Sobre lo que hablamos en las escuelas

Por Pablo Barreiros.

Algunos docentes en las escuelas hablamos de historia, de problemas cotidianos, de amor, de soledad, de futbol, del clima. Yo, a veces, hablo de mi gato, de la pasión por vivir como se piensa, del sentido de pertenencia a una cultura o un lugar geográfico, de tango, folklore, Rock y cualquier otro ritmo musical. De arte, hablo y pregunto mucho sobre arte. Hablo de Lanús y de viajes, de libros y películas, de abrir el alma y el corazón.

También hablo de política, y últimamente hablo de dólares, de cotizaciones, de Fondos Monetarios Internacionales, de políticas públicas y planes económicos. De deudas contraídas a 100 años y de nuevas deudas contraídas para poder pagar las deudas contraídas a 100 años. Hablo mucho del vaciamiento de la salud, la ciencia y el trabajo. De las escuelas y la mala prensa hacia los docentes, de la lucha permanente por recuperar el valor de nuestros sueldos y las condiciones mínimas de trabajo digno para ustedes y para nosotros. Se habla, sobre todo del maquillaje mediático que se le da a la palabra “ajuste”, que se pronuncia así: “ajuste”, pero significa: nosotras, las poderosas 400 familias terratenientes de este país, cultivaremos el suelo pagando en pesos y venderemos su producto en dólares para quedarnos con la ganancia mientras ustedes, el pueblo llano y trabajador (si es que aún conservan el trabajo) cobrará en pesos y pagará sus servicios y necesidades en dólares. En las escuelas hablamos de la represión cotidiana hacia los pedidos validos de los despedidos de los últimos tiempos en cualquier ramo o sector. Hablamos de la gente de la calle y los pibes sin futuro, pero sobre todo hablamos del futuro. Hablamos de a quien vota el pueblo cuando se martilla los dedos, hablamos de la derecha y de los amos. Hablamos de los que están y de los que estuvieron y usamos los cuadernos para escribir, que para impartir justicia los usen los magistrados y no los “formadores” de la opinión pública. Hablamos de los Santiago Maldonado, de Kosteki y Santillán todas las semanas del 26 de junio, y de tantísimos otros que se hicieron bandera y canción. Hablamos cómo metáfora de que los trenes van hacia las revoluciones pero, los boletos cada día aumentan más y la Sube se ha convertido en un objeto de lujo.

En las escuelas hablamos de que no hay peor esclavo que aquél que cree en su amo, ni peor crédulo que el que se convierte en colaboracionista de estos regímenes de hambre para el pueblo. En las escuelas, algunos nos bancamos un 0800 para que nos denuncien por “adoctrinamiento ideológico”, como en las dictaduras. Y también nos bancamos entrar a los recintos y ser recibidos por imágenes religiosas, como si eso no fuera un tipo de adoctrinamiento. En las escuelas hablamos, escuchamos, a veces algo podemos enseñar y siempre, pero siempre aprendemos, porque es en el aula donde los pensamientos se cruzan y las miradas se nutren y todos, absolutamente todos estamos en derecho de opinar, pero sobre todo de conocer lo que ignoramos.

Por eso, y para hacerla corta, aquellos que creemos más en las formas que en los contenidos curriculares, intentamos educar para aprender del otro, para la libertad de conciencia, para rebelarse a la opresión física, moral e intelectual del sistema, para que los amos no les hagan creer a sus esclavos que los quieren y los cuidan, y un celular no represente un logro alcanzado y sea motivo de orgullo o felicitación. Para orinarle la sopa al rey, para que el género humano tenga esperanza de serlo, para que los círculos sean permitidos en un mundo de cuadrados (y viceversa) Para que abunden las alas en el alma y las caricias en el corazón. Eso es todo, todo lo contrario a lo que representa esta política educativa que nos contrae y que no achata. Esa política es todo, todo lo que no me representa a mí, ni cómo humano, ni como docente y aprovecho estas palabras para expresarlo, puesto que se me da el espacio y la circunstancia.

¡Feliz día del maestro!

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