30 años sin Federico Moura: historias y canciones para recordar a un gran artista

Por Daniel Riera.

Hace exactamente 30 años moría Federico Moura, cantante de Virus, figura central del rock argentino de los 80. Tenía apenas 37 años y todavía no se había inventado el cóctel de drogas que convierte al Sida en una enfermedad crónica, con la cual se puede convivir y morir de viejo. Federico se adelantó a los avances de la ciencia: el mundo no estaba listo, aún, para mantenerlo con vida. Su música lo sobrevivió. Su aura, también. Canciones de los siete discos que Federico grabó con Virus siguen escuchándose en la radio: su último disco, Superficies de Placer, es hoy tan clásico como sus antecesores Rélax o Locura, aunque en su momento no tuvo ni por asomo la misma repercusión. Varias de las letras que Roberto Jacoby escribió para el disco parecen aludir a la idea de que Federico está cerca de la muerte. Tal es el caso, por ejemplo, de Ausencia, esa que dice “Las cosas se alejan de mí, es difícil poder tocarlas…”


Jacoby, sin embargo, le dijo a este periodista que cuando escribió la letra de esas canciones ignoraba que Federico estuviera enfermo. No es tan raro ni tan misterioso: hay cosas que flotan en el ambiente, que no precisan ser dichas de manera explícita. Virus trabajaba sobre ese campo de sutilezas: recién muchos años después se supo que una de las canciones de la banda, Ellos nos han separado, estaba dedicada a Jorge Moura, hermano mayor de Federico, Julio y Marcelo, desaparecido durante la última dictadura.


Jorge militaba en el ERP y trabajaba en una distribuidora de Coca Cola. Su camión fue el caballo de Troya con el que el ERP intentó copar el batallón Domingo Viejobueno, de Monte Chingolo, en 1975. Jorge sobrevivió a esa batalla pero no a la dictadura. Tras la muerte de Federico, la periodista Gabriela Borgna escribió un artículo en Página/12 llamado Una generación. Gabriela hablaba de dos maneras de intentar cambiar el mundo, la revolución y la música, y de una generación (la de Jorge, la de Federico) donde se hacía difícil morirse de viejo.


Cuando salió Wadu Wadu, el primer disco de Virus, tres jóvenes chetos de Belgranodescubrieron que había unos pibes de La Plata que andaban buscando algo parecido a ellos. No era exactamente la música, era algo difícil de definir, algo que sintetizamos como podemos con la palabra “actitud”. Gustavo CeratiZeta Bosio y Charly Alberti se pusieron en contacto con la banda, y así fue como Federico terminó siendo el productor del primer disco de Soda Stereo.

El 25 de diciembre de 1988, Marcelo y Julio Moura subieron al escenario de la discoteca La Casona, de Lanús y cantaron y tocaron Wadu Wadu con los Soda. Apenas cuatro días después de la muerte de Federico, decidieron despedirlo sobre el escenario.  Escuchen el audio que aquí sigue, que empieza con las amorosas palabras de Gustavo y su homenaje a “ese hombre alado que fue Federico Moura“.

Sus viajes por capitales del mundo, su caudal de información sobre la música del mundo, su gusto por la moda, su inteligencia, su talento y su desprejuicio ayudaron a proyectar a Virus como una banda distinta de todas las demás, en una época en la cual al rock argentino se pasaba de solemne. Ahora prácticamente nadie niega la importancia y la influencia de la banda. Sin embargo, Virus fue despedido a naranjazos del festival Prima Rock, de Ezeiza. Incluso una parte del público le dio la espalda en señal de protesta. En los comienzos, varias de las críticas recibidas fueron entre adversas e hirientes. Recién consiguieron la adhesión popular con Agujero interior, su tercer disco. Hay que salir del agujero interior, cantaban mientras el país salía del más negro de los pozos posibles y entraba en la vida democrática.

Satisfecho con el éxito de Virus, el productor Michel Peyronel les propuso repetir la fórmula en su disco siguiente. Fiel a sus deseos por sobre todas las cosas, la banda decidió hacer otra cosa. Rélax vendió bastante más, incluso, que Agujero interior. Virus ya se había instalado.

El indudable hit de Rélax es “Amor descartable”, ese que dice. “Tengo que ordenar/esta confusión/Quiero estar libre/para un nuevo amor”. Probablemente los lectores más jóvenes que conocen la canción pero no habían nacido cuando el disco fue editado, ignoren que cuando la banda tocaba en vivo, después de “Tengo que ordenar” el público cantaba “Chupame un huevo”, y después de “Quiero estar libre”, el público cantaba “Chupame el otro”.  Parece mentira en una banda tan elegante, pero así era. A Federico le encantaba esta forma acaso tosca de participación popular, esta intervención en sus canciones.

Las últimas grabaciones “oficiales” de Federico no fueron con Virus, sino con Leda Valladares, que en 1988 emprendió Grito en el cielo, un ambicioso proyecto que consistió en grabar con músicos de rock canciones populares del norte argentino recopiladas por ella misma. Federico participó con el guitarrista de Virus Daniel Sbarra y grabó “En Atamisqui” y “A mí me dicen el tonto”. “Al oír los alaridos/el finado se enderezó/apagó todas las velas/ y el velorio se acabó”, canta Federico, en lo que parece el mejor consejo posible para recordarlo.

 

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