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Un año sin Diego Maradona: el recuerdo de los pueblos del mundo y el dolor que no cesa

El 25 de noviembre de 2020, hace exactamente un año, moría Diego Armando Maradona. ¿Moría? Como dice una canción de Bersuit sobre el Che, Diego es «un muerto que no para de nacer». Así, permanentemente, lo hemos tenido en nuestra cabeza y en nuestra retina, en los murales que brotan como hongos en cada barrio, en los videos, que nos hemos acostumbrado a ver una y otra vez en las redes sociales, en las historias que cuentan quienes lo conocieron. Diego está y es mucho más que sus goles y que sus hazañas futbolísticas. Más que un símbolo de rebeldía, más que un muchacho peronista, más que un creador de frases inolvidables.

Hemos crecido con Diego: su figura nos acompañó incluso cuando estaba en Dubai o en Cuba. Alguna vez incluso lo hemos puteado, por qué no, como uno se putea alguna vez en la vida con sus mejores amigos, con sus hermanos, con la gente que de veras le importa. Nos ha preocupado tanto su salud que creímos imposible que finalmente ocurriera lo que ocurrió. Si Diego, siempre, terminaba esquivando la muerte como si fuera un defensor inglés…

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¿Cuál es tu momento Diego? No me digas que el partido con Inglaterra, pensalo un poquito más porque ese momento es de todos, pero a su vez todos tenemos un momento Diego que es único, que es nuestro. Por acá, por Lanús, hay algunos que lo tenemos con una camiseta granate en la Fortaleza, y hay otros que lo tienen con una camiseta roja y blanca made in Escalada. Fue un día de fiesta. Como ese día de 1995 en que Manolo Quindimil lo declaró ciudadano ilustre en el Rotili. Imaginate que sos uno de los pibes que recibían ese día sus premios de los Torneos Evita. Todos tenemos nuestro momento Diego. Ni siquiera hace falta que sea un gol. Puede ser una gambeta, un sombrero, una frase, una sonrisa, una foto.

Alguien, en las rejas del Hospital Evita, dejó una leyenda pintada con aerosol sobre un pedazo de chapa. Nació acá. Se hizo bandera y orgullo lanusense. Se pintó luego en un mural con su rostro en el mismo hospital. Nació acá. Ahora la calle donde nació se llama Diego Armando Maradona. Incluso los garcas del PRO que se negaron a rendirle el homenaje que se merecía en vida, no tuvieron inconveniente en cambiarle el nombre a Río de Janeiro luego de aquel fatídico 25 de noviembre de 2020. Nació acá, en Lanús, y hoy los pueblos del mundo lo evocan. Los laburantes saben, sabemos, que lo tuvimos de nuestro lado. Los futboleros saben, sabemos, cuánto lo hemos disfrutado. Todos y todas sabemos que la vida ha sido generosa al permitirnos disfrutarlo. Diego vivió mil vidas en 60 años, y en buena parte de sus mil vidas hizo más felices las nuestras. Muchas gracias. Siempre.