El Campeón Mundial prohibido: la historia de Juan Carlos Uder y los héroes del básquet del 50

Por Morena Barón

Juan Carlos Uder  fue parte de la primera Generación Dorada: la que llevó al básquet argentino a la cima del mundo en 1.950. Uder fue campeón durante un gobierno peronista y la dictadura que se autodenominó “Revolución Libertadora” no se lo perdonó jamás: a él, y a todos los integrantes del equipo campeón, les prohibió jugar al básquet, de por vida.

Uder tiene actualmente 91 años. Inició su carrera jugando en el club Ñandú de Valentín Alsina, donde vive desde que nació, un 24 de abril de 1927. Hincha fanático de Independiente, jugaba sin embargo en Racing Club cuando lo convocaron para integrar la Selección Nacional de Básquet.

-¿Cómo recuerda su paso por la Selección?

-Tuve varios encuentros con la Selección, primero las Olimpiadas en Londres (1948), las Olimpiadas en Helsinki (1952), las giras, y por supuesto el campeonato mundial en el Luna Park, donde le ganamos a Estados Unidos la final 64 a 50. Las olimpíadas fueron algo muy lindo, porque ahí conocías mucha gente. Las giras que hacíamos eran todas en avión, nada más las primeras Olimpíadas fueron en barco. Como dos meses para ir y dos meses para volver, uno ya no sabía qué hacer de tanto mirar el mar, pero como nos llevábamos todos muy bien en el equipo, nos divertíamos mucho. Nunca hubo una pelea.

-¿Significó algo especial para ustedes ganarle la final a Estados Unidos?

-¿Nosotros ganarle a EEUU? Imaginate lo que fue para nosotros… Era EEUU, ¡que nos ganaba siempre! Y fue una diferencia bastante linda. Nosotros no creíamos que íbamos a ganar el campeonato, porque no nos sentíamos para ser grandes campeones. Pero jugando bien le hicimos partido, e incluso hubo un jugador que fue el que nos ganó el campeonato prácticamente, que fue Hugo del Vecchio. Era un partido muy peleado, muy ajustado. Nosotros estábamos seguros cuando pasaba el tiempo que la podíamos ganar, pero de entrada no, era Estados Unidos. Incluso Perón nos dijo después… “menos mal que ganamos, los americanos se creían que no les podíamos ganar”.

-¿Cómo fue el festejo del campeonato?

-Fue un 3 de noviembre del ‘50, la gente salía con la bandera por todos lados. Hicieron una marcha alrededor del Luna Park, todos con antorchas. No nos dejaban pasar de la cantidad de gente que había. Fue muy lindo, como te dije recién, creíamos que no le podíamos ganar, y les ganamos por mucha diferencia. Y después de haber ganado, Perón nos invitó a la Rosada. Nos estaba esperando en la puerta antes de que llegáramos.

-¿Y cómo fue ese encuentro?

-Ya nos estaba esperando, él mismo nos abrió la puerta de la Rosada para que pasemos. Nos reunimos en el primer piso, y charlamos sobre el campeonato y la final. Cuando entrenábamos en Ezeiza, me acuerdo que jugábamos todos….y no nos dábamos cuenta, pero pasaba en auto a ver como jugábamos. Perón era muy deportista, hizo muchos campeonatos de juveniles.

 

-¿Cómo es la historia del regalo que les hizo Perón?

-Cuando terminó de despedirse nos dijo “Bueno, ahora, ¿qué quieren que les regale?» y todos nos mirábamos, y dijo “Bueno les voy a regalar un coche, un Chevrolet 51”. Perón nos regaló una orden para poder traer el auto al país, no nos dio el coche ni el dinero, solo la orden para traerlo. Y varios muchachos la vendieron, y muchos otros no. Perón nos mandaba barcos con comida cuando estábamos concentrados allá en Helsinki, barcos con carne. Y como te dije, incluso a veces venía a ver los entrenamientos.

Y después a raíz de esa orden, cuando llegaron los militares nos declararon profesionales y no pudimos jugar nunca más.

-¿Por qué no los dejaron jugar más?

-Por ese regalo de Perón, nos declararon profesionales y en esa época el básquet era un deporte amateur. Yo tendría veintipico de años más o menos. A todos nos cortaron la carrera. Todos tuvimos que dedicarnos a otra cosa, pero jugar al básquet no pudimos jugar nunca más. Habíamos jugado las Olimpiadas, el Campeonato del mundo, Subcampeones Panamericanos, ¿cuantas cosas no?

-¿Cómo les comunicaron la inhabilitación?

-La Confederación de Básquet inició una investigación y nos declararon profesionales. Los mismos que nos aplaudían cuando salimos campeones, son los que nos dijeron después que éramos «profesionales». Nos citaron a todos los jugadores, en el Comité Olímpico, que estaba en la calle Pellegrini. Después de eso no pudimos seguir jugando, porque los militares no nos dejaron.

Hacia el final de la charla, Juan Carlos nos recita de memoria una noble de definición de Deportista: “Es aquel que no solamente ha vigorizado sus músculos y desarrollado su resistencia por el ejercicio de algún gran deporte sino que, en la práctica de ese ejercicio, ha aprendido a reprimir su cólera, a ser tolerante con sus compañeros, a no aprovechar una vil ventaja, a sentir profundamente como una deshonra la mera sospecha de una trampa y a llevar con altura un semblante alegre bajo el desencanto del revés”.

Dice que a veces se sienta en la cama y piensa mucho, en los jugadores, en lo que les pasó. Y si bien dice que el básquet lo hizo muy feliz, también recuerda con tristeza no haber podido jugar más. Eran chicos jóvenes que, como dice él, “al básquet lo jugaban muy bien”. Algunos de sus compañeros se dedicaron a otros deportes, como el tenis, o se volcaron a la dirección técnica, pero vieron truncada su prometedora carrera en el básquet. La dictadura que derrocó al gobierno de Juan Domingo Perón en 1955, inició en 1956 su «investigación» contra todos los integrantes del equipo campeón del mundo de 1950 y decidió suspenderlos de por vida. Así fue como el odio acabó con nuestra primera «Generación dorada».

 

3 comentarios sobre “El Campeón Mundial prohibido: la historia de Juan Carlos Uder y los héroes del básquet del 50

  • el 24 mayo, 2018 a las 7:04 pm
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    Gracias por acercarnos esta historia. Cuántos distintos niveles de dolor y muerte dejan las dictaduras. Abrazo a este deportista de oro y a la periodista que lo rescató para nosotros.

  • el 28 mayo, 2018 a las 9:17 am
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    Hermosa historia, gracias por compartir.

  • el 5 noviembre, 2018 a las 12:31 pm
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    Gran historia. Cosa que uno se la pierde por ser tan pequeño y no estar mediatizado. Recuerdo que me dirigía en el parque Udabe para los juegos bonaerenses.

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