueblo le pide que acepte su puesto.» […]
«Señora, es la única que puede y debe ocupar ese puesto…»)
Yo les pido, a la Confederación General del Trabajo y a ustedes, por el
cariño que nos une, por el amor que nos profesamos mutuamente, que para
una decisión tan trascendental en la vida de esta humilde mujer, me den
por lo menos cuatro días para pensar mi decisión.
(La multitud grita: «No, no, no. . . Paro, paro, paro general. . .») […]
Compañeros, compañeros. . . compañeros, compañeros
Yo no renuncio a mi puesto de lucha, renuncio a los honores. . . Yo me
guardo, como Alejandro, la esperanza, que es la gloria de servirlos a
ustedes y al general Perón.

(Aplausos, gritos: «No, no, no.»)
Compañeros, compañeros, yo les pido a los compañeros de la
Confederación General del Trabajo, a los descamisados aquí presentes que
me escuchan, que ante esta decisión, es que yo tenía tomada otra posición
…y yo voy a hacer al final lo que diga el pueblo, que…
(Grandes aclamaciones, gritos: «Que sí, que sí.»)
Compañeros, ¿ustedes creen que si el puesto de vicepresidenta fuera una
carga y si yo fuera una solución no habría ya contestado que sí? Es que
estando el general Perón en el gobierno, el puesto de vicepresidenta no es
más que un honor y yo aspiro solamente al honor de estar en el corazón de
mi patria. Mañana, mañana…cuando…
(«No, no, paro, paro general. . .») […]
Compañeros, compañeros… se lanzó por el mundo el que Evita era una
mujer egoísta y ambiciosa, ustedes saben que no es así. Pero ustedes
también saben que todo lo que hice no lo hice nunca para tener una
posición política en mi país…y yo no quiero que mañana, un trabajador de
mi patria se quede sin argumentos, cuando los resentidos, los mediocres,
que no me comprendieron ni me comprenden, creyendo que todo lo que
hago lo hago por intereses mezquinos.
Compañeros, por el cariño que nos une, yo les pido, por favor, no me hagan
hacer lo que no quiero hacer… […]
Compañeros, yo les pido a ustedes, como amiga, como compañera, que se
desconcentren, que…
(La multitud grita: «No, no, no…»)
Compañeros, compañeros, el general me dice que yo solo tengo una cosa
que decirles a ustedes, que si yo, mañana. . .
(La multitud: «No, no, no…»)
Compañeros, yo les pido una sola cosa ¿cuándo Evita los ha defraudado?
¿Cuándo Evita no ha hecho lo que ustedes desean? Yo les pido una sola
cosa, esperen a mañana…
(La multitud: “No, no, no…”)
¿Pero no se dan cuenta de que este momento es para una mujer como para
cualquier ciudadano, muy trascendental, y que por lo menos se necesitan
unas horas de tiempo…?
(La multitud responde: «Que sí, que sí.»)
Les aseguro, les aseguro, que esto (no) me toma de sorpresa, que ya hace
mucho tiempo que yo sabía que mi nombre andaba de boca en labio, y por
Perón, porque no había ningún hombre que pudiera acercarse a distancias
siderales de él, y por ustedes, porque así ustedes podían ver a los hombres
con vocación de caudillo y el general, con mi nombre, momentáneamente,
se podía amparar de las disensiones partidarias, pero jamás, en mi corazón
de humilde mujer argentina, pensé que podía aceptar este puesto, no,
porque…
(La multitud: «Acepte, acepte, Evita, Evita…”)
Compañeros, compañeros… compañeros, a las nueve y media de la noche…
(La multitud: «No, no, no….»)
Compañeros, lo menos que puedo pedirles, es que, en cadena por todo el
país, yo pueda anunciarles mi decisión.
(La multitud seguía gritando «No», en el palco todos hablaban, se oye a la
misma Evita decir «No aceptan».)
[…] José Espejo: Compañeros, la compañera Evita nos pide dos horas de
espera. . .
(La multitud: «No, no, no. . .»)
José Espejo: Nosotros nos quedamos aquí. Aquí esperamos su decisión. No
nos movemos hasta que nos dé la respuesta favorable a la decisión del
pueblo. […]