El recuerdo de un periodista que estuvo en el Cordobazo: «Fue la solidaridad ante el hartazgo de la dictadura»

Por Daniel Riera, desde Córdoba.

Juan Carlos “Cabrito” Toledo es una leyenda del periodismo cordobés, en parte gracias a que el 29 de mayo de 1969, a los 27 años, le tocó cubrir El Cordobazo para el diario Los Principios. Con una memoria prodigiosa y un relato estructurado y detallista, Toledo ayuda a entender qué pasó durante aquellas jornadas históricas. Para quienes no han oído hablar de aquella gesta, va una síntesis apretadísima: la CGT cordobesa había decretado un paro con movilización por 36 horas. El asesinato del obrero Máximo Mena por parte de la policía derivó en una verdadera insurrección popular, que llevó a la toma de la ciudad por parte de obreros y estudiantes, y debilitó seriamente al dictador Juan Carlos Onganía. Toledo estuvo allí, ese día, en Córdoba.

-El Cordobazo es el punto final de un conflicto muy grande que ya llevaba muchos meses con manifestaciones callejeras, mientras iba aumentando la represión de la policía. De hecho en los días previos, el gobernador Caballero acude a Buenos Aires a pedir ayuda porque veía que se venía una muy grande, que la policía no iba a alcanzar. Hay quienes dicen que el Cordobazo fue ayudado por Lanusse, que demoró en enviar al Ejército porque lo quería deteriorar a Onganía.

-¿Dónde estaba usted ese día?

-Ese día 29 de mayo, se celebra el Día del Ejército. El comandante preside una reunión, y las radios entraron en cadena. Yo trabajaba en la radio LV2 por la mañana y en Los Principios por la tarde, pero quedé libre porque con la cadena ya no tenía nada que hacer en la radio y me sumé al operativo de Los Principios. Como ese día había paro y movilización de la CGT, se mandó un equipo a los portones 19 y 20 de la fábrica IKA Renault, que eran los portones de la discordia. Tomaban la fábrica, colgaban las banderas y por ahí se hacía la salida. Cuando entramos en cadena me voy de la radio y me dirijo al Barrio Santa Isabel, donde estaba la planta. Esta gente tenía unos servicios de ómnibus especiales y la policía no los deja pasar pensando que con eso iba a impedir la posibilidad de la movilización, cosa que no ocurre, y ahí comienzan los primeros escarceos violentos contra los obreros por parte de la policía, que ahí nomás los gasea. Era una zona despoblada en ese tiempo, la ruta a Alta gracia era muy angosta. Los obreros se dispersan y se vuelven a concentrar. Así se llega a la zona de la entrada al centro, a Nueva Córdoba, y ya se suman los estudiantes. Yo estaba cubriendo ese lado, pero se movilizaba desde  cuatro puntos simultáneos. La IKA Renault era la base principal del conflicto, porque era la columna más numerosa, además ayudada por los estudiantes universitarios. Por el sureste, por el boulevard San Juan, ingresaba la columna del centro industrial de Ferreyra, que en ese tiempo era muy grande, porque estaba Fiat, estaba Materfer -que fabricaba vagones- estaban los motores diesel; por el sur venía la columna del centro industrial del Santa Isabel, donde venía yo, que eran básicamente autopartistas; por el oeste venía la gente del sector público: judiciales, municipales y empleados públicos. Y por el norte de la ciudad, por la plaza General Paz, ingresa Agustín Tosco con la gente de Luz y Fuerza, los Gráficos y otros gremios.

Los incidentes se hacen muy graves en la zona donde está hoy el Patio Olmos, que era una zona arbolada con plátanos, que capaz por ese detalle nos salvamos la vida, porque cuando no había más gases ni más lanzas -porque te pegaban con lanzas desde los caballos-  en un momento dado sacan las armas y empiezan a tirar con balas de plomo, y ahí, un poco hacia el Boulevard San Juan, hacia el oeste, lo hieren a Máximo Mena, lo llevan y muere en la esquina que hoy es la de Boulevard San Juan y Arturo M. Bas… Nosotros, te repito, nos salvamos gracias a los árboles, porque la caballería avanzaba disparando, no seleccionaba ni nada. El fotógrafo nuestro sacó una foto terrible que fue tapa de revista en Buenos Aires. La muerte de Mena fue para mí lo que provocó el caos.

-Estamos hablando de una época en que no había teléfonos celulares. ¿Cómo fue que todo el mundo se enteró rápido de la muerte de Mena?

-No había celulares pero había «palomas».

-¿Qué son las «palomas»?

Tipos en moto que iban por todos lados informando lo que ocurría. Por eso la muerte de Mena se supo rápido.

Ahí se pudrió todo.

-Claro. Hasta ese momento se veía una protesta muy organizada, pero luego la sociedad estalla… En ese momento no lo llamábamos El Cordobazo, era un gran despelote, desconocido, incontrolable. La policía empieza a disparar a las 14 y empiezan a concentrarse en la jefatura porque ya no tenían más gases. Hasta les habían matado caballos porque los muchachos sacaban los adoquines y cuando veían el caballo le pegaban en el flanco, caía y muchos no se levantaban más.

En cuanto a la organización previa, había hondas, bolitas de los rulemanes, tornillos, tuercas seleccionadas en cada establecimiento fabril: se sabía que podía haber represión. Estaba previsto hacer un acto en la CGT y no se hizo: lo que se hizo fue llegar al centro y tomar posesión del centro. Se quemaron automóviles, se quemó la empresa Xerox, que fue la única empresa donde dejaron trabajar a los bomberos, en Fragueiro y Colón. Es el único edificio donde los dejan trabajar, porque arriba había un edificio donde vivía gente.

-¿En otros edificios no los dejaban?

-No. Les tiraban piedras, les dificultaban la tarea. A los autos Citröen, por ejemplo, se los sacaba a la calle y se los quemaba, a los bomberos no los dejaban llegar. El diario Los Principios estaba en la calle 9 de julio. En la esquina de la General Paz, que había un baldío, se establece el comando del ejército, a cargo del General Carcagno. Como uno de esos que nunca falta les empezó a gritar cosas, nos cortaron el agua y la luz. Estuvimos toda la noche y no pudimos salir del diario, pero lo que sí nos quedó grabado fue que se corrió la voz de que había francotiradores. Fue una noche de terror. Recién con las luces del día 30 se deja de nuevo salir a la gente, porque se prohibió todo tipo de tránsito vehicular y peatonal, hubo una especie de estado de sitio extremo con toque de queda y todo.

-Por lo que cuenta, la sacó barata…

-Sí, salvo que una de esas cosas [una granada] de gas me rompió el hombro: eran grandotas, de aluminio, era como un misil de gas.

-¿Qué pasó dentro del diario con la cobertura que hicieron?

-Los Principios había sido un diario católico, del Vaticano, hasta antes del Cordobazo. Después se pelean los dueños, los Nores Martínez, y lo habían vendido, pero mantenía una misma línea editorial. Vendía con suerte 20 mil ejemplares, contra 50 o 60 mil de La voz del Interior. Yo tenía 27 años cuando entré. En otra época era obligatorio ir a las misas de pascua, a las procesiones, hasta te pasaban lista, y los fotógrafos del diario eran los fotógrafos del arzobispado. En la época en que estaba yo no era para tanto. Cuando se produce esto, que fue un caos, se fueron todas las autoridades, hasta el secretario general del Diario, que era un hombre cercano a las Fuerzas Armadas… El 30 no hubo diarios porque hubo un paro de la CGT y se combinó con los muchachos sacar el diario el 31. Las autoridades del diario huyeron, pero nosotros el 30 nos quedamos trabajando, hasta a los empleados administrativos les dijimos «Escribí lo que viste y después pasámelo que lo editamos». Hicimos prácticamente todo el diario con el Cordobazo, salvo una o dos noticias que ya estaban hechas, y vendimos 85 mil ejemplares. El sábado vinieron algunas autoridades y nos convocaron a una reunión para el lunes. El lunes, pensamos nosotros, henchidos  de orgullo, “Nos van a felicitar”: nos recagaron a pedos (risas).

-¿Por qué?

-Nos trataron de zurdos, de haber jugado para el terrorismo, y nos dijeron “La próxima va a haber sanciones”.  Es que este era un diario de derecha.

-¿Cuáles cree que son las causas centrales del Cordobazo?

-Yo ubico la solidaridad en el hartazgo de la dictadura. Después haba un tema de leyes: los obreros tenían las Quitas Zonales (exenciones impositivas) y el sábado inglés (los sábados trabajás cuatro horas y cobrás ocho) y [el ministro de Economía Krieger Vasena] se los quería sacar.  Onganía quería imponer autoridad, y mataron un montón de gente.

-Usted suele dar charlas sobre el Cordobazo, hasta se junta con otros periodistas para recordarlo…

-Sí, me gusta que las nuevas generaciones sepan lo que pasó. El Cordobazo suena como una cosa linda, heroica, pero fue destrucción. Había barrios donde hachaban los postes telefónicas. La ciudad se quedó sin teléfono, no se quedó sin agua de carambola, hubo barrios que estuvieron dos o tres días sin luz. Fue una cosa caótica. Lo que tuvo de lindo fue que significó un escarmiento muy grande para una dictadura, eso sí.

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