Paseíto a París: Grindetti tiene que dar explicaciones y Vivoni tiene que renunciar
Por Daniel Riera.
La semana pasada, Lanús se vio conmovido por la noticia del paseíto a París de la secretaria de Cultura local Thelma Vivoni, acompañada por el oscuro empleado administrativo de la Casa de la Cultura (ese es el cargo que tiene actualmente) Diego Real, por un total de 2080000 pesos (sí, en efecto, más de dos millones de pesos), financiados por el municipio. Las circunstancias del viaje te las contamos el jueves pasado en la nota que sigue abajo.
El bloque del Frente de Todos presentó un pedido de informes al respecto. Te lo contamos en esta nota.
También hizo lo propio la Unión Cívica Radical, cuyo pedido de informes tuvo las firmas del concejal Emiliano Bursese y la concejala Lucía Teresa Stanco.

En otras palabras, la situación planteada fue tan grave que incluso dentro del propio oficialismo local hubo dirigentes que consideraron que no era pertinente defender lo indefendible. Durante el día, los Whatsapp lanusenses y las redes sociales ardieron: circularon memes, flyers, videos, comunicados y hasta volantes callejeros. El enojo se traducía de maneras públicas y anónimas según el caso. Luego te contamos que no era la primera vez que Vivoni y Real viajaban a París con plata de los vecinos y las vecinas.
Oh la lá: Thelma Vivoni lleva tres años viajando a París bancada por el Municipio de Lanús
Un comunicado firmado por Grindetti daba cuenta del acuerdo con los empleados municipales y anunciaba confusamente un plan del recorte del gasto público que incluiría la suspensión de viajes al exterior hasta el 31 de diciembre. Un medio colega publicó que «Grindetti le tuvo que voltear el viaje a la Vivoni». Nosotros preferimos esperar. ¿Por qué? Porque hasta el momento, el intendente ni siquiera se dignó a reconocer públicamente que tal viaje existía. La funcionaria aludida tampoco dio la cara. Sería bueno que lo hicieran, aunque les sería dificilísimo explicar por qué extraña razón el municipio financia el emprendimiento comercial de un tercero (el señor Diego Real), cuyo oficio es la «venta al por menor de obras de arte». No se puede gobernar con tamaña impunidad. Ante un despropósito de esta naturaleza (en medio de una política cultural cuasi nula, con centros culturales desprotegidos, escuelas de arte con presupuestos bajísimos y empleados que cobran sueldos de hambre -en este último caso, no sólo en el área de Cultura-) no puede ser que el intendente se niegue a dar la cara. Y no puede ser que Vivoni permanezca en su cargo como si nada hubiera ocurrido.
No es la primera vez que el Municipio se esconde ante una acusación seria y probablemente ni siquiera sea la más seria que enfrentó: recordemos el caso de la mafia del petróleo, que incluyó un muerto e involucró al concejal macrista Alberto Torres, quien terminó su mandato como si nada hubiera ocurrido.
No es la primera vez, repetimos, que los funcionarios del Municipio, empezando por Grindetti, se niegan a dar explicaciones. Pero nunca antes había sucedido esto: que el pueblo de Lanús en su conjunto las requiriera. Tal vez el destino glamoroso, tal vez la ostentación en medio de un momento difícil en lo económico social, tal vez el hecho de que la noticia rebotara en medios nacionales tal vez la cercanía en el tiempo de un conflicto gremial muy serio, hicieron que esta vez los lanusenses dijeran basta.
Los concejales y concejalas del Frente de Todos decidieron recurrir al Tribunal de Cuentas de la provincia para saber quién financia las campañas a Grindetti para gobernador y para vicepresidente de Independiente, y si es lícita la aparición de Diego Kravetz (futuro candidato a Intendente) en cada uno de los carteles que anuncian obras públicas del Municipio (dicho sea de paso: en general, financiadas por los gobiernos nacional y/o provincial).
El planteo es correcto: en definitiva, sería bueno que de una vez por todas, Grindetti explique de dónde salió este detritus que flotó súbitamente sobre la superficie del Municipio. Pero ni siquiera eso alcanza: ahora más que nunca, los y las lanusenses tenemos todo el derecho del mundo a preguntarnos si no será que debajo hay un pozo ciego repleto de mierda.

