Carlos «Petete» Almirón, vecino de Escalada, asesinado por el gobierno de Fernando de la Rúa

Por Daniel Riera.

Carlos «Petete Almirón tenía 23 años y fue asesinado el 20 de diciembre de 2001, entre las 6 y las 6 y media de la tarde, en medio de la represión que fue el último acto de gobierno de Fernando de la Rúa. Estudiaba Sociología en la UBA, colaboraba con la Correpi (Coordinadora Contra la Represión Policial) y militaba en un movimiento barrial independiente de izquierda, en Remedios de Escalada. «Petete» había trabajado como colocador de membranas, pero se había quedado desocupado y sobrevivía con un Plan Trabajar de la municipalidad de Lanús: 120 patacones por mes, de la serie b, que muchos comerciantes no aceptan porque vence recién en 2006.

Carlos «Petete» Almirón.

Existen dos versiones acerca de su muerte: a) que fue asesinado en la esquina de Hipólito Yrigoyen y Bernardo de Irigoyen por un policía de civil que le disparó desde un Fiat Palio blanco, el mismo policía que había matado en la misma esquina a Diego Lamagna, que acababa de bajarse de un colectivo; b) que fue asesinado en la esquina de Avenida de Mayo y Bernardo de Irigoyen, que le pegó una cápsula de gas lacrimógeno en el pecho, que entonces cayó al suelo, mareado, y que un policía de civil, al verlo, se bajó de un patrullero, se acercó y lo remató con una escopeta. Al cierre de esta edición se confirmó que la bala que mató a Petete era de una escopeta, lo cual refuerza la segunda hipótesis de la familia Almirón.

Como fuera, Petete murió asesinado, como consecuencia de la hemorragia interna que le produjo un balazo en el tórax. Además de reclamar que se encuentre al asesino que apretó el gatillo, su familia y sus amigos han querellado a De la Rúa, al ex ministro del Interior Ramón Bautista Mestre, al ex secretario de Seguridad Interior Enrique Mathov y al ex Jefe de la Policía Federal, comisario Rubén Santos, por su responsabilidad en planificar y ordenar la represión contra la protesta popular.

Junto a su amigo Mariano, que lo conoció desde chiquito, que jugaba a la pelota con él, organizaron en la secundaria el centro de Estudiantes de la media N° 2 de Valentín Alsina, militaron en el barrio y estudiaron en la Facultad. Mariano dice que Petete era espectacular, un tipazo, lo más bueno que había, que no tenía un mango y te lo daba, que todos los que lo conocían lo querían. Dice, también, que no era ningún boludo, que sabía los riesgos que corría, que se expuso por aquello que creía justo. Petete era hincha de Independiente y de Talleres de Remedios de Escalada, pero no iba a la cancha porque era peligroso y había razones más importantes para morir que un partido de fútbol.

-Teníamos ideas distintas, discutíamos mucho por eso -cuenta Fernando Almirón, 19 años, el hermano menor de Petete-, porque yo pensaba todo lo contrario, yo preferiría morir en una cancha y no en una manifestación. Le decía que para qué iba a las marchas, que con eso no vas a cambiar nada, y él me demostró que tenía razón, ahora la gente sale a cada momento, ni siquiera hace falta que nadie la convoque. La gente ya bajó dos Presidentes y esto no va a terminar así, van a pagar los que tienen que pagar.
(Publicado en febrero de 2002 en Rolling Stone, en una producción sobre los hechos de diciembre de 2001 cuyo título era «Bronca que se puede respirar»).