La súpervalla como única respuesta: un análisis del quinto paro de la CGT

Hace 50 años, en Córdoba, Carlos Caballero, el interventor de la provincia durante la dictadura de Juan Carlos Onganía celebraba el Día del Ejército con las Fuerzas Armadas mientras afuera la CGT local había convocado a un paro de 36 horas con una movilización a la que adhirieron numerosos sectores estudiantiles. La represión policial derivó en la literal  toma de la ciudad por parte de miles de trabajadores, a quienes también acompañaron los estudiantes: la represión dejó un saldo de 30 muertos. Medio siglo después, otro 29 de mayo, el presidente Mauricio Macri celebra el día del Ejército mientras afuera las dos centrales obreras paralizan el país. No hay en esta ocasión muertos que lamentar ni el paro nacional es con movilización,salvo algunos cortes de calles de grupos de izquierda, y Macri es un presidente elegido por el pueblo. Sin embargo, algunos paralelos son evidentes.

La idea de que el paro es «político» (¿Qué otra cosa podría ser: infantil, musical, gauchesco?) es una de las pavadas desde las cuales se responde a otra señal contundente de descontento popular. El sonsonete de «la plata que pierde el país»  (40.000 millones de pesos, dice el ministro Dante Sica, con un cálculo metodológicamente dudosísimo, que supone por ejemplo que en un día de paro la producción agrícola se marchita) es para la tribuna. ¿Cuánta plata ha perdido el país en un solo día de timba financiera? ¿Cuánta plata ganaron Sturzenegger y Caputo? ¿En cuánto se endeudó el país durante el macrismo? ¿150 mil millones de dólares? ¿Más? ¿Cuánta plata ha perdido el país con cada una de las empresas que cerraron en estos años? ¿Dónde está el Sica que mida ese dato? Y sobre todo, ¿cuánta plata han perdido los trabajadores en estos años de Macri? Datos del propio ministerio de Dante Sica indican que el salario real durante el mandato de Macri cayó más de un 17 por ciento. ¿Cuánto es eso en números, si hacemos de cuenta que es cierta una caída más moderada de lo que a simple vista observamos todos los que dependemos de un salario para vivir?  La «supervalla» y las amenazas de Patricia Bullrich  son otras en la misma línea: no escuchar, refugiarse en el «núcleo duro» de sus votantes, hacer de cuenta que no pasa nada. La presencia del sospechadísimo fiscal Carlos Stornelli, que además insólitamente se niega a declarar ante la Justicia, es casi la gota que rebasa el vaso. El Gobierno da señales claras de que el paro nacional no le importa y redobla la apuesta.

Tantas veces cuestionada por sus bases, la CGT -liderada por dirigentes a los que ni el más ultramacrista podría calificar como «combativos» sin sufrir antes un ataque de risa- adoptó una medida de fuerza que seguramente será la última antes de las elecciones. «El acatamiento fue contundente», dijo Héctor Daer, y es tan cierto como previsible. Los argentinos no se han enamorado de Christine Lagarde y los fastos del Paseo del Bajo no logran disimular lo evidente: la caída en los salarios, la desocupación que crece, las paritarias que o bien pierden con la inflación o bien tardan largos meses en celebrarse para arreglar aumentos en cuotas.

 «Hoy desgraciadamente los índices nos dan la peor perspectiva de futuro cuando nos están indicando que el 50% de nuestros niños están en situación de pobreza. La precariedad de la salud, de un sistema eficiente que garantice la alimentación y la precariedad a la que han llevado al sistema de salud amerita esta reacción del movimiento obrero que en forma pacífica convocó a esta huelga de 24 horas y que se llevó adelante con un acatamiento contundente a la vista de todos los argentinos», dijo también Daer. El paro que encabezó fue un previsible éxito en todo el país.

No hubo ciudad en el país que no pueda exhibir una foto de avenidas con pocos autos, paradas de colectivos desiertas. Nadie lo va a decir, ni en el Gobierno ni en la CGT, pero este tipo de medidas (24 horas, sin movilización) le conviene a ambos: al Gobierno, porque evita los males mayores que podrían causar medidas más enfáticas (un Cordobazo, por ejemplo); a la CGT, porque exhibe ante sus bases que se opone a la política económicosocial del Gobierno y fortalece a los gremios que todavía no celebraron paritarias. Es cierto que en cinco meses elegimos a un nuevo presidente, pero es tan cierto como que hay gente que no puede esperar más y que espera un gesto, el que fuera, de parte de los de arriba. Habrá que ver que pasa a partir de mañana, cuando los gremios vuelvan a sentarse ante una mesa de diálogo. No esperen demasiado.

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