45 años sin Aníbal Troilo: el recuerdo de Pichuco, un genio de perfil bajo

Por Daniel Riera.

La música popular argentina tiene en Aníbal Troilo a uno de sus más grandes genios. No se nota tanto, pero así es. Y digo «no se nota tanto», porque Troilo no tiene, por decir algo, ni el ego desbordado de Astor Piazzolla -que proclamaba, sin mentir, por supuesto, su propia genialidad- ni la épica militante de Osvaldo Pugliese, que le dedicó una milonga a Fidel Castro. Troilo es decididamente más austero. Su música, sin embargo, es maravillosa. Pensemos un poco porqué, medio aleatoriamente, y sazonémoslo con algunas historias de su vida.

Los cantores de su orquesta 

A ver si nos entendemos. Fiorentino. Alberto Marino. Floreal Ruiz. Jorge Casal. Raúl Berón. Ángel Cárdenas. Edmundo Rivero. Roberto Goyeneche. Roberto Rufino. No los nombré a todos. Nombré sólo a los que me parecen monumentales. Nombré a nueve cantores monumentales, de estilos completamente disímiles. El registro disciplinado, como un instrumento más, de Fiorentino. La potencia, casi lírica, de Marino. La calidez del Tata Ruiz y de Rivero. El «decir» de Goyeneche y Rufino. Cada uno tuvo lo suyo en esta línea de exquisitos.

Las letras de sus tangos

Homero Manzi, Cátulo Castillo, Enrique Cadícamo, José María Contursi, fueron sus principales letristas. No era ningún tonto para elegir con quién componía. Aníbal Troilo compuso 62 tangos. Elijo un tango hecho con cada uno de esos poetas. Con Homero escribió Sur. Junto a Cátulo, La última curda. Con Cadícamo, Garúa. Con Contursi, Toda mi vida.

Se le conoce una sola letra propia: la de Nocturno a mi barrio. Él mismo la interpretó. 

Su orquesta. Cómo sonaba

«La estrategia de Troilo no es la del exceso, sino la del pianísimo. En los comienzos de su orquesta, en los cabarets repletos de humo, risas, gritos e indiferencia, lo que aconseja a sus músicos e incluso a sus cantores (a sus primeros cantores: Amadeo Mandarino y Francisco Fiorentino) es arrancar en una especie de susurro para llamar la atención por medio de la sutileza y la elegancia. Es una de las grandes lecciones de Troilo en una época de potentes marcaciones rítmicas. Menos es más.

Rodolfo Mederos. «Troilo nos enseñó la economía musical; la idea de que la música no es buena porque tenga mucho, sino porque precisa poco».

(Tomado del libro Por qué escuchamos a Aníbal Troilo, de Eduardo Berti.) 

Astor Piazzolla

Astor estuvo cinco años en su orquesta, entre 1939 y 1944. «Fue un bautismo de tango», contó, orgulloso. Piazzolla escribió los arreglos de varios tangos que interpretaba la orquesta. «Yo ponía doscientas notas y él borraba cien. Algunos decían que era una cuestión de celos. Para mí, no, él estaba más allá de esas pequeñeces. Posiblemente lo que quería era defender un estilo, que la orquesta no sonara a Piazzolla si el arreglador era Piazzolla, ni a Galván cuando el arreglador era Argentino Galván. Lo que me parece muy justo». La relación entre ambos atravesó vaivenes, peleas, reconciliaciones. Finalmente, sellaron la paz. En 1967, Troilo le escribió una carta a Piazzolla. «Querido Gato: Siempre me he honrado con tu amistad. Mucho más ahora que ha pasado tanta agua debajo del puente. Ahora, repito, sólo me queda pedirle a Dios que te dé tranquilidad y a mí que no me desampare. Algo hemos hecho para merecerlo. Te abraza Pichuco. 19/6/67».  En 1970 se juntaron para grabar un disco simple con dos temas en dúo de bandoneones: Volver, y El motivo.

El bandoneón

Existió un momento exacto en que nos encontramos el bandoneón y yo. Fue la primera vez que vi un bandoneón en mi vida. Tenía 8 años, y mi vieja me había llevado a una fiesta campestre en un lugar donde ahora está la cancha de River.¡Si no seré viejo! Y bueno, ahí había unos músicos y fue la primera vez que escuché tocar el fuelle. ¡Me impactó tanto que me quedó para siempre! Claro, eso fue a los 8 años: a los 10 ya hice mi debut profesional en el Petit Colón. Toqué Canaro en París, que estaba de moda en aquellos años. ¡Por eso es que la gente cree que soy tan viejo!

Responso

Hay algunos temas que son mis preferidos, mejor dicho, los que más quiero: Sur y Responso… Responso nació una noche que estábamos en mi casa, había una gente ahí jugando al bacará, y yo, no sé… no sentía que estaba ahí. Eran las 4 d la madrugada y de repente agarré, me fui a mi habitación y empecé a tocar unas notas, así, hasta que salió Responso. Creo que era el mejor homenaje que podía hacerle a Homero.

El barrio

Era un festival que organizaba a parroquia, en el Centro Armenio… Salí al escenario y vi que había gente sentada en el suelo, gente joven… Estaba lleno… me puse a llorar porque era mi barrio el que estaba… Y para mí, estaba mi vieja también, mirándome como siempre… Me puse a llorar como estoy llorando ahora… Les dediqué la música… Dije: «A las baldosas de mi barrio, a ustedes y a los que no me conocieron…» Y me pareció que yo volvía como vuelven las golondrinas… Con la diferencia de que las golondrinas vuelven de día, y yo volví de noche. Porque sé que me voy a morir de noche…

Aníbal Troilo murió el 18 de mayo de 1975, hace 45 años. Su legado musical es inmenso. Su leyenda, también.