OpiniónÚltimas

No nos pueden quebrar el espíritu

Por Hugo De Gregorio (*)

Un día como hoy, 25 de Mayo, además de los acontecimientos de 1810 que decantaron en la revolución de Mayo y la constitución del primer gobierno patrio, ocurrieron dos hechos significativos en la historia de los argentinos. Nos referimos al 25 de mayo de 1973, día en que asume la presidencia Héctor Cámpora, y al 25 de mayo de 2003, en que hace lo propio Néstor Kirchner.

Nos proponemos aquí no solo recordar y homenajear estas dos fechas tan caras al sentimiento peronista, sino también hacer un paralelismo y una reflexión de lo que significaron y significan en términos históricos y de aprendizaje para nuestro presente. Porque, como sabemos, la historia es maestra de la política.

Hoy se habla mucho de cierto escepticismo y desencanto por parte de sectores de la militancia peronista, producto de la difícil situación que atraviesa la Argentina, y de las dificultades que tiene el movimiento nacional para afrontar la etapa y encontrar las formas de darle solución a la innumerable cantidad de problemas estructurales y sociales que nos alejan de las ansiadas grandeza nacional y felicidad popular.

Y es cierto que motivos sobran. Porque si bien el desastre que produjo el gobierno de Mauricio Macri en nuestro país dejó consecuencias muy profundas, que se profundizaron con la maldita pandemia, y ahora con la guerra entre Rusia y Ucrania de por medio, llevamos ya dos años y medio de gobierno,  y como dijo Cristina en Chaco, quizá no le estemos haciendo honor a las ilusiones que nos depositaron millones de argentinos y argentinas.

Pero también, nuestra historia nos demuestra que existen mucho más motivos para no bajar los brazos ni quebrar nuestro entusiasmo.

Al principio mencionamos la asunción de Cámpora en 1973 como un triunfo y un hecho de profunda felicidad para el pueblo argentino y la militancia peronista. Pero ¿Cómo se gestó esa victoria popular? No fue azarosa ni mucho menos un regalo caído del cielo. Fue producto de una resistencia heroica de 18 años, donde la militancia peronista se enfrentó a situaciones mucho más adversas de las que nos toca lidiar hoy en día.

Para mencionar los sucesos más resonantes, diremos que desde el golpe del 55, que tiene su punto de partida en el bombardeo a la Plaza de Mayo donde la oligarquía asesina, terminó con la vida de civiles inocentes e indefensos para sembrar el caos, el peronismo tuvo que soportar la proscripción, la intervención de los sindicatos, la imposibilidad siquiera de nombrar en público o hacer referencia a alguna simbología peronista, la represión, la cárcel y la persecución y exilio de sus dirigentes.

Sin embargo, la brutalidad gorila no bastó para cumplir su objetivo de borrar de la memoria el legado de los 10 años más felices. A pesar de las tremendas adversidades, desde el primer día hubo compañeros y compañeras que con enorme valentía, coraje y patriotismo, y recursos limitados, comenzaron a organizarse de forma rudimentaria y a emprender acciones, muchas de ellas de forma clandestina, para dejar en claro que los peronistas no somos empanadas que se comen con solo abrir la boca.

Es aquí donde uno se pregunta si hoy hay compañeros que perdieron la ilusión o la esperanza de que una Argentina mejor es posible. ¿Qué esperanza, entonces, podía tener un peronista de a pie en el 55, o en el 60 o en el 65? Sin embargo, la tenían. Y pusieron todo lo que había que poner, arriesgando sus propias vidas, para cumplir con ese juramento implícito, que era no descansar hasta que se hiciera Justicia y Perón volviera a la Argentina.

Sin esa resistencia tenaz de 18 años de miles y miles de peronistas, y por supuesto, sin la enorme capacidad de conducción de Perón en el exilio es imposible imaginar el 25 de mayo de 1973, el triunfo de Cámpora y el retorno del General. Sin sacrificio y entrega no hay victoria posible.

Lo mismo podemos decir de la asunción de Néstor Kirchner. Otro punto de inflexión en la historia, que abrió un camino de 12 años de recuperación, de felicidad de nuestro pueblo, de la participación de enorme cantidad de jóvenes en la política , de volver a ser Nación. La Argentina venía de sufrir las consecuencias terribles de la dictadura gorila y sanguinaria del 76, de la agonía alfonsinista y de la entrega menemista (que para peor , decían hacerla en nombre del peronismo), culminando con el desastre de la Alianza.  Nada parecía poder revertirse. La Argentina parecía condenada a ser un país atravesado por las crisis, saqueado por el imperialismo y los poderosos, con su pueblo sumido en la pobreza y la desesperanza.

Pero de vuelta, nada estaba dicho del todo. Y un día apareció Néstor, para decirnos que no todo estaba perdido, que el peronismo debía ponerse de pie, que los argentinos, junto con nuestros hermanos latinoamericanos, podíamos ser protagonistas y que nuestro pueblo podía volver a ser digno y feliz.

Pero claro, nada de esto fue gratis. En el camino hubo compañeros y compañeras que pagaron con su vida por enfrentarse a la dictadura. 30 mil compañeros que recordamos todos los días y que nos marcan el camino. También hubo compañeros y compañeras que haciendo honor al legado peronista, no se vendieron ni traicionaron los principios, combatieron y se resistieron a la infamia menemista.

Todo este conjunto de acciones y el enorme coraje y sabiduría de Néstor fueron los que hicieron posible que el estallido del 2001 no decantara en la un callejón sin salida, y que el peronismo vuelva a ser el vehículo y la representación política de los anhelos del pueblo argentino.

Por todo lo expuesto es imperativo que abandonemos la posición de víctimas frente a las dificultades que nos toca atravesar, que no son pocas, es cierto, pero que como vimos, son parte de los procesos de nuestro pueblo y es necesario que nos resolvamos a ser protagonistas y hacernos cargo de este tiempo que nos toca.

El privilegio de haber sido contemporáneos a los gobiernos de Néstor y Cristina nos marcó a fuego, porque vimos llevar adelante transformaciones trascendentales para mejorar la calidad de vida de nuestro Pueblo. Pero corremos el riesgo de perder de vista que ese periodo extraordinario fue posible porque fuimos capaces de sobreponernos a etapas de enorme retroceso que han causado mucho daño a nuestra Patria. Es imprescindible que seamos más conscientes que nunca, de que la historia no nació con nosotros. La lucha por la liberación nacional que llevamos adelante lleva más de 200 años, de los cuales la oligarquía servil al imperialismo gobernó por la fuerza la gran mayoría del tiempo.

Por eso es central que la militancia recupere la fe y se impregne de un temple de acero para afrontar las coyunturas difíciles que nos tocan. No es nuevo. Lo debemos hacer, porque miles y miles de compañeros lo hicieron antes que nosotros, para que nosotros podamos heredar y continuar la causa nacional.

No nos pueden quebrar el espíritu. Si eso sucede, habremos defeccionado y habrán triunfado los enemigos de la Patria. Porque mientras haya un peronista dispuesto a pelear, a no entregarse, habrá esperanzas de construir un país y un mundo mejor. Que no nos convenzan de que no se puede, por más dificultades que haya que sortear. Necesitamos armarnos de coraje y fortaleza, porque tenemos un mandato que cumplir. Así nos lo enseñaron los miles de trabajadores que hicieron el 17 de octubre, y tuvieron 10 años de dignidad, y los miles de trabajadores que se rebelaron en 2001 y recuperaron la capacidad de soñar con una vida mejor.

Porque tenemos la razon histórica, porque tenemos memoria, porque nos duele la Patria, porque nuestro pueblo lo merece,  porque tenemos el ejemplo de las compañeras y los compañeros que nos marcaron el camino, y porque tenemos conducción, y se llama Cristina Fernández de Kirchner. Construyamos la mística y la épica que nos permita construir un nuevo y definitivo triunfo popular.

 Viva la Patria. Viva Perón y Evita. VIva Néstor y Cristina.

(*) Concejal de Lanús por el Frente de Todos.