Tomar el fútbol por asalto

Por Gustavo Veiga*.

Este texto forma parte de la serie Fútbol y memoria: un partido del presente, publicada por la Coordinadora DDHH del Fútbol Argentino. Me lo pidió Julián Scher, autor del libro Los desaparecidos de Racing.

Un aluvión de derechos que se ejercen, que pasaron de reclamo a práctica cotidiana. Clubes e hinchas que homenajean a sus desaparecidos. Mujeres que se movilizan y abrazan conquistas impensadas hasta un minuto antes. Vísperas de un 24 de marzo con gente en la calle, organizándose, con el deseo irrefrenable de marchar para recordar a quienes no están. Todo eso se respira, se percibe, se anticipa en un ambiente donde empoderados y empoderadas no volverán atrás. Porque hoy es mañana. Porque no hay regreso posible al pasado, por más que ciertas políticas del gobierno se empecinen en devolvernos a los años más oscuros de la dictadura. Esa bocanada de aire diáfano nos refuerza la idea de que otro mundo es posible, de que algo está cambiando ahora.

Las imágenes se ven como en un calidoscopio donde aparece el arte hecho homenaje a los militantes que gritaron un gol en la cancha de Banfield. Continúan en el equipo de Ferro que posa para la foto en el círculo central con los rostros de los desaparecidos del club. En las voces de las mujeres que suman sus voces para ser una sola: la voz del estadio con la excusa del 8 M. En las chicas que juegan al fútbol pero que saben, ¡por fin! cómo el esfuerzo en cada entrenamiento se transformará en un salario a fin de mes. En los ex colimbas de Malvinas que se movilizan para impedir que el embajador inglés en la Argentina sea recibido en el estadio de Arsenal de Sarandí. En los socios de clubes de barrio que se organizan para denunciar los tarifazos. En los atletas y profesores del Cenard y el Instituto Romero Brest que les dan un abrazo a sus edificios para evitar que sean entregados a la voracidad del mercado inmobiliario. En esa dinámica hay una fuerza arrolladora que llegó para quedarse y cambiar lo que el deporte da por establecido, nunca discute y es tan demodé.

La suma de todas esas voluntades, de esas luchas que tomaron al fútbol por asalto, en el sentido que Carlos Marx le dio a esa expresión – su textual fue: “Estos parisienses que toman el cielo por asalto” – es la expresión más revolucionaria que emerge desde la periferia de un juego que nos arrebató el poder. El poder de las corporaciones, de la FIFA, de la propia AFA – que hoy aparece como el instrumento para una reivindicación de mujeres que le arrancaron el fútbol profesional –, de las cadenas de TV que nos cobran derechos, de los políticos que determinan qué se puede ver y qué no, de los aparatos de seguridad que nos palpan de armas, nos flagelan, hasta convertir un partido de fútbol en una postal de guerra.

Bienvenido entonces este presente que nos abre la cabeza, que deja todo revuelto y de patas para arriba. Que nos ayuda a pensar otro deporte, otro fútbol. Enhorabuena.

*Periodista. Autor del libro Deportes, desaparecidos y dictadura. Su última obra se llama La vuelta al fútbol en 50 historias.

*Periodista | Página 12 | Derribando Muros.

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