Ping Pong en el Peretz de Lanús: talento, sudor y técnica para todas las edades

Por Leonardo Torresi

Pepe dice que nosotros agarramos la paleta de ping pong como un cuchillo:

Y los chinos como a los palitos:

Este es Pepe:

Trajo un folleto que escribió hace unos años, donde enumera algunas claves para jugar:

-Encare el próximo tanto como si fuera el último y definitorio.
-Es importante no fallar y enviar la pelota del otro lado de la red más veces que el rival.
-Olvidarse de todo y pensar nada más que en el juego.
-No confundir la velocidad con la precipitación.
-Tratar de ganar 21 a 0.

Sobre este último punto, la idea se mantiene, aunque ahora se juegue a sets de 11, que deben ganarse con una diferencia de dos.
Y todo sea bastante diferente de lo que era hace 53 años, cuando Pepe, José Alvarez, empezó a pelotear en una mesa que habían comprado en sede de la Asociación Cristiana de Jóvenes. Ahí trabajaba como empleado administrativo.
Tenía 32 años. ¿32 + 53? Pepe se adelanta a la cuenta: «Acabo de cumplir 85.»

Y juega:

 

El Peretz de Lanús es un club y centro cultural fundado por la comunidad judía de izquierda. Una imagen de Santiago Maldonado nos recuerda a los jugadores que hay un mundo allá afuera de la puerta que da a la calle O’Higgins. En el mismo escenario donde tiramos los bolsos, apoyamos la botellas de agua y las fundas de las paletas, debutó el Movimiento del Nuevo Cancionero, con Mercedes Sosa, Armando Tejada Gómez y Oscar Matus, el 22 de mayo de 1964. En el subsuelo hay una biblioteca en Yiddish, y el mural del hall central es lo más: ahí, con sus bigotazos, domina el escritor Isaac Leon Peretz, el inspirador, entre costureras y campesinos.

Es este:

Es una institución abierta. Además del Kinder, un histórico club se los sábados para chicos y adolescentes, hay clases de tango, de zumba, y hace unas semanas invitaron al embajador de Palestina, que habló detrás de la bandera de la nación ocupada. «Todos los hombres son hermamos», de I.L.P., es la frase que ataja los visitantes en la entrada. Es eso, ni más ni menos.

Si fuera por los deportes, Peretz es un club de ping pong. O de tenis de mesa ¿Cómo es? Pepe, deja que lo diga Ignacio Pérez Altera, uno de sus herederos como profe en el club.
Nacho: «Digo ping pong porque es lo más fácil para que se entienda. Hago ping pong, enseño ping pong… Ahora, si empezamos a hablar de técnica, de efectos, de reacciones, de concentración, ahí ya es tenis de mesa.»
Este es Nacho:

Acá está entrenando a Jony Espinoza, uno de los jugadores del club, en un ejercicio «multibola»:

Es un ambiente chico y como todo el mundo puede aprender y jugar, en los clubes conviven jugadores de los niveles más alejados. Este aprendiz levanta la mano en uno de los extremos. En el otro (pero acá, en el mismo salón del Peretz) está Abril Okuyama, un talento de 13 años que juega sudamericanos en las categorías sub 13 y sub 15 para la Selección Argentina. Abril es la 488 en el mundo en la categoría Sub 15, en unos de los deportes con más deportistas federados del mundo.
Pepe y Abril se llevan 72 años. Sólo en el ping pong es posible. Acá están entrenando:

Muchos ven al ping pong con un juego que no llega a deporte. Todos piensan que saben jugar.
Error. Llegan acá y se enteran de lo contrario. «Se aprende casi de cero», dice el profe Nacho.

Lo primero en el ping pong: sostener un peloteo de drive, explica Nacho. Es el pase en el fútbol. Pasarla del otro lado de la red, Con un poquito de efecto, si es posible.

Lo más difícil: leer los efectos, dice el profe Adriel Di Salvo. Descifrar en un instane fugaz el efecto que hizo, para tartar de devolver el golpe. A mayor nivel, menos tiempo.

A nivel mundial, aunque se trata de un deporte técnico y la fuerza es relativa, no hay competencia individual mixta. Preguntonta: ¿Qué pasa si la mejor jugadora china juega contra el mejor varón argentino?

«La china le gana fácil. Algún punto el rival le puede hacer, alguna fuerza… puede ser… ¿Vos decís que no?», coteja Nacho con su colega Adriel.

Adriel busca un ejemplo más realista: «Una vez vino la número 15 o 20 de China a competir contra las mejores de Argentina. Ganó todos los partidos 4 a 0».

Los primeros entrenamientos pueden ser un poco frustrantes. Depende de las expectativas. Las paletas son más rápidas que las usuales «de supermercado» y el control de la pelotita más problemático.

La pelotita tiene 40 milímietros. La agrandaron un poco para que se viera mejor y el juego se volviera más atractivo . Pepe dice que «quisieron lentificarlo un poco», pero eso no pasó porque «los compuestos variaron y la velocidad y la rotación de la pelota es la misma. Además de que perfeccionaron las palas.»
Las palas, obvio, son las paletas, pero viene bien la asociación, porque en el tenis de mesa, para avanzar, hay que trabajar bastante. Los entrenamientos son rutinarios (dos al revés, una al medio, dos al revés, una al drive; series así durante varios minutos) porque la repetición lleva a naturalizar la técnica de los golpes y la posición de las piernas, fundamental para jugar bien.
Los efectos son el drama del aprendiz: difíciles de manejar e imposibles de interpretar en los primeros primeros partidos, cuando los hace un rival más entrenado. Devolver adentro de la mesa (apenas eso) un saque con efecto es un martirio. Pero se aprende.

Acá hay nivel. El profe Adriel entrenando fuerte con el jugador Ian Durán:

Vamos a jugar. Ultima:
¿Dónde está el talento en el ping pong? ¿Qué equivale a un caño?
Para Nacho, un caño es meter un tanto pasando la pelota por afuera de la red. La red es el principal obstáculo: una máxima de este deporte. Pasarla por el costado es difícil, o muy difícil, o casi utópico en un partido.
Pero es lo mejor, porque es rebelde. Al final, el talento es la rebeldía.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada.