La Biblioteca Sarmiento, en problemas: quejas por la falta de apoyo del Municipio

Por Juan Ayala.

En 2015, la Biblioteca Popular Sarmiento de Valentín Alsina recibía un  subsidio municipal de $5000 y con $3000 le alcanzaba para pagar luz, gas, agua, teléfono e internet. El resto del dinero lo utilizaba para comprar libros e insumos. Desde allí, cada año la relación se fue invirtiendo y hoy la entidad recibe $10000 de subsidio, lo que le provoca serios problemas para pagar los impuestos por un valor aproximado a los $26000.

“El aumento de tarifas es muy difícil de afrontar -reconoce Leonel Readigos, presidente de la Sarmiento. Hablamos de nuestro caso porque cada Biblioteca tiene su propia dinámica. Nosotros decimos que hay un destrato adrede, por cómo se concibe lo popular, la participación ciudadana, la organización vecinal. Todo va en detrimento de lo popular y a no dejarnos crecer. Somos una organización civil sin fines de lucro pero pagamos servicios igual que una empresa o comercio mientras que el subsidio no se incrementó en proporción a los sistemáticos aumentos de impuestos. Cuando desde el municipio se habla de cultura, de deporte y de los clubes, invisibiliza la situación de las Bibliotecas y todo queda impune; justamente porque no se conoce.”

A fines de 2015, Jorgelina Domínguez, subsecretaria de Educación del municipio, en su rol de coordinadora de la Comisión de Bibliotecas Populares, intentó dejar de subsidiar a dos de las Bibliotecas porque no cumplían con los requisitos regulatorios de estas instituciones. “En lugar de ayudarlas con el papeleo administrativo se buscó cerrarlas. No sucedió porque nosotros nos opusimos”, afirma Diego Martínez,integrante de la comisión directiva de la Biblioteca Sarmiento. Luego, el subsecretario de Cultura Gabriel Conte fue el nuevo responsable de coordinar con las Bibliotecas pero las peripecias continuaron y cobrar el subsidio se transformó en un objetivo difícil de  resolver: “Que no había internet, que no había firma, que hay problemas con el banco… Excusas para no pagar lo que corresponde de acuerdo a la  ordenanza de 1991 de fomento y apoyo a las once Bibliotecas Populares que hay en Lanús. Y encima venimos cobrando con un año de atraso, señala  Martínez”. 

Esta demora llevó a que las Bibliotecas presentaran una nota al municipio  alertando sobre la crítica situación que muchas de ellas atraviesan y un pedido concreto de ayuda para atenuar el impacto de los aumentos de los servicios públicos. “Por ejemplo, propusimos el reemplazo de todas las luces de las Bibliotecas por lámparas LED. La respuesta de Thelma Vivoni, secretaria de Cultura, fueron ocho bombitas bajo consumo para cada institución… No sólo no hubo en cuatro años un plan destinado a nuestras Bibliotecas Populares sino que se desentendieron del rol del estado municipal que es incentivar el funcionamiento de este tipo de espacios”, define Readigos.