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De la historia de Lanús y algo más (IV)… Construir colectivamente, volver a ser lo que fuimos

Por Omar Dalponte.

(En la foto: Bottini, Miel Asquía, Bernardo Gago -primer intendente del partido 4 de junio, luego llamado Lanús, elegido por el pueblo- y Eduardo Teisaire)

Merece atención el tratamiento de temas históricos desde la verdad, con datos ciertos y comprobables para conocer el pasado, intentar debatir el presente y trabajar por el futuro.

Perdidos en medio millón de lanusenses y cuarenta y cinco millones de habitantes de la Argentina, individualmente somos bastante insignificantes. Por eso es importante, principalmente en el mundo de la política, actuar colectivamente, ser parte de un todo y que ese TODO funcione lo más organizadamente posible. En toda organización política la unidad de concepción, la coherencia ideológica, la disciplina y la solidaridad son imprescindibles para mantenerse a través de los años, ser apreciada por la sociedad y poder llevar adelante acciones que, concretamente, ayuden al progreso y al bienestar del pueblo. Si cada quien tira para su lado nunca se saldrá del territorio de los fracasos.

El peronismo de Lanús en algún tiempo fue electoralmente invencible. Ahora, si bien es cierto que conservamos un caudal de votos importante, estamos en una situación de paridad con el macrismo, en definitiva una fuerza política con muy poca historia, sin figuras relevantes pero que logró tener presencia en nuestro distrito y llegada a los votantes gracias a su sociedad con el radicalismo que, mal que mal, conserva algún predicamento y cierto grado de organización partidaria. Por ahora mal no les va porque se impusieron en algunos comicios, lograron hacerse del gobierno municipal y conseguir una significativa representación en el Concejo Deliberante. Pero, como dice la vieja y conocida frase atribuida a Miguel de Unamuno, “Lo que natura no da Salamanca no presta”, y en verdad, el macrismo local no parece ser una expresión política destinada a ocupar un lugar trascendente en nuestra historia. Convengamos que en la política local los actos desinteresados, las inteligencias, las mentes creativas, las voluntades emprendedoras, las figuras prestigiosas con trayectoria, los realizadores con imaginación y coraje, ahora no abundan. Respecto a valores, constructores de progreso y conductas rectas padecemos una dolorosa pobreza franciscana. Algunas y algunos hay. Pero no en la cantidad que Lanús merece. Esta es la verdad, que decimos sin ánimo de ofender a nadie. En algún tiempo pasado tuvimos lo que ahora nos falta. Seguro. Podemos rescatar nombres y sucesos sin demasiado esfuerzo. Para algunos de nosotros están muy presentes, todavía, personalidades como Bernardo Gago, Emérito González, Roberto Herrera, Vicente Damonte, los hermanos y primos Natiello, Juan José Manauta, Alfonso Alcaide, Francisco Pancho Quindimil, Héctor Montero (padre) Emilio Giannoni, Yoliván Biglieri, Dionisio Losada, José María Vázquez, Bruno Veronese, Rafael Gamarnik, Ricardo Plaul, Julio Royano, Valentín Corcuera, Mario Cecconi, Rubén Casaretto, José Volante, Antonio Rotili, Oscar Morales, José Levitán, Raúl Pedrera, Naciso López. También están en nuestros recuerdos Juan Ramón Piñeiro, Arturo Melo y desde mucho antes don Guillermo Gaebeler. La lista puede ser bastante más larga, es posible escribir un libro respecto a la vida de cada uno de los nombrados y de su obra realizada en Lanús y para Lanús. Seguro se nos escapan muchos otros nombres, con los que es posible llenar páginas enteras. ¿Y lasmujeres?. Aquí, haciendo una nómina incompleta, podemos mencionar a las destacadísimas Mabel Pagano, María Luisa Rubertino, Silvia Miguens, Mabel Dolores Margarido, Virginia Teté Gaebeler, Gioconda de Zabatta, Raquel Malaj, Irma Othar, Inés López, Juana Ricci, Ana Gustas de Pallares, Norma Spinelli, Nilda Toledo Guma y tantísimas otras. Las personas citadas no pertenecieron al mismo partido político, ni coincidieron en sus respectivas ideas. Varias de ellas ni siquiera tuvieron militancia política, pero todas y todos han tenido y conservado el gran mérito de hacer aportes importantes para nuestro partido y han dejado magníficos ejemplos de honestidad, inteligencia y de amor por el terruño al que conocieron, quisieron y cuidaron como se conoce, se quiere y se cuida la propia casa.

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¡Hay que conocer Lanús!. Y no es cuestión de hablar por hablar. La política se ha prostituido tanto, los partidos políticos se han deteriorado tanto moralmente que, al final, fueron presa de la mediocridad, del aventurerismo y de los pícaros que mediante la rosca y las trapisondas de la politiquería los llevaron al estado lamentable que hoy padecen. El compañero peronista Lorenzo Pepe se preguntó alguna vez: “¿Es tan mala la política?” NO. La política no es mala. Son malos quienes utilizan la política en beneficio propio o de grupos que nada tienen que ver con el progreso de nuestro país y con el bienestar de nuestra gente. Y aclaremos: no todos quienes actúan en política son malos. Pero la lucha entre buenos y malos, entre los unos y los otros parece demostrar, por lo menos hasta ahora, que no son mayoría los que tienen inclinación por hacer el bien. ¿Y nosotros? Quienes tenemos el privilegio de poder opinar mediante un par de libros y por distintos medios de comunicación como son las publicaciones en redes, revistas, radios y a veces en televisión ¿Qué es lo que hicimos en favor de Lanús? Y quienes con todo derecho, en cada elección, pretenden ser candidatos para tal o cual función en nuestra localidad… ¿conocen el territorio? ¿Qué hicieron por lo que debe ser la casa de todas y todos que en definitiva es la propia aldea? La política no debe tomarse como una actividad para mejorar la situación económica de algunas decenas o centenas de individuos. Debe ser el medio para hacer un país justo, libre y soberano comenzando por los municipios, y siguiendo por cada una de nuestras provincias. El fin principal, el gran objetivo debe ser el bienestar y la felicidad de nuestro pueblo. Tuvimos los argentinos momentos dichosos. Lo sabemos quienes pudimos disfrutar el primer peronismo. Los Jóvenes que nacimos y crecimos en aquella época fuimos los niños privilegiados de aquel tiempo de trabajo y progreso. Asegurada la educación primaria después era posible continuar estudiando o aprender un oficio para integrarse al mundo del trabajo. O hacer las dos cosas, estudiar y trabajar. Así era la vida. Intolerable para la oligarquía y los sectores cómplices que, como siempre, aborrecían al peronismo por darle al pueblo la posibilidad de progreso, especialmente a las capas más humildes de la sociedad. Con ese odio tan profundo hacia Perón y el peronismo no vacilaron en producir el 16 de junio, fecha trágica de nuestra historia, bombardeando el centro de Buenos Aires, barbaridad previa al 16 de septiembre de 1955 en que mediante un golpe cívico clerical militar se derrocó a Perón. Después de 1955 y de 1956, la dictadura militar – cívico – clerical fue profundizando sus métodos represivos y produjo años brutales. Pero gran parte del pueblo, especialmente los trabajadores, lejos de amedrentarse ideó y llevó a la práctica nuevos y variados métodos de lucha. A partir de allí, la resistencia peronista comenzó a manifestarse de la manera en que los compañeros pudieron organizarse. La ferocidad de la dictadura era brutal. La noche del 9 al 10 de junio del 56, en la entonces Unidad Regional de Policía de Lanús fueron asesinados seis compañeros: Tte Coronel Albino Yrigoyen, capitán Jorge Costales, Dante Lugo, Osvaldo Oscar Albedro y a los hermanos, Norberto Ros y Braulio Clemente Ros. 27 días después también murió bajo tortura, allí mismo, el compañero Emil Jofré.

Ese terrible acontecimiento a muchos jóvenes de aquel tiempo nos afectó severamente a nivel emocional. Conmovidos por la brutalidad de los verdugos de la dictadura que habían asesinado a aquellos peronistas – algunos de ellos vecinos muy conocidos como los hermanos Ros y el arquitecto Albedro – decidimos iniciar nuestra militancia política. Y ahí comenzó para nosotros una nueva y apasionante forma de vida. El partido peronista estaba prohibido. Como estaba prohibido mencionar el nombre de Perón, de Eva y de todo lo que tuviese que ver con el peronismo. La sola mención significaba la cárcel. A nuestro Partido se le quitó el nombre 4 DE JUNIO con el que había logrado su autonomía y se lo denominó Partido de Lanús. De todo lo que significó la resistencia peronista en Lanús y en nuestra región hemos escrito bastante y mucho se ha dicho. Pero siempre aparecen nuevos y valiosos datos que merecen ser estudiados y tenidos en cuenta. Es bueno consultar los magníficos trabajos producidos por los notables historiadores Roberto Baschetti y Rubén Polese. Los conservamos, estudiamos, difundimos y ponemos a disposición de todas las compañeras y todos los compañeros. Hasta el momento en que el Movimiento Peronista pudo contar con su herramienta electoral que, por disposición de Perón, pasó a llamarse Partido Justicialista, quienes nos habíamos relacionado con nuestros primeros maestros en materia de peronismo local, los compañeros Francisco Pancho Vitipaldi, Rodolfo Lapettina, Alfredo Costa, Haydeé Hermida, Victorio Agrotti, Héctor Montero (padre) decidimos, en Lanús, participar de algunas alternativas políticas para tener posibilidades en el terreno electoral cuando eso fuese posible. Esa decisión, tras largas charlas, la tomamos de común acuerdo con los vecinos amigos con quienes nos reuníamos en las viejas y queridas cocinas peronistas. En muchos de aquellos cálidos encuentros resaltaba la voz de Inés López, cuya casa de Remedios de Escalada fue, sin dudas, un refugio heroico de la Resistencia Peronista. Así coincidimos con distintas expresiones políticas que aquí en Lanús tenían muy marcada la impronta de nuestra localidad. Tal el caso del Socialismo Argentino, muy enfrentado, después de una división partidaria, con el sector que respondía al Partido Socialista Democrático, la fracción ultragorila que orientaban entre otros Américo Ghioldi y Antonio Solari en el órden nacional siendo su voz lanusense el muy capacitado Emilio Giannoni. En Lanús el PSA tuvo en sus filas a vecinos muy honorables como fueron Alfredo Genovesi (padre) Antonio Rodriguez Cabrera, Pedro Blázquez, José Pandolfo, Arnaldo De Pablo, Rodolfo Planes, el alsinense Bustinza, Dionisio Losada, sus hijos Roberto y Guillermo Losada, Augusta Smidler y un compañero de gran honestidad y preparación política de apellido Fucek. Así llegó 1958 y nos opusimos fuertemente a acompañar la idea de votar a la fórmula Frondizi – Gómez rechazando el acuerdo que el candidato radical y su socio, Rogelio Frigerio, habían celebrado, dicen, con Perón. Tuvimos razón. Frondizi traicionó a Perón y a quienes lo votaron. En Lanús ganó el radical Santiago Gogorza, que en 1960 perdió su cargo por causas de corrupción. Al Concejo Deliberante llegaron en aquella época, Irma Othar y Victorio Guastella en representación del Partido Comunista efectuando una muy digna gestión. En 1962, los peronistas Andrés Framini y Francisco Anglada, como candidatos de la Unión Popular ganaron la elección para la gobernación de la provincia de Buenos Aires, que, rápidamente, fue dejada sin efecto por la intervención dispuesta por Frondizi. El triunfo de  los peronistas Framini–Anglada en la provincia de Buenos Aires, aunque anularan las elecciones, terminó con el gobierno traidor y entreguista de Frondizi. Como réplica a la resistencia popular las dictaduras agudizaron el terror. El 23 de agosto de aquel año fue secuestrado por un grupo de tareas el obrero metalúrgico Felipe Vallese, delegado de la empresa Transfilación y Esmaltación de Alambres (TEA). Felipe, de 22 años, fue militante de la Resistencia Peronista y asesinado luego de ser salvajemente torturado. Según averiguaciones hechas por nuestros compañeros del Movimiento, en la comisaría primera de San Martin. Su cuerpo nunca fue hallado. El peronismo, como comentamos, estaba proscripto. Por esa razón nuestro “Negro” Framini encabezó la lista de Unión Popular. Dicha elección fue anulada “formalmente”, luego, por José María Guido, sucesor de Frondizi cuando a este los militares lo sacaron de las orejas. Uno de los eslogan fue “con Framini y con Anglada Perón a la Rosada” y nuestra acción para que el Partido Socialista Argentino de la provincia apoye la fórmula del peronismo fue realmente importante aunque costó fuertes enfrentamientos internos. El eslogan citado ayudó a darle a la Unión Popular una coloratura más peronista, puesto que ese partido fundado por Juan Atilio Bramuglia, era una de las expresiones del neoperonismo que trataba de hacer un “Peronismo sin Perón”. Se trataba de: Movimiento Popular Neuquino, Movimiento Popular Salteño, Partido Laborista, Partido de los trabajadores (San Juan) Partido Tres Banderas ( Santiago del Estero, Entre Ríos, Jujuy) Partido Autonomista (Corrientes) Partido Blanco (Rio Negro) Partido Populista (Catamarca)

En el campo sindical el principal referente del neoperonismo fue el traidor Augusto Timoteo Vandor, quien en las elecciones realizadas en la provincia de Mendoza en 1966 apoyó al candidato neoperonista a la gobernación, Serú García. Perón “movió la dama”, mandó a la compañera Isabel para que apoye al candidato leal, Corvalán Nanclares, y venció a Serú García. Claro que esta división permitió que quien se quede con el santo y la limosna fuese el conservador de la gansada rancia de Mendoza, Emilio Jofré. En segundo lugar quedó el candidato de Perón, tercero el radical Alberto Day y el neoperonista Serú Garcia fue a parar al cuarto lugar. Respecto a Vandor se cumplió la advertencia que le hiciera Perón: “ A usted lo mata la CIA o lo matan los compañeros”. Así fue. El 30 de junio de 1969 lo liquidaron a balazos. Pero volvamos a Lanús tratando de aportar elementos y de ayudar para que en “nuestro ambiente político” se enteren que, la historia no comienza con nosotros ni termina cuando nos vamos. De paso en este modesto trabajo intentamos ayudar a conocer quien es quien, quienes somos y que hicimos algunos de nosotros en esta comarca lanusense.