Ocho años sin Néstor

Por Daniel Riera.
Hoy, hace exactamente ocho años, fallecía Néstor Kirchner, un estadista excepcional cuya figura crecerá y crecerá a medida que vayan pasando los años, a medida que la perspectiva histórica ayude a comprender lo que representó su aparición para un país devastado como lo era el nuestro, como vuelve a serlo ahora por culpa de una banda de CEOs que no se le parece en nada.
(El día que asumí) abrí una ventana. La Plaza de Mayo estaba llena. Fue la más triste que vi en mi vida, porque allí había un pueblo que demandaba trabajo, atención, que la Casa Rosada se diera vuelta y dejara de mirarlos
con la nuca.
.
Cuando murió Néstor yo estaba en Chile. Fue un dolorazo inesperado, por lo inesperado de su muerte, y por lo inesperado del dolor. Me vi llorando desconsolado por las calles de Santiago, no sólo por su muerte, sino porque temí que pudiera perderse rápidamente todo lo que habíamos conseguido, que pudiéramos retroceder todo lo que habíamos avanzado. Entonces escribí en mi blog (por entonces se estilaba tener blog) “Es la primera vez desde que tengo uso de razón (tengo 40 años) que un gobierno (entendiendo la actual gestión de Cristina como continuadora y profundizadora de la anterior) camina algunos pasos firmes en la dirección en que a mí y a la gente que quiero y aprecio intelectualmente nos gusta. Es la primera vez desde que tengo uso de razón que lloro la muerte de un ex presidente”.

No creo en el axioma de que cuando se gobierna se cambia convicción por pragmatismo. Eso constituye en verdad un ejercicio de hipocresía y cinismo. Soñé toda mi vida que éste, nuestro país, se podía cambiar para bien. Llegamos sin rencores, pero con memoria. Memoria no sólo de los errores y horrores del otro, sino también es memoria sobre nuestras propias equivocaciones. Memoria sin rencor que es aprendizaje político, balance histórico y desafío actual de gestión.
Por entonces lo mío era el “apoyo crítico”. Apoyo lo que me gusta, critico lo que no me gusta, esa onda. A la distancia me parece una bobada: tanto era lo que había en juego, tan inéditos fueron algunos pasos que se dieron, tan espeluznante era lo que había enfrente.
De la fe ciega y excluyente en el mercado, el objetivo aconsejado o impuesto de reducir o minimizar el rol de los gobiernos, hacer desaparecer al Estado y avanzar en la degradación de la política, debemos pasar a una nueva estrategia de crecimiento sustentable, con equidad, calidad institucional, ejercicio de la representación, el control y la participación ciudadana.
El problema peronista. Me costaba ser peronista. No sean tan severos conmigo. Mi mayoría de edad se inauguró con Menem presidente. Reconocía los méritos históricos del peronismo, pero me parecía que el movimiento sólo conservaba la cáscara y la usaba para defender preceptos opuestos por el vértice. En nombre del peronismo, Menem desguazó el Estado y nos dejó culo pa arriba.
Así que los morochos ahora tienen el split, no pasan calor en verano… están mejor, viven mejor. Por eso andan por ahí un montón que me quieren rajar.
Néstor y Cristina nos devolvieron el peronismo como proyecto de país. Gracias a ellos leí a Perón, gracias a ellos soy peronista, porque siempre me pareció muy pelotuda la idea del sociólogo Ricardo Forster que describe al  kirchnerismo como “anomalía”. Néstor y Cristina no salieron de un repollo, sino del único movimiento político con vocación transformadora que generó este país en los últimos 70 años.
En nuestro país con mucho esfuerzo compartido, pero sin ayuda alguna del Fondo Monetario Internacional, tras reducir en términos netos más de 14.900 millones de dólares nuestra deuda con organismos multilaterales de crédito, y obtener una exitosa reestructuración de la deuda, superando el default hemos logrado importantísimos avances en esta lucha por la equidad.
Cada uno sabrá cómo fue ese día tan especial y tan triste. Yo, les conté, estaba en Chile. Todavía conservo la captura de pantalla que hice cuando vi la portada de Clarín.com atravesada por globitos y papel picado de una publicidad que no tuvieron el decoro de levantar en todo el día. Fue, de hecho, la primera captura de pantalla que hice en mi vida y sirve para preservar la memoria y para no olvidarse nunca quién es y cuán despiadado puede ser el enemigo.
El Fondo Monetario Internacional no puede pretender condicionamientos que resulten contradictorios entre sí y opuestos a nuestras posibilidades de crecimiento ni exigir la devolución de fondos que en plena crisis destinó a financiar un programa condenado al fracaso de manera inmediata.

A los sub30 les digo: ¿tienen ustedes idea, siquiera remota, de lo que significó escuchar el 24 de marzo de 2004 a un presidente hablar de Memoria, Verdad y Justicia frente a la mismísima Esma, y abrir las puertas para que por allí pasara el pueblo?

<

Por eso, hermanas y hermanos presentes, compañeras y compañeros que están presentes por más que no estén aquí, Madres, Abuelas, chicos: gracias por el ejemplo de lucha. Defendamos con fe, con capacidad de amar, que no nos llenen el espíritu de odio porque no lo tenemos, pero tampoco queremos la impunidad. Queremos que haya justicia, queremos que realmente haya una recuperación fortísima de la memoria y que en esta Argentina se vuelvan a recordar, recuperar y tomar como ejemplo a aquellos que son capaces de dar todo por los valores que tienen y una generación en la Argentina que fue capaz de hacer eso, que ha dejado un ejemplo, que ha dejado un sendero, su vida, sus madres, que ha dejado sus abuelas y que ha dejado sus hijos. Hoy están presentes en las manos de ustedes.

Este nuevo aniversario de su muerte llega con un gobierno opuesto por el vértice a las ideas que Néstor encarnó cuando fue presidente. En una nueva era de miseria planificada, ante la increíble paradoja de lo que un altísimo funcionario macrista llamó “el programa de las botas elegido por los votos”, evocar a Néstor es un acto de responsabilidad, es seguir buscando cada día un país más justo, es hacer lo posible porque el macrismo pase pronto, se convierta en un año en un residuo de la historia, el oscurísimo recuerdo de cuando una sociedad decidió pegarse un tiro en el pie creyendo que eso era el “cambio”.
Formo parte de una generación diezmada, castigada con dolorosas ausencias; me sumé a las luchas políticas creyendo en valores y convicciones a las que no pienso dejar en la puerta de entrada de la Casa Rosada.
Así fue. Se agradece. Y no se olvida.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *