Mónica Almada, de H.I.J.O.S: «Necesitamos memoria para construir el futuro y no repetir los errores»

Por Federico Arcelli.
Foto: Mailén Cervera Novo.

Mónica Almada es militante de la Agrupación H.I.J.O.S. de Lanús. Tiene 54 años y es abuela. Cuando tenía 11 vivió junto a su hermano de 8 lo peor.  Meses después del golpe cívico militar de 1976, se llevaron detenidos a sus padres. Ellos continúan desaparecidos, pero su lucha sigue, encarnada en su hija. «Mis viejos pelearon por sus ideales que son los mismos que defiendo hoy», aseguró.

-¿Cómo vive H.I.J.O.S. el día a día como organización?

-Tenemos una estructura con la que visitamos las escuelas para dar charlas. Hacemos muchas actividades durante todo el año, pero lo que sucede es que se concentran más actos en la semana cercana al 24 de marzo. No hemos sufrido persecuciones ni contratiempos, pero el sábado pasado, luego de terminar las pintadas de pañuelos blancos con el apoyo de organizaciones del distrito, nos enteramos que en una de estas plazas vino la policía. No hay agresión directa, pero sí cierta intimidación y mal clima. De todos modos, pudimos completar la actividad y pintar. Lo que más nos gratifica es que se acerquen vecinos y familias de todas las edades para ayudarnos a pintar, cebarnos mates o preguntarnos si necesitamos algo. Es muy emotivo.

-¿Cómo es ese acercamiento con los chicos en el colegio?

-Muy gratificante. Algo que me llama mucho la atención es que cuando le pregunto a los alumnos, que son chiquitos, si conocieron a algún familiar o vecino que haya sido víctima de la última dictadura, siempre hay alguien que levanta la mano y me dice que sí. Trabajamos estos acontecimientos como política pública, sobretodo para la escuela, para interactuar con la gente que rememora, se acuerda y quiere hablar de este tema tan importante. Necesitamos memoria para reconstruir el futuro. Sino volveremos a repetir los mismos errores. Sobre esto enfatizamos en las charlas que damos en las escuelas.

-¿Cómo fue tu vida respecto a la última dictadura?

-Tengo a mi mamá y a mi papá detenidos y desaparecidos desde el 13 de junio de 1976. No supimos más nada de ellos. Yo tenía 11 años y mi hermano 8, cuando llegó ese día. Mis padres militaban en el PRT (Partido Revolucionario de los Trabajadores) y en el barrio eran muy reconocidos por su militancia popular. Eran personas muy queridas y tenían ideales. Escucho a muchos nombrar la frase «pensaban distinto» y yo más que eso creo que tenían ideales, y eso es lo más importante. Salvo los grupos de poder hegemónicos, que son una minoría, no creo que haya alguien que no piense en tener un país y un mundo mejor. Mis viejos y esa generación tuvieron ideales que defendieron y son los mismos que defendemos hoy como hijos. Nos sentimos orgullosos de su lucha que nos quedó marcada a fuego.

-¿Cómo fue el momento de la desaparición?

-Vivíamos en Islandia y Hornos, Villa Fiorito. Era domingo a las 5 de la mañana cuando allanaron el domicilio. Rompieron todo y volaron la puerta de entrada cuando dormíamos. Era de noche todavía y ellos estuvieron por nuestro techo y también en el de los vecinos. La calle era de tierra y los perros ladraban por los ruidos que habían hecho. Los vecinos vieron todo porque el despliegue fue terrible. Se llevaron a un amigo de mi viejo, llamado Manuel Souto, y también a mis papás. Viste que siempre tenés la imagen de tu mamá y tu papá como las personas que te protegen en la vida. Yo veía como los golpeaban muy fuerte y se los llevaban vendados con ropa interior, cuando hacía un frío impresionante. Nos dejaron solos a mi hermano y a mí, con ocho y once años, se robaron dinero y la escritura de la casa, que nunca apareció. A mi hermano le apuntaron con un arma y le dijeron que se callara la boca porque sino también se lo llevaban. Es una violencia muy grande la ocurrida en un allanamiento clandestino. Por suerte no nos llevaron a mi hermano y a mí. Mirá lo que encima tenemos que agradecer.

Se llevaron a mis papás vendados y en ropa interior, con un frío impresionante»

-¿El amigo de tus papás también militaba ellos?

Sí, eran compañeros de militancia. De hecho, a su mujer se la habían llevado anteriormente, cuando tenía en brazos a Alejandra, que hoy es mi mejor amiga. Dejaron a la aquel entonces bebé en la calle y los militares le dijeron a algún vecino que se hiciera cargo.

-¿Cómo siguió tu vida después?

-Continuamos como pudimos porque ya teníamos detenida a una tía en el año 74. Además, habían matado a un tío mío ese mismo año. Veníamos de una familia muy golpeada ya desde la Triple A. Diezmados, mi abuela paterna tuvo que hacerse cargo primero de mis dos primos cuando mataron a sus padres y después de mi hermano y de mí. Éramos una familia muy humilde; mi papá trabajaba en la fábrica de Bagley. La peleábamos día a día. Para mi abuela hacerse cargo de cuatro nietos fue muy difícil, aunque ella fue una de las primeras a acercarse a Madres de Plaza de Mayo. Todavía recuerdo cuando venía con las rodillas ensangrentadas luego de que la reprimiera la policía montada en la Plaza. Fueron años en los que estábamos muy aturdidos y no teníamos noción de lo que se estaba montando como aparato represivo. Mi abuela murió en el 81, de cáncer de páncreas, cuando tenía 60 años. La pagamos caro con la salud física y mental. Mi hermano falleció en 2007, a los 49 años. Es por eso que me alegra y me emociona muchísimo ver a las madres y abuelas con más de 90 años peleando como lo hacen. Es un ejemplo que pocas veces se vio en el mundo. Seguir con vida para seguir peleando.

Mi abuela paterna se hizo cargo de mis dos primos, de mi hermano y de mí»

-¿Costaba hacer pública tu historia?

-Muchas veces no podíamos decir a viva voz que éramos hijos de desaparecidos. Teníamos que ver el lugar, el espacio, a quiénes y con quienes dirigirnos. El silencio fue lo que más se sufrió. Ahora la posibilidad colectiva de transmitir lo que fue silenciado durante mucho tiempo, y los Derechos Humanos como política de Estado, son cosas que nos mantienen de pie.

 -¿Cuánto influyó el gobierno Néstor Kirchner en manera de Derechos Humanos?

-No puso el tema en el centro de la escena, sino también realizó el juicio a las juntas. Durante el alfonsinismo y el menemismo se desarrollaron sistemas para perdonar y no juzgar. Fueron juicios muy leves y luego se sancionó la ley de obediencia debida y punto final que buscaba la impunidad de los genocidas. Con Néstor Kirchner, cuando pidió perdón y bajó los cuadros, renacimos. El gobierno anterior hizo de los Derechos Humanos una política pública, de Estado. Los juicios a las juntas fueron únicos. Son cosas importantísimas para mí y para todos nosotros. Cuando escucho que a las madres y a las abuelas se las asocian al kirchnerismo, hay que entender que está perfecto que así sea. No nos avergüenza decirlo, sino más bien al contrario. Estamos recontra agradecidos con ellos por lo que hicieron. No hace falta que lo digamos, ya que lo expresamos en lo cotidiano.

Estamos muy agradecidos al kirchnerismo»

-¿Cuánto se padeció el triunfo de Cambiemos?

-Cuando ganó Macri, mi hermano entró en un estado de depresión importante. Me decía «uh, flaca, otra vez volver a lo mismo». Habíamos sido marcados como terroristas y guerrilleros; la tuvimos que pelear en todos lados. Volver a lo mismo nos aterraba. A él le agarró mucha angustia, también, cuando vio a las madres marchando de nuevo, con más de noventa años. El gobierno de Cambiemos retrocedió brutalmente en materia de Derechos Humanos, pero vinieron a eso. Las Madres tienen que custodiar una camioneta para que no les roben la documentación. Son increíbles.

-¿Sentís igual que se construyó un piso difícil de doblegar?

-Sí, porque se marcó una conciencia muy clave. Vuelvo a destacar que la política de Derechos Humanos impulsada por el kirchnerismo sembró una semilla. Hoy la gente debate, consulta, quiere saber más y transita por un camino en el cual los derechos ya no se avasallan tan fácilmente.

-¿Militaste alguna vez, más allá de H.I.J.O.S?

-En la avenida de la democracia del 83 estuve un tiempo con una organización que se creó en Lanús para familiares de desaparecidos, pero tenía 19 años y estuve un año por diversos motivos. La verdad es que físicamente me hizo muy mal; nos juntábamos con compañeros que fueron detenidos y nos contaban sus experiencias. No lo pude aguantar. Cuando tuve que dar mi relato en la CONADEP me bajó la presión; estas cosas también se expresan en lo corporal. Dejé de militar en el 84 también porque tenía que trabajar para poder comer, ya que quedamos económicamente destrozados. Durante el kirchnerismo confieso que nos tranquilizamos un poco. Con Macri, decidí volver a militar otra vez en H.I.J.O.S.  y esto nos pasó a varios.

-¿Cómo analizás la actualidad?

Entendiendo que el aspecto cívico de la dictadura es un costado que debe darse siempre en las charlas de los colegios. Siempre hablamos de los milicos y de la dictadura como si hubiesen sido lo único, pero también hubo muchos civiles que acompañaron y apoyaron la dictadura, no sólo desde lo ideológico sino también en lo económico. Hoy, muchos de ellos están en el poder, como los Macri, los Mazot, los Peña Brown y los Ledesma. También los medios de comunicación, en su momento con Herrera de Noble y hoy con Magnetto. Creo que no se dio la misma relevancia al costado civil involucrada en el golpe. Por eso es importante recordar esto para no olvidarlo y caer en lo mismo.

-¿Y la situación política en general?

-Creo que estamos transitando por una debacle del macrismo. Hubo gente que votó a este modelo por no tener memoria o desconocimiento y que hoy se siente tocada en esto o por la calidad de vida que atraviesa su bolsillo. Algunos no pueden comer bien, otros directamente no comen, y los que pueden tienen que dejar apagado el aire aunque se mueran de calor. Familias amargándose por la próxima boleta que llegue a la casa. Esto, antes, estaba incorporado como calidad de vida y se descontaba. Hoy empeoramos, pero no creo que el vecino que en su momento votó con odio ahora lo haga en contra de sí mismo. Antes decían que los K eran chorros y ahora que todos son iguales. Tenemos que hacer entender que no todos son iguales y esto tiene que ver con el acceso que tiene la gente a la información.

-¿Quién te gustaría que ocupe el nuevo lugar en la presidencia?

En lo personal, me encantaría que sea Cristina. Macri dudo que gane y ella es la indicada. Lo que me preocupa es que algunos por odio o por negación tal vez decidan no votarla y se vuelvan a equivocar. Quiero a Cristina, pero por otro lado, me pongo en el lugar de ella y pienso que mejor no, porque la cascotearon mucho. Tal vez nuevos aires, pero con la misma conducción y lineamiento, también sirvan para sacarnos adelante.

Me encantaría que sea Cristina, aunque la cascotearon mucho».

 

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