Las mujeres de Malvinas

Por Morena Barón.

Aunque se sepa poco, las mujeres también fuimos parte de la Guerra de Malvinas. Más de una docena de enfermeras e instrumentadoras quirúrgicas, enormes y valientes mujeres, brindaron su conocimiento, asistencia y contención para con los soldados. Es nuestra tarea recordar su heroica labor en función de nuestra  soberanía, para que no caiga en el olvido.

Seis fueron las instrumentadoras quirúrgicas que se alistaron como voluntarias, sus nombres son: Norma Navarro, María Cecilia Ricchieri, Susana Maza, Silvia Barrera, María Marta Lemme y María Angélica Sendes. Todas tenían entre 19 y 30 años y trabajaban como personal civil del Ejército Argentino, en el Hospital Militar Central. El 10 de junio de 1982, estas seis mujeres vestidas con uniforme de combate, viajaron en un avión de línea desde el Aeroparque Jorge Newbery, en Buenos Aires, hasta Río Gallegos. Luego fueron hasta el puerto marítimo de «Punta Quilla» en un helicóptero Bell 212 del Ejército, y desde allí, en otro helicóptero sanitario SH-3 «Sea King», de la Armada, hasta el Buque Hospital ARA “Almirante Irízar”, que navegaba en alta mar. Una vez en el Buque Hospital Irizar, a unos 600 metros de las Islas, les comunicaron que no podrían bajar a tierra para reforzar el Hospital Militar Malvinas, debido a que los combates habían recrudecido en Puerto Argentino, el bombardeo naval Ingles caía en cercanías del hospital, y corrían serio peligro.

Allí estuvieron unos 10 días trabajando a la par de los médicos del Buque Hospital, y cada una se dividió un área de trabajo según su especialidad. Cuando los heridos llegaban a bordo, en la cubierta de vuelo, la dotación sanitaria del buque los clasificaba según las lesiones y los derivaba a terapia intermedia o intensiva. Hace algunos años, Susana Maza conto: “A veces, la tarea se nos hacía difícil. En esa zona del Atlántico Sur, en algunas ocasiones, los vientos llegan a más 100 kilómetros por hora y el buque se movía mucho. A los heridos no los podían traer en esas condiciones de viento y fuerte oleaje en helicóptero y varios de ellos tuvieron que ser trasladados desde Malvinas en barcos pesqueros y remolcadores. Durante las operaciones, con el cirujano nos atábamos a la camilla, que estaba fijada al piso del quirófano”.

Parte del proceso de “desmalvinizacion” que se intentó instalar en nuestro país luego de la Guerra de Malvinas, se profundizó con el olvido de una parte de quienes estuvieron allí presentes: las mujeres. En palabras de Norma Navarro, en 2015 a Pagina 12: “Si a los ex combatientes los silenciaron cuando terminó la guerra y no hubo para ellos recibimiento ni nada, imaginate a nosotras. No hay mucha gente que sepa que fuimos seis mujeres a Malvinas». En esa entrevista realizada por Mariana Carbajal, Navarro destaca que el primer reconocimiento por parte del Estado les llegó en 2012 con el kirchnerismo que las homenajeó junto a otras mujeres que fueron reclutadas para la guerra. “Nos compararon con Juana Azurduy”, señaló.

Otro grupo imprescindible de mujeres en Malvinas fueron las enfermeras, pertenecientes a la Fuerza Aérea, que prestaron servicio entre abril y junio de 1982 en el Hospital de Comodoro Rivadavia. Tal como explica Alicia Reynoso, enfermera y veterana de Malvinas,“no estuvimos en el campo de batalla ni piloteando un avión. Pero la guerra también es la logística”. Todas tuvieron contacto con los soldados heridos, los asistieron sanitariamente, pero sobre todo desde lo psicológico y lo emocional, fueron la única contención que muchos tuvieron en esos momentos desesperantes. Estas mujeres vivieron en carne propia el horror de la guerra, y lo encararon con una entereza digna de las soldadas de la Patria que son. Nunca más el silencio y el olvido, y un eterno reconocimiento a nuestras mujeres de Malvinas.

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