Murió el “Pato” Rubén Darío Gómez, una gloria del Granate

(Por Daniel Riera)

Me llegué a saber el equipo de memoria. Al arco, el Monstruo Marcelo Ojeda; Abajo el Patito Rubén Darío Gómez, el Negro Agüero, el Patón Mainardi y la Urraca González. En el medio, el Negro Enrique, el Chucho Schurrer, el Pastor Kuzemka y el Mingo Angelello. Arriba, el Pampa Gambier y el uruguayo Villagrán. Ahora dicen que murió el Pato Gómez, como alguna vez habían dicho que murió el Pampa Gambier, y me resisto a creerlo. A mí me parecía que aquellos 11 eran inmortales. Fue, aquel Lanús de Miguel Ángel Russo, un equipo que a los hinchas nos quedó grabado para siempre, precisamente porque fue el que para siempre nos dejó en Primera.


Por su jerarquía individual y por su funcionamiento colectivo, aquel era un equipo de Primera que estaba de paso por el Nacional B. Y así fue, Campeón una fecha antes. Respeto, señores.

El Pato tenía marca y tenía proyección y tenía dignidad. Imponía respeto, como todo el equipo.  Formado en las inferiores de Lanús, inició su carrera cuando el club estaba en Primera C. Luego pasó por varios clubes: ascendió con Atlanta en 1983, jugó en Boca pero se consagró con River en 1986, donde fue Campeón de América y del Mundo. Y había vuelto cuando los hinchas teníamos claro que nuestro destino era la Primera desde ese momento y para siempre. En otros clubes lo llamaron “Plumero”: para nosotros siempre fue “Pato” o “Patito”. Como todos los jugadores de aquel imborrable Lanús del 92, honró la camiseta que vistió. Se agradece. Y no se olvida.

 

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