Acampe a la vera del riachuelo: a una semana de los 195 despidos, los trabajadores de la aceitera Cofco resisten para defender su trabajo

Por Analía Serrudo (texto y fotos).

Ahí están.  Los trabajadores despedidos de la empresa ex “Nidera” actualmente COFCO, que fabricaba hasta hace una semana el aceite Legítimo, mantienen su reclamo sin perder las fuerzas del primer día, apoyándose entre los compañeros y sus familias. Dicen que van a quedarse allí hasta las últimas consecuencias. Para mantener el acampe vivo, los trabajadores se rotan en función de los turnos que tenían en la fábrica, incluso respetando los días de franco aunque muchos de ellos no sólo permanecen en ese horario sino que se quedan más tiempo. La incertidumbre los ahoga y los pensamientos vuelan cuando se trata del mañana y de que pasará en el futuro con sus puestos laborales.

Aunque el asentamiento es precario y tal vez las condiciones no son las mejores para estar allí, ellos se pasan el tiempo entre mates y juegos de cartas, charlas y risas, porque a pesar de todo las esperanzas de regresar al lugar que les dio techo y comida tantos años, aún perduran.

Entre los despedidos, 155 son trabajadores de convenio, es decir operarios de producción que con sus manos realizaban el aceite. El resto son trabajadores administrativos, que no forman parte del acampe porque no están agremiados como Aceiteros y no se estableció una relación con ellos. Los 155 operarios son varones. Sólo había mujeres entre los empleados administrativos, algunos de los cuales optaron por arreglar una indemnización y se desvincularon de la empresa.

En su mayoría, al momento del despido estaban de vacaciones. Muchos de ellos estaban fuera de la ciudad. Maxi, un trabajador y delegado nos cuenta el clima que se respira a una semana del acampe. “En cuanto a las familias podemos decir que hay variedad, no todas están apoyando incondicionalmente: algunas sí y otras no tanto, ya que la presión del compañero por encontrar un nuevo trabajo se siente, el tema es muy delicado y nosotros como delegados tenemos que tener mucho tacto a la hora de hablar con ellos para poder sumar a la familia a esta lucha, la cual es diaria y cotidiana y es muy importante lo que piense la mujer de ese trabajador que se quedó en la calle. Hay que ver en que está pensando ese trabajador, si está con la mente en la lucha del día a día o está mirando al futuro. Es una tarea muy compleja incluso para nosotros como delegados, la responsabilidad que tenemos  de transmitirles a los compañeros la seguridad y una perspectiva de que existe la capacidad de ofrecer una lucha, dando pelea y agotando todas las posibilidades.”

Entre charlas y mates, van llegando trabajadores de los siguientes turnos. Carlos Franco, de 56 años ,llega al acampe y agradece la difusión del conflicto. Nos transmite su preocupación y sus ganas de que esta pesadilla termine. “Pedimos por la reincorporación para vivir dignamente, no es nada del otro mundo pero así y todo lo que más necesitamos es la contención de las familias para seguir adelante. El clima del campamento es óptimo, pero la incertidumbre nos golpea. No sabemos qué va a pasar mañana, por eso necesitamos del apoyo de todos.”

Carlos aprovecha el momento para denunciar el accionar de la empresa con respecto  a la contaminación ambiental que genera dañando a la población cercana a la fábrica, volcando agua contaminada de la planta biológica. Sergio Rojas vive en Longchamps y también fue despedido mientras se encontraba de vacaciones. En el acampe también se encuentran su esposa y su beba casi recién nacida. “Estamos constantemente tratando de levantarnos el ánimo, que por momentos decae. A mí me toca el turno de la mañana, pero no lo respeto porque cuando llego a mi casa quiero volver, y si tengo tiempo libre también lo hago. Lo que nos queda es creer que se puede y pensar que la situación va a cambiar de alguna manera. “

La policía merodea la zona e incluso dentro de la fábrica, efectivos vigilan la entrada para que nadie ingrese a la planta. Sin miedo a la represión, los trabajadores se encuentran tranquilos ya que su manifestación es pacífica. Aunque Sergio dice que del otro lado del vallado sí hay miedo y por lo tanto amenazas pasando a cada rato, mostrándose con estacas y mirando constantemente hacia el campamento. “Eso es algo que da mucho bronca, si ellos son trabajadores como nosotros. Esto es el pueblo contra el pueblo, y acá los que tienen que accionar son los políticos y la empresa.”

Por su parte Chicho, delegado de la planta, cuenta que el día que no dejaron ingresar a sus compañeros, él era el único que se encontraba adentro. Ahora comprende la razón de un sospechoso pedido de la patronal. “En ese momento me tomó de sorpresa el tema de los despidos, pero sabíamos que algo iba a pasar porque cuando nos sentamos hablar por las vacaciones hicieron hincapié en que todos nos tomáramos vacaciones la última semana de diciembre, previa a las fiestas.”

La única respuesta que se les dio a los trabajadores cuando, de vuelta de sus vacaciones, intentaron reincorporarse a sus trabajos,  fue “Acá no ingresa nadie más, cerro la planta.”

En cuanto al acampe, Chicho dice que se encuentran organizados respetando sus turnos, a la espera de los trabajadores que están fuera de la ciudad. “Vamos a seguir todos los pasos de la ley, porque si tenemos que hacer las cosas enojados, hace rato hubiésemos entrado, estamos acá para dar pelea a todo lo que se nos presente en el camino.” En medio de este panorama oscuro, al menos este mes cobrarían el sueldo con un aumento del 23% y un premio de fin de año que todavía deben cobrar, gracias a una paritaria exitosa acordaba con el gremio. Esto lleva a un marco de tranquilidad al hogar, por lo menos hasta que concluya la conciliación obligatoria en los primeros días de febrero.

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