Lanús empató 4 a 4 un partido que parecía ganado en Mendoza: mucho para analizar y una calentura que ni te cuento
Era la última jugada del partido y el remate le pegó en la espalda a Paloma Pérez y de la espalda pasó al codo , y sí… le rozó el codo a un jugador que estaba de espaldas, al que antes le había pegado en la espalda. Son penales que se los cobran a Lanús, o bueno, si querés ser más «objetivo», son penales que se cobran en la era del VAR. ¿Son penales? En fin… Pero claro está que esa última, letal jugada, no es la única para analizar. Ni siquiera del arbitraje. Cierto es que el Tucu Díaz jugó gratis buena parte del segundo tiempo, cierto es que hubo una mano de Belmonte bastante más cobrable que ese extraño y posmoderno penal. Ahora hablemos un poco de fútbol.
Lanús terminó el primer tiempo ganando 4 a 3 en un partido electrizante que había ido ganando 2 a 0 y que había ido ganando 4 a 2. En el segundo tiempo dejó de ir palo a palo y se dedicó a jugar de contragolpe. ¿Se colgó del travesaño? No. Pero claramente no logró manejar el partido, bajarle el ritmo, dormirlo, defenderse con la pelota. ¿A favor? Logró increíbles momentos de precisión en velocidad: el tercer y el cuarto gol ranquean entre los mejores del torneo. El Laucha Acosta jugó su mejor partido en mucho tiempo (¿por qué salió?). ¿A favor? Las proyecciones de Aguirre, por momentos imparable. La virtud de Troyansky en el gol tempranero. ¿En contra? La increíble tendencia del Tucu Díaz a hacerse echar: si lo hubieran expulsado hoy (hizo todo lo posible), posiblemente habría perdido su puesto en el 11 titular. Lanús no pudo manejar el trámite de un partido que lo encontró dos veces muy ventajoso. ¿Estamos analizando esto con el resultado puesto? Y sí, claro. Da pena perder dos puntos cuando se convirtieron cuatro goles y cuando el equipo mostró, por momentos, un fútbol que ilusionó. Estamos recontracalientes, aunque algunos hablen de «partidazo».

