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Causa Malvinas: entre el clamor popular y la colonización pedagógica

Por Aldana Rodríguez Golisano.

Los cormoranes no llegan a Londres, no llegan al Támesis; vuelan sobre el Atlántico Sur, pasan por Puerto Deseado y llegan al norte de la América del Sur. Son la historia, la geografía, la dignidad las que reconocen nuestros derechos sobre las islas.

Cristina Fernández de Kirchner, 2 de abril de 2015

Este año se conmemoran 40 años de la Guerra de Malvinas, de aquella gesta histórica que en condiciones adversas, generó gran fervor popular y en la cual gran cantidad de soldados pusieron su vida a disposición de la Patria con la única ambición de ver flamear la bandera celeste y blanca en nuestras islas del Atlántico Sur. Hombres y mujeres que no desertaron, cuyo accionar heroíco aún no ocupa en la historia oficial el lugar que se ganaron: el de héroes y heroínas de Malvinas. Sin embargo, el imaginario colectivo viene pujando en este sentido hace años, construyendo conciencia en honor a sus nombres.

Hablar de la epopeya de Malvinas y concebir a los sucesos que se llevaron a cabo hace 40 años como una gesta patriótica no se trata de hacer apología de la guerra o resultar funcionales a la dictadura cívico – militar que oprimía al pueblo en esos años. Para el peronismo no hay duda alguna sobre la forma de gobierno que anhelamos para la Argentina y no hay rechazo social más grande que el nuestro, a las políticas de vaciamiento y entreguismo llevadas adelante durante la dictadura más sangrienta y cipaya de la que se tenga memoria. Allí no radica la discusión sobre la soberanía de nuestro territorio.

Cantar la marcha de Malvinas y reivindicar a sus héroes es reafirmar nuestra identidad y tradición popular.  En otras palabras, nombrar a los veteranos y honrar a los caídos es un acto de justicia que nos remite a 1833 y al alzamiento del gaucho Rivero junto a otros dos gauchos y cinco indios charrúas que a los seis meses de la ocupación británica en las islas decidieron atacar a los colonos e izar los colores de la Patria. En ese mismo acto, pone en el aire nuevamente al vuelo 648 de Aerolíneas Argentinas allí en 1966 y a ese espíritu guerrero de la juventud peronista del Operativo Cóndor, que con hazaña llegó a las islas para volver a clamar soberanía. Para el sentir peronista la causa Malvinas sintetiza el proyecto de Patria Grande de José de San Martín y Simón Bolívar, las batallas políticas llevadas adelante por Juan Manuel de Rosas en pos de la soberanía nacional y el proyecto de Nueva Argentina de Juan Domingo Perón. Así lo entendió la compañera Cristina Fernández de Kirchner respaldada por el Derecho Internacional en su reclamo constante como Presidenta de la Nación en la ONU exigiendo el cese de la usurpación británica en nuestro territorio.

En el marco de los 40 años de aquella fecha histórica proliferaron actividades, homenajes, consignas que ponen la cuestión Malvinas en la superficie. Lamentablemente, muchas de ellas utilizan la causa Malvinas de modo decorativo, vaciándola del carácter político histórico mencionado para convertirla en un eslogan edulcorado en pos de la unidad de los argentinos, haciendo apología del diálogo. Esta operación no tiene otro interés que contribuir a la desmalvinización de la sociedad y abonar a la colonización pedagógica de nuestra sociedad.

En este paquete se puede ubicar la actividad organizada a fines de marzo por el Instituto Gino Germani de la Facultad de Ciencias Sociales de la Universidad de Buenos Aires en conjunto con la Universidad galesa de Cardiff para repensar Malvinas. A su vez, la gráfica para divulgación del encuentro se refirió a las Islas del Atlántico Sur como “Falklands”. Es decir que, más allá de que la invitación sea en sí misma una provocación y humillación a la soberanía nacional, la nomenclatura utilizada anula al título mismo de la charla, dado pues, que no hay forma alguna de pensar y sentir Malvinas si el punto de partida es la conciliación con los piratas, usurpadores y colonialistas del siglo XXI.

No se trata de rasgarse las vestiduras cada vez que se materializan eventos de este tipo que ponen en manifiesto la instrumentalización de la universidad para la colonización pedagógica puesto que allí, en el desprecio de lo propio y el engrandecimiento de ajeno, radican los cimientos de nuestro sistema de educación formal. Jauretche (1957), en Los profetas del Odio y la Yapa, lo sintetiza de la siguiente manera:

“Esta es «es la raíz del dilema sarmientino de ‘Civilización o Barbarie’ que sigue rigiendo a la ‘intelligentzia’. (…). La idea no fue desarrollar América según América, incorporando los elementos de la civilización moderna; enriquecer la cultura propia con el aporte externo asimilado, como quién abona el terreno donde crece el árbol. Se intentó crear Europa en América, trasplantando el árbol y destruyendo al indígena que podía ser un obstáculo al mismo para su crecimiento según Europa, y no según América»

            Puesta en evidencia el carácter político de la educación, lo que sorprende, por un lado, es la falta de sofisticación para contribuir a la desmalvinización y para intervenir en la construcción del sentido común. Por otro lado, lo que avergüenza, es la escasa respuesta de la comunidad académica en su conjunto para repudiar la iniciativa. Por el contrario, intelectuales en función servil cipaya salieron a defender a la supuesta Academia destituyendo y reduciendo el sentimiento del pueblo a un acto de exageración y sensibilidad. Lo expuesto es lo que el pensador nacional Juan José Arregui ya en los años ‘50 categorizó como “pasivo sometimiento intelectual” para describir a la inacción u omisión de los intelectuales que manejan los trazos de la cultura nacional. El concepto nacional en este caso remite a la legitimación de ese pensamiento en el país aunque poco tenga que ver con la enunciación que emana del suelo argentino.

Años atrás, precisamente el 10 de junio del 2014 en la inauguración del Museo de Malvinas en la EX ESMA en el marco del “Día de la Afirmación de los Derechos Argentinos sobre las Malvinas, Islas y Sector Antártico” Cristina afirmaba: “La peor colonización, no es la militar ni la geográfica ni siquiera la económica. Todas esas se pueden llevar a cabo si previamente nos han colonizado culturalmente”. En esta línea, es preciso que comprendamos la conexión implícita entre las posiciones colonizadoras de la cultura universitaria y el hecho de que ciertos funcionarios y políticos, que han sido elegidos incluso mediante el voto popular, puedan afirmar sin costos -pero también aceptando pasar a la historia sin pena ni gloria – que «Las Islas Malvinas serían un fuerte déficit adicional para la Argentina” (Mauricio Macri; 2015).

Es imperativo que la comunidad académica se pronuncie y que honre al pueblo que con sus esfuerzos posibilitó el privilegio de que algunos podamos estudiar. Es necesario que todas y todos, desde nuestros lugares, comprendamos que aquello que se cocina en las altas casas de estudios no queda aislado en estas, sino que por el contrario, conforma con fuerza un sentido común que posibilita que los cipayos sigan teniendo asientos en las instituciones republicanas. Es un mandato honrar a la heroica juventud peronista y a los soldados de nuestra Patria y dar vuelta la taba, subordinando los grandes campos importados de conocimiento a la  evidencia histórica como marco teórico.

Con la causa Malvinas no pudieron, no podrán. Y que no les quede duda alguna: «si ponemos un pie sobre las islas, no nos sacan más» (Juan Domingo Perón, 1974)