¡Feliz día, Lanús!

Por Pablo Barreiros.

Amanecimos más viejos, o tal vez, con más experiencia. Se cumplen 74 años de la fundación del municipio de Lanús, cuando el 29 de septiembre de 1944 se firmó el Decreto Nº3321, que confirmaba la separación definitiva del distrito de Avellaneda. Un punto de partida para comenzar a tener autonomía, una vida propia, con una historia digna de poder contar. ¡Feliz cumpleaños!

En Lanús la luna es tan plebeya como sus habitantes, por eso es de lata y no de plata, pero ilumina lo mismo cuando es necesario, y a nadie le hace mella este menester. En verano el sol es de fragua y en invierno de cartón. Lanús es llanura, pampa húmeda, monte y laguna prehistórica. Nadie recuerda los paisajes de  su patria añorada, porque en Lanús nada se parece a nada. No hay modo de recordar. Las baldosas escupen su lluvia para arriba y las hormigas se sienten a gusto en un barrio proletario como pocos. En Lanús hay gallegos, tanos, latinoamericanos, polacos, rusos y lituanos; griegos, asiáticos, franceses y africanos. Y también hay argentinos. Docenas de idiomas y dialectos pronunciando una misma palabra, que fue apellido, que fue hombre, que fue sueño y se transformó cotidianamente en sentido de pertenencia: Lanús. Palabra que encierra el crujir de los crisoles, el sabor de las salsas de todo el mundo, la historia de los cinco continentes, todas las gotas de los mares del orbe.

Lanús suena a mirada de madre que amamanta, a tempestades del Atlántico, a capullo que se abre, a muerte sin dignidad, a agua fresca de los lagos del sur que nutren las epidermis, a libélula en vuelo, a asesinos de todos los siglos, a honestidad, a “¡Nosotros también queremos ganar!”. Lanús tiene una fonética en su cuerpo que remite a dulzor de la miel, a la amargura de la cerveza, que delimita la tristeza en los ojos de una virgen. Su acento en la letra como herradura nos dice que aquí estamos, que somos estos y no tenemos de que arrepentirnos. Lanús puede ser una palabra más, o puede transformarse en el centésimo nombre de Dios. Todo tiene olor y color a pueblo en Lanús, a orgullo de luchar y de pertenecer, a sangre cuajada, leche rancia y agua estancada; a café con leche y mate amargo; a glicinas y jazmines en flor.

Lanús es mujer que aún no nació, es futuro por llegar. Lanús, barrio de obreros, fábricas y ferrocarril. Con un club orgulloso de su nombre, el color de la sangre espesa y un escudo noble por trabajador y por digno. ¡Lanús!

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