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El último enero del General Perón

Por Aldo Duzdevich (*)

El viejo líder, después de 18 años de largo exilio, volvía a su tierra a concretar la tarea inconclusa que le reclamaba la historia. Lejos de los bajo cero de Madrid, iba a vivir su último enero en un  clima político de los más calientes que tengamos memoria.

El pensamiento de Perón volaba mucho más lejos de los conflictos de aquel enero. Había convocado un grupo de intelectuales y estaba trabajando en el Proyecto Nacional, un conjunto de ideas para construir una nación para los próximos cien años.  Le decía en un reportaje al periodista Henry Raymont: “ Se ha iniciado en el mundo una crisis (…).  están convirtiendo la tierra en basurales, en cloacas los ríos, no hay agua potable, el oxígeno se va también enrareciendo,  han destruido los bosques.(…) Lo primero que hay que hacer es llegar a un acuerdo universal para la preservación ecológica de la tierra. Si no hacemos eso seguiremos destruyendo”. Hoy resulta un lenguaje familiar, pero en 1974, ningún líder político planteaba la lucha por los recursos y la preservación  ecológica. Planteaba la necesidad de preservar las culturas nacionales, y de la unidad continental para hacer frente a la universalización (que hoy llamamos globalización). Le preocupaba el desafío científico-tecnológico. El nuevo rol de la mujer.

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La economía en auge.

 La inflación había pasado del 31 % en el primer semestre del año (gobierno militar)  al 0, 8 % en los seis meses de gobierno popular. El dólar, de 15 a 9,85 pesos. La desocupación bajaba  al 5,5 %. La participación en el ingreso de los trabajadores subía  del 33 al 42,5%.   La inversión crecía el 7%. Se iniciaba la construcción de  200 mil viviendas. Se inauguraba Atucha I y  daba  inicio a la Central Nuclear de Embalse. Fidel festejaba porque  rompimos el bloqueo con Cuba (ni el Chicho Allende se había animado a tanto) y  le otorgamos créditos por 1600 millones de dólares para compra de vehículos y maquinarias. Se firmaban acuerdos de comercio con China, África, Rusia y otros países del Bloque Soviético. Se firmaba el acuerdo para construir Yaciretá. 

La violencia que no se detiene.

El troskista Ejército Revolucionario del Pueblo ERP, de julio a diciembre de 1973,  había realizado 185 acciones. La mayoría  actos de propaganda armada, pero también tomas de fábricas y escuelas,  reparto de víveres,  bombas, atentados a policías,  y secuestros.

En  enero, se encontraban secuestrados: Samuelson de la ESSO; Yves  Boisset de Peugeot ; el ejecutivo Charles Heynes; el industrial Osmar Cardozo; el armero De Bonis; el Coronel Florencio Crespo; José Ludvick de  Schcolnik; Douglas Roberts de Pepsi Cola;  Charles Hayes, de Mckee Tecsa; Nyborg Andersen, del Banco de Londres;  Francisco Ventura, empresario pesquero y  Enrique Patteta, del Frigorifico La Florida de Rosario .

Gelbard al regreso de su gira por el exterior, le manifiesta a Peron que “el capital es miedoso” y tantos secuestros ahuyentan  inversores.

También los grupos de derecha alentados por los nostálgicos de las dictaduras aportaban su cuota de violencia; a fines del 73 son asesinados: Enrique Grinberg; el periodista Colombo de San Nicolas;  Ramon Razzetti JP de Rosario; Pablo Fredes de la JTP; el abogado Antonio Delleroni y su esposa y  Ramon Martínez, de la JP. Además de varios atentados con bombas a imprentas y locales partidarios.

El padre Carlos Mugica predicaba contra la violencia: “Este es el tiempo de dejar las armas y tomar los arados como dice la Biblia”. Mensaje que pocos escuchaban.

El ERP toma la Guarnición de Azul.

 En la noche del 19 de enero, 100 guerrilleros del ERP al mando de Gorriarán Merlo, intentan tomar la Guarnición Militar de Azul. En las acciones matan al Coronel Gay, su mujer Hilda Caseaux y al conscripto Daniel Gonzalez. Tres oficiales resultan heridos y el Coronel Jorge Ibarzábal, secuestrado. Del lado del ERP, dos heridos, Carrara y Altera. Otros dos, Antelo y Roldan, son denunciados como desaparecidos. La magnitud de la acción guerrillera, el saldo en muertos y heridos, y en especial la muerte de la mujer del Coronel Gay, produjeron una enorme conmoción nacional. Hubo una reacción de condena de todos los sectores políticos nacionales contra la acción guerrillera.

La acción tenía tres objetivos: 1) humillar al ejercito; 2) robar armamento  y 3) provocar a Perón para acelerar sus contradicciones con la JP-Montoneros.

 Gorriarán en sus Memorias dirá “la conclusión general fue que no deberíamos haber actuado en forma armada durante el periodo constitucional (de 1973)”. Aunque en 1989 (gobierno de Alfonsín) vuelve a repetir su trágica equivocación al atacar al mando del MTP (Movimiento Todos por la Patria) el regimiento de  La Tablada con un saldo de 36 guerrilleros  y 11 militares muertos.

Los Diputados de Firmenich.  

A diferencia del ERP, la organización Montoneros y el amplio espacio denominado Tendencia Revolucionaria, tenía una importante participación en el  gobierno nacional e influencia en siete provincias. En especial la Provincia de Buenos Aires, en la cual Perón le había pedido a Bidegain que les de espacio a los muchachos (como los llamaba). Los  dirigentes montoneros Norberto Habbegger y Gabriel Soler funcionaban como “comisarios politicos” en el gobierno y la mayoría de los ministerios estaban ocupados por dirigentes afines a la JP.

Cuando Jorge Antonio le advirtió que le iba a ser difícil encuadrar a los jóvenes montoneros, Peron le respondió “Quédese tranquilo  Jorge cuando lleguemos a la Argentina  (…) yo voy a tomar  un vaso de agua, micrófono, les hablaré y les diré que se vayan a su casa tranquilos y me dejen gobernar.”  Y esa fue su actitud hasta el último día de su vida; tratar de persuadir a esos jóvenes que cesaran con la violencia y aceptasen las reglas de la democracia.

El 6 de septiembre de 1973, el General tuvo una larga  reunión  a solas con Quieto y Firmenich. Pero a la salida de la reunión un exultante Firmenich declaró : “El poder político brota de la boca de un fusil. Si hemos llegado hasta aquí ha sido en gran medida porque tuvimos fusiles y los usamos; si abandonáramos las armas retrocederíamos en las posiciones políticas.”. Acto seguido, el 25 de septiembre los volvieron a usar  para matar al Secretario General de la CGT, Jose Ignacio Rucci.

Sin embargo, a pesar de la tremenda afrenta, Perón no los acusó públicamente y siguió con su idea del vaso de agua y la charla. Ante la necesidad de contener la guerrilla del ERP, Perón envió al Congreso una serie de modificaciones al Código Penal. Montoneros se oponía  y mandó a sus diputados a cuestionar la ley directamente ante Perón. El General los recibió, pero ya, un poco cansado del doble discurso, los puso frente a las cámaras de TV. La voz cantante del grupo la tuvo el Diputado Santiago Díaz Ortiz quien con un tono por momentos insolente y en otro de disculpas cuestionó los artículos del proyecto. Pacientemente durante una hora Peron los escuchó, admitió sus interrupciones y reiteró larguísimas explicaciones:  “Desde hace 7 meses estamos diciendo que queremos la paz, y estos señores, en 7 meses, no se han dado cuenta que están fuera de lugar.” ¿Y le parece que hemos esperado poco (…) Lo mataron al secretario general de la Confederación General del Trabajo, están asesinando alevosamente y nosotros con los brazos cruzados, porque no tenemos ley para reprimirlos” “Para nosotros es un problema bien claro. Queremos seguir actuando dentro de la ley y para no salir de ella necesitamos que la ley sea tan fuerte como para impedir esos males.(…) Tengo entendido que esto se ha discutido dentro del bloque y se ha votado. Y para eso están los bloques: se discute y luego se acata la decisión de la mayoría, o  se va del bloque. No hay términos medios, así funcionan los bloques en el Congreso”.

A la salida, Firmenich dio la orden de renunciar a las bancas. Ocho diputados la acataron y otros seis no. Entre el golpe de Azul, y la actitud frente al proyecto de ley, Perón le quitó el apoyo al Gobernador Oscar Bidegain. Montoneros perdió su principal espacio de gobierno y aceleraba así, su confrontación con Perón. De los tres objetivos de la toma de Azul, el ERP solo obtenía el tercero, forzar las contradicciones entre la Montoneros y Perón.

Aunque días después volverían las reuniones, del vaso de agua y el micrófono, el dialogo era cada vez más difícil, a la vez quelos sectores sindicales y de derecha aumentaban su presión y acción.

El viejo general que durante dieciocho años había acumulado grandiosos sueños para su patria y su pueblo, veía como se les escurrían entre sus manos, mientras el  caliente enero de Buenos Aires deterioraba su ánimo y su salud.

(*) Autor de “La Lealtad-Los montoneros que se quedaron con Perón”