Pasto en la vereda: una escena que casi no verás en la Capital
Por Leonardo Torresi.
Mencionábamos las cosas que hay o hubo en Capital y que nunca hubo, ni hay, y no habrá en los barrios del conurbano, al menos en nuestro ciclo de vida esperable: el taxi de parar en la calle, el subte y los incineradores. Eran los que se nos venían a la mente, aunque quizá hay o hubo otros.
Al revés parece más dificil. Pensemos: cosas que hay en el conurbano que hay mucho menos, o directamente no hay en Capital.
La primera que se nos ocurre es el pasto en la vereda y el consecuente olor a pasto, ese perfume que realmente existe y es lo primero que dicen extrañar quienes se mudan a CABA.
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El cuadrado, o rectángulo, de pasto en la vereda es tan conurbánico como su supresión civilizadora: sacarse de encima la preocupación del mantenimiento tapándolo con un carpeta de cemento es uno de los deportes favoritos de nuestra añorable tanada.
Pero más allá de los sepultureros estos, la escena del vecino que malgasta un par de horas del fin de semana en una tarea sin atractivo aparente como cortar el pasto “de afuera” sigue siendo bastante corriente.
Un comentario que me hizo estos días un vecino me dio la pauta de que incluso puede ser una escena de existencia ignorada para los ojos de quienes solo salen de un departamento para volver a entrar a la noche. Un compañero de trabajo le preguntó, a este vecino, qué era una bordeadora.
Es verdad que muchas veces el corte del pasto de la calle se delega a los muchachos cortadores, que avisan de sus servicios con un grito en la puerta (“¡No le cobro mucho!”) y resuelven la tarea con sus envidiables máquinas a nafta que evitan la molestia de pasar al cable por la parte de la ventana que no tiene el mosquitero y desenchufar la lámpara para enchufarlo
Incluso, en tiempos del brote de dengue, es posible que pase el municipio a hacerse cargo del yuyal creciente.
En todos los casos, hay que diferenciar el pasto de la vereda, ese pasto semipúblico, del pasto privado, de adentro, el de los jardines de adelante y atrás, otro tipo de patrimonio social que es tratado con diferente grado de cuidado y sofisticación.

