Tarkovsky según el Indio: más allá de la frontera de las convenciones
Por Indio Solari
Tan pronto volví a ver El sacrificio con la excusa de este texto, volvieron a jugar conmigo mis emociones. Hace años, cuando todavía se exhibía “cine de director” en Buenos Aires e incluso cine del este de Europa, conspiraba con la tontera rumiante de pensar que quizás esa profundidad, los rincones oscuros que esos films alumbraban, estaban facilitados por la gestualidad avara y el ambiente (interior o exterior) recio y frío donde la accion sucedía. Se veían tan distintos a nuestras maneras que me llevaban a meloneos de esta clase, en los que he caído más de una vez.
Pero no. Esos trabajos eran conmovedores por la maestría de director, equipo y actores. Es probable que esos temperamentos, a falta de otras virtudes y defectos, tengan la cualidad de emocionarnos de un modo al que no estamos habituados.
Lo que recordé tan pronto arrancó el film no fue la cara de la actriz principal, ni el hecho de que los protagonistas fuesen fetiches de Bergman, ni aquel contrapicado o un travelling back. La memoria siempre juega sucio: hasta hace pocos minutos, hubiese jurado que lo que sobrevolaba la casa del trágico héroe de Tarkovski eran misiles y no aviones. Pero la emoción no engaña: hoy como entonces, viendo El sacrificio volví a sentirme acompañado mientras cruzaba, agitado, la frontera de las convenciones.
Ah, sí. Es una gran película.
Mirá «El Sacrificio»
(Publicado originariamente en El Cohete a la luna. Reproducido con la autorización de sus responsables)

