La descabellada “guerra de las estatuas” que divide a dos ciudades de Entre Ríos

Por Daniel Riera.

El 11 de octubre, a las 10:30, la pacífica vida del Museo Histórico Carlos Anadón de Victoria, Entre Ríos, se vio alterada por la presencia de un grupo de efectivos de Prefectura Naval. Venían con cascos, chalecos antibalas y armas largas, lo que asustó un poco a las empleadasMaría Belén Ballesteros y María Natalia Muñoz. Venían a secuestrar dos estatuas, que, como es natural, no opusieron resistencia. Tampoco las empleadas. Venían a cumplir un exhorto del Juez Federal Pablo Seró, de Concepción del Uruguay. Es que las estatuas tenían pedido de captura internacional. ¡Hasta las buscaba la Interpol!

 

11 de octubre: la Prefectura en el Museo Anadón, se dispone a secuestrar las estatuas.

Ordenémonos un poco. La prefectura, como es natural en estos casos, no estaba sola. La acompañaba una delegación integrada por la Fiscal Federal de Concepción del Uruguay, Josefina Minatta y un delegado del Juzgado Federal de Paraná -cuyo titular es el juez Leandro Ríos– quien leyó el exhorto del  juez Seró. También hubo empleados y empleadas del Museo Histórico que funciona en el Palacio San José. Ya volveremos a este punto.

Preste atención a los detalles, que son vitales para esta historia. Las estatuas se denominan “Asia” y “América” y forman parte del conjunto “Los Cuatro Continentes”. La prefectura, entonces, quería llevarse a Asia y América para Concepción del Uruguay. ¿Por qué? Porque según el juez las estatuas habían sido robadas en 1991 al Palacio San José, histórica residencia del caudillo Justo José de Urquiza. Veamos: ¿Se robaron estatuas del Palacio San José? Sí. ¿Cómo se llaman? “Asia” y “América”. ¿Y cómo se llaman las que secuestró la prefectura por orden del juez? “Asia” y “América”. Pero entonces…  No se apure. Tenga paciencia.

La América robada del Palacio San José, y la América de Victoria: parecidas pero no iguales.

Las estatuas secuestradas tienen una larga, y pública, historia en la ciudad de Victoria. Forman parte del motivo “Los cuatro continentes” y las diseñó una empresa italiana. Las historias robadas a Urquiza también forman parte del motivo “Los cuatro continentes”. ¿Pero entonces? Las estatuas secuestradas y las estatuas robadas son muy parecidas, pero no son las mismas. O sea que ahora tenemos estatuas secuestradas por la Justicia y estatuas robadas vaya a saber por quién. La tentación es sencilla: convertimos las estatuas secuestradas en las estatuas robadas y listo. Lo único que hace falta es no pensar.

El director del Museo, Claudio González, dice que todavía no puede creer lo que está viviendo. González agradece que “de casualidad, en ese momento no había visitas. Si hubieran venido chicos de algún colegio, habrían pasado un momento muy desagradable”.  El director del Museo aporta valiosa información histórica que permite situar este increíble caso en su contexto.

Un poco de historia

Existen conjuntos de “Los Cuatro Continentes” en Valencia (España), Niza (Francia). Uruguay, Chile, Perú, Guatemala, y posiblemente en otras ciudades del mundo. Fueron desarrolladas en mármol de carrara por una empresa italiana con un motivo francés.

En 1856 Urquiza compró uno de estos juegos, de 1,20 metros de altura, y los emplazó en el Palacio San José.

En 1874, Francisco Piaggio compró un juego de Los Cuatro Continentes de 1,50 de alto, para la Sociedad Italiana de Victoria, que a su vez las donó a  la ciudad.  Hasta 1910 estuvieron en la que hoy es la plaza San Martín. Rodeaban la Pirámide de la Libertad. Como cualquier argentino que haya salido de su casa sabe, todo el país está lleno de Plazas “San Martín” con sus correspondientes estatuas ecuestres. El “Sanmartinazo placero” se produjo en 1910, con motivo de cumplirse el primer centenario del 25 de mayo de 1810.

Fue entonces que “Europa y África” se mudaron a la avenida Centenario, mientras que  “Asia y América” pasaron a ser parte de la Costanera victoriense. Como se ve, estamos hablando de lugares bien transitados, que forman parte de la historia de un pueblo. En la costanera estuvieron hasta la década del 60. Cuando se colocaron las luminarias de la costanera, Asia y África fueron a parar al corralón municipal.

Los cuatro continentes, emplazados en la Plaza de Victoria a principios del siglo XX.

Entre 1982 y 1984 -previa restauración, ya que se habían deteriorado en su paso por el corralón-  fueron rescatadas para ser expuestas en el Museo Anadón, primero en su primera sede; luego en la actual, en la calle Congreso al 500.

En 1991, Asia y América (las de Urquiza) fueron robadas del Palacio San José.

En 2003, Europa y África fueron robadas del Museo Anadón. Claudio González sospecha que el mismo ladrón robó los dos pares para armarse un juego.

El 11 de octubre pasado, por orden de la Justicia, la Prefectura  “secuestró” las estatuas” del Museo Anadón, argumentando que eran las mismas que habían sido robadas del Palacio San José en 1991. La noticia produjo un gran escándalo en la comunidad victoriense, que reconocía las estatuas como parte de su historia.

Asia de Urquiza y Asia de Victoria: las diferencias se advierten a simple vista

Orgullo Victoriense

La orden judicial se basó, según se explicó, en la presunción de que estas obras serían las robadas en el palacio San José en 1991. El 24 de octubre pasado, el Concejo Deliberante de Victoria emitió una resolución repudiando los hechos. En la resolución se indica “que el traslado se ordenó, ante una denuncia “anónima”  y se detalla que participaron del procedimiento los empleados “Iván KapEsteban BonusSusana Chas María GabrielaMedus, retirándose estas dos últimas con aplausos por el procedimiento realizado, produciendo una actitud de sospecha sobre la honorabilidad de los victorienses orgullosos de su patrimonio histórico cultural”. En otras palabras, que las señoras Chas y Medus le echaron sal a la herida con sus aplausos irónicos, como si estuvieran participando de la recuperación de un botín, que eso es lo que creían estar haciendo.

Ahora miralas

Tomate el trabajo de mirar las duplas de estatuas que se muestran en esta nota. No hace falta ser un especialista. Rápidamente verás que pectorales, polleritas, rostros y hasta emplazamientos de las mujeres/continentes son distintos, y que las diferencias saltan a la vista en ambos casos. La fiscal Josefina Minatta, que estuvo presente en el procedimiento, mantiene una posición mucho más equilibrada de lo que este periodista esperaba.

-Entiendo perfectamente que la comunidad victoriense se sienta herida y es probable incluso que tenga razón, pero necesitamos esperar las pericias. Además hay otro tema: si la estatua figura fotografiada en una lista de Interpol y nosotros la encontramos , ¿qué otra cosa podemos hacer?

-¿Pero cuál es la estatua que figura en el sitio de Interpol, la del Palacio San José o la del Museo?

-Es la misma que nosotros vimos en el museo, compruébelo por usted mismo -dice, y me pasa el link.

Página de Interpol: la foto de Asia está tomada en el Museo.

A primera vista, debo confesar, me parece que tiene razón, que es la misma. Lo mismo le ocurre, incluso, a Claudio González. En efecto, esa es la misma estatua que buscan. Lo curioso es que la foto que publica Interpol está tomada en el mismísimo Museo Anadón y no en el Palacio San José. Si se observa esta foto del patio del Anadón, quedará clarísimo que es así. Hay una evidente incongruencia.

Foto del patio: es el mismo que figura en la foto de Interpol. 
La foto que publica Interpol. La foto del patio del Museo, ampliada. Es, claramente, el mismo lugar.

La fiscal espera las pericias y la documentación que aportará el Museo de Anadón antes de sacar una conclusión. En Victoria deslizan con suspicacia un detalle: el director del museo se llama Guillermo Minatta. La fiscal es su sobrina. La doctora se ofende cuando le pregunto si es correcto que intervenga en esta causa.

-En primer lugar, el museo no es de mi tío, mi tío es sólo el director. En segundo lugar, el procedimiento fue ordenado por dos jueces, no por mí. De manera que no me parece pertinente la pregunta.

Por ahora, los victorienses esperan que les devuelvan sus estatuas y que les pidan disculpas. Confían en que los antecedentes históricos y el material fotográfico son suficientes para demostrar que no le robaron a nadie las dos “estatuas/continentes” que les secuestró la Prefectura. Todavía tienen atragantados los malévolos aplausos de las empleadas del Palacio San José, pero confían en que el que aplaude último, aplaude mejor.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *