Ernesto Ardito, director de «Sinfonía para Ana»: «La generación de los 70 fue una vanguardia política»

Por Federico Arcelli.

«Sinfonía para Ana» llega por primera vez a Lanús. Se proyectará este viernes a partir de las 18:00 en el Cine Tita Merello, ubicado en la Universidad Nacional de Lanús (29 de septiembre 3901, Remedios de Escalada). La entrada es libre y gratuita.

En diálogo con La Unión de Lanús, Ernesto Ardito, director del documental junto con Virna Molina, exterioriza las sensaciones sobre su trabajo basado en la vida política, social y amorosa de jóvenes militantes del Colegio Nacional Buenos Aires, en tiempos de la última dictadura cívico militar.

-¿Qué nos podés contar de Sinfonía para Ana?

-Es un documental que fue creciendo a partir de su estreno. Cuando empezamos a filmar la película en 2015, la situación era distinta en nuestro país. La historia trata de un grupo de chicos secuestrados y desaparecidos durante la última dictadura. Buscamos en ella una reivindicación de su militancia, pero lo que no sabíamos era que en la misma semana del estreno también iba a aparecer el cuerpo de Santiago Maldonado. Es por eso que el debate cambió su perspectiva para transformarse en una reflexión actual que buscaba recuperar esas historias del pasado. Generalmente, los debates que se dan al término del film no hablan solamente del 76, sino más bien de todo lo contrario. Nos deja una relfexión sobre la sociedad actual, sobretodo de los más jóvenes. Hay que decir que la película la pasamos mucho en los colegios secundarios porque es el público que más nos interesa.

-¿Por qué?

-Porque se da una especie de puente de memoria entre la generación de los setenta y ellos que nacieron prácticamente en el año 2000. También, en el medio existía una brecha a partir del pacto de silencio que se generó incluso años después de la vuelta de la democracia. Los chicos nacieron mucho después y es por eso que existe una brecha muy grande en lo que es reconocer esas historias. Aquellos pibes de 17 años luchaban por un mundo mejor y les costó la vida por el terrorismo de estado.

-¿Qué te inspiró para realizar este trabajo?

-Venimos haciendo cine documental desde hace casi 20 años, con la primera filmación basada en la vida del cineasta Raymundo Gleyzer. La mayoría de nuestros documentales abordan vidas y situaciones de los militantes de la década de los setenta. Queríamos llegar a través de este tipo de cine a lo cotidiano. Un documental está atrapado en lo que es el material de archivo y testimonio de la actualidad con personas que ya no son lo que eran en ese momento. Sinfonía para Ana, sin embargo, plantea un túnel del tiempo para hallar la subjetividad íntima, tanto de lo que es la política, como el amor, la vida y la sexualidad de una chica adolescente del 76.

-¿Está basada en hechos reales?

-Sí, en la historia de Gaby Meik, la escritora de esta historia. Fue un ejercicio de memoria para ella también. Es por eso que escribió la novela para no olvidar. Ella sentía que pasaba el tiempo y que se empezaban a borrar de apoco los mejores momentos que vivió. Sinfonía para Ana está inspirada en su vida real. Eran tres amigas, una de ellas Magdalena Gallardo, que sería Ana, porque desapareció. Nos gusta trabajar con lo que llamamos estética del recuerdo porque es un lenguaje basado en las emociones, percepciones, plano muy cercano y montaje conceptual emotivo. No es una película convencional, sino que va más hacia lo visceral, a qué es lo que estaban sufriendo los chicos de ese colegio en ese momento.

-¿Te tocó de cerca la dictadura?

-No, ya que no tuve ningún familiar desaparecido ni preso político. Lo que sí empecé a trabajar en los noventa fue con la recuperación de todo ese grupo de militantes. Estaba muy cercana la etapa de la dictadura. Nosotros somos como una especie de generación puente con esa época de la que muy pocos querían hablar y por eso también costaba mucho encontrar archivo. Hicimos un trabajo muy duro y arqueológico, que fue muy fuerte y nos marcó para toda la vida. Es por eso que nos seguimos dedicando a esa perspectiva: la memoria.

-¿Qué tan difícil fue luchar por la búsqueda de la verdad en tiempos de indulto, obediencia debida y punto final?

-Mucho. Trabajamos directamente con los protagonistas y no tanto con las organizaciones. Fue muy traumático para ellos. La película de Raymundo Gleyser, que fue la primera, fue la que más me llegó y me conmovió. Juana, su esposa, que vive en Lavallol, me invitó a su casa donde tenía todos los archivos de él, fotos carpetas y las anotaciones sobre sus películas. Ella no abrió el material hasta el día que llegué por primera vez. Era acceder a todos sus recuerdos, fue muy fuerte. Juana lloraba todo el tiempo; charlábamos sobre la necesidad de contar estas historias a la nuevas generaciones. Fue muy fuerte desde lo íntimo. Las instituciones tiene una misión más política que es al búsqueda de la justicia y es muy valedero. Pero, en lo íntimo hubo muchas familias que les cuesta hablar hasta el día de hoy. La última película, llamada «El futuro nuestro» fue un documental basado también en alumnos desaparecidos. Allí llegamos a «Sinfonía para Ana». Se trata de redescubrir historias a partir de una película. El cine documental sirve para eso.

-¿Qué tan importante es Sinfonía para Ana en tiempos de retrocesos en los DDHH?

-Lo que tiene «Sinfonía para Ana» es que es una ficción, pero mantenemos siempre la idea de trabajar con las fuentes originales o con los protagonistas. Quiénes fueron y estuvieron ahí en los hechos, no solamente en lo que fue el terrorismo de estado sino también en la búsqueda de quiénes fueron esos militantes que terminaron secuestrados, desaparecidos y exiliados. Sinfonía tiene la posibilidad de ver y vivir junto a ellos ese periodo anterior al 76. No hay nada mejor que tener esa presencia y esa voz en la sala de cine para saber cuál era el valor humano de quienes luchaban por otro país. No hay nada mejor que eso, más allá de cualquier palabra de cualquier estúpido que utiliza los micrófonos y su cuota de poder para decir pelotudeces. El cine nos deja esa cuota de ratificación con esta generación golpeada.

-¿Cómo fue la elección de tu elenco, en el cual está tu hija?

-Sinfonía es una película que no tuvo un rodaje muy normal como muchas películas, justamente porque la experiencia que buscamos fue filmar dentro del Colegio Nacional Buenos Aires. Creo que los espacios son un eje con memoria. Existe la memoria y la energía de los espacios, algo que vuelve a ese pasado todo el tiempo y se conecta con las otras generaciones. Hicimos el casting de adolescentes con los alumnos del propio colegio donde ocurrieron los hechos porque queríamos que la película fuera una experiencia para ellos se conecten con la generación anterior. El rodaje fue muy emocionante y con mucho drama, más allá de la trama misma. Si bien existía un guión, también dábamos la posibilidad de dejar que fluya la situación en muchos aspectos. Además, estuvo presente Vera Jarach, madre de Franca Jarach, quien fue alumna del colegio y desaparecida después, hablando cotidianamente con todos los chicos. La distancia de las dos generaciones no se sintió.

-¿Es la primera vez que van a la Universidad Nacional de Lanús?

-Sí, es la primera vez que proyectamos. La motivación más fuerte es poder viajar a través de la magia del cine para convivir con un grupo de personas que ya no existen en su mayoría, que son muy pocos los que son como ellos y que se encargaron de que no sigan su camino porque en la actualidad serían dirigentes de nuestro país. La película no sólo narra esos objetivos políticos, sino también su mundo íntimo, con una mujer adolescente. Destaco esto porque estamos en tiempos donde buscamos que los derechos de la mujer trascienda de lo discursivo. Nos lleva a un debate muy actual a lo que se plantea. Las agrupaciones políticas de los 70 eran vanguardias políticas, pero todavía no se habían dado la lucha por la igualdad de la mujer. Lo que le pasa a Ana tiene que ver con muchas cosas que les pasan a las adolescentes de hoy. Invito a ver esta película por estas razones y no solamente por tratarse de los setenta.

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