Lanús empató 3 a 3 con la T en un partido para el infarto
Decí la verdad. En algún momento del partido pensaste que el Grana se iba a comer ocho. Estábamos para el cachetazo, descubriendo que -al menos por ahora- Matías Pérez no es la solución con la cual soñábamos al problema de la defensa. Esta película ya la habíamos visto: cada ataque de Talleres era gol, o bien por mérito propio o bien por desatenciones de los nuestros. Así y todo , 0-3 a los 25 minutos era más de lo que nuestra paciencia y nuestro ánimo soportaban. Le pusimos una fichita al Grana con el gol del pibe López, ese súpercrack que ojalá nos dure un año más. Y así nos fuimos al descanso, pensando que la esperanza era lo último que se perdía, y resignados a que Lanús juegue al flipper: la pelota va con todo y vuelve con todo, y casi no pasa por el medio. Y Malcorra es ese jugador extrañamente lento y hábil que desborda y saca centros buenísimos. Y el Pepe Sand… De pie, señores. Fue un partidazo, con un segundo tiempo de palo y palo, y que incluso Lanús pudo haber ganado. Dicen que los empates jugando de local no se festejan, y claramente es cierto: lo que sí se puede celebrar es el coraje de un equipo que creyó en sí mismo, incluso cuando los que estábamos del otro lado habíamos perdido la fe. El Grana nos tapó la boca. Qué alegría. Vamos Grana.
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