Horacio, el zapatero inclaudicable de Lanús Oeste

Por Mauro Perullini.

En su pequeño local de Lanús, Horacio Di Leva mantiene vigente una de las profesiones más antiguas. El olor a cuero despierta el sentido del olfato a la clientela que acude a la zapatería Daiana, haciéndole honor a la primera hija de Horacio.  Allí reparan zapatos, tanto de hombres como de mujer, y también mochilas, carteras, valijas, bolsos, botas. “De todo se arregla acá”, dice Horacio Di Leva, que heredó el oficio de su padre y hace ua 34 años decidió abrir su propio local en Moreno 117, Lanús Oeste, en el corazón de lo que hoy se da en llamar “La Lanusita”. Rodeada de cervecerías y restaurantes modernos, la zapatería de Horacio continúa de pie recibiendo clientes de diferentes lugares.

“Mi viejo era zapatero y ferroviario como mis hermanos y de chicos fuimos aprendiendo el oficio mirando”, cuenta Horacio mientras un cliente ingresa a la zapatería. “Hay que repararle la suela, mas o menos para el sábado va a estar”, le explica. Fue una sorpresa cuando el joven develó que venía de Luis Guillón. Si, la distancia de Guillón es de 15.2 km de distancia hasta el local de Horacio, aproximadamente media hora de viaje en auto.

“Tengo clientes de hace más de 30 años, no solo de Lanús, viene gente de Banfield, Lomas, una señora que junta una cantidad de zapatos y los trae de Puerto Madero, por suerte siempre tengo trabajo”, detalla Horacio mientras coloca en una caja los zapatos que le trajeron para reparar y los guarda en el abultado estante. “Hasta de Tierra del Fuego tengo clientes, un muchacho que vino acá a Lanús a la casa de su madre y aprovechó para traerme un par de botas para reparar, me pidió que lo hiciera lo antes posible qué tenía que volver al sur”.

-Pero… ¿cómo empezó con este proyecto?

-Yo trabajaba en el banco de Tokio, pero cerró. Me indemnizaron y me puse un kiosco en Lomas pero no prosperó. Entonces decidí ponerme una zapatería en un local de Lanús y acá estoy, 34 años después.

Hace 34 años, no existían en la zona ni los locales de comida, ni las cervecerías ni mucho menos los edificios.

-Era un barrio donde había casas y uno o dos edificios, ahora cambio mucho, no es lo mismo aunque reconozco que ver el barrio así iluminado y con tanta juventud dando vuelta le da más vida a todo. Y los vecinos eran buenas personas, con decirte que enfrente del local había un hombre de apellido Cataldo que todos los mediodías me traía comida, a veces los fin de semana nos juntábamos a comer un asado en la esquina… Era otra época… -recuerda con emoción.

Cuando puso su local, ya había otras zapaterías en la zona. Sin embargo, Horacio logró mantenerse. “Eran manejadas por gente grande ya y se fueron desgastando, yo por suerte me pude mantener y trabajar hasta la actualidad”, explica. “Daiana” atravesó diferentes gobiernos  y momentos económicos complicados, pero a pesar de eso siempre pudo salir adelante. “El momento de mayor crisis fue en el gobierno de Menem, con el 1 a 1 y la apertura de las importaciones, los zapatos venían muy baratos, me habían ofrecido vender zapatos por 6 pesos y arreglarlos salía 4, fue el momento de mayor inestabilidad que tuve pero a pesar de eso pude seguir trabajando”.

Horacio mantiene una clientela desde hace más de 30 años. Con algunos de sus clientes forjó una gran amistad. Por eso, a pesar del aumento de tarifas que viene golpeando el bolsillo de los vecinos, trata de mantener los precios estables o con un mínimo aumento de sus precios. “Si aumentara me quedaría con menos trabajo porque mucha gente dejaría de venir, prefiero mantener la cantidad de clientes que tengo ahora”.

Estantes colmados de cajas con zapatos, sandalias, zapatillas, maquinaria de trabajo como hormas y una paulina, valijas y bolsos abandonados por algún cliente que nunca volvió a buscarlo se encuentran en el pequeño local que Horacio abrió hace 34 años y forman parte de la historia rica de los grandes comercios antiguos de Lanús.  

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