Itai Hagman presenta su libro en la UnLa: “Creo en la izquierda y el nacionalismo popular juntos”

Por Federico Arcelli.

“La izquierda y el nacionalismo popular ¿un divorcio inevitable?”, es un libro escrito por Itai Hagman y Ulises Bosia, que será presentado este viernes 7 de septiemebre a las 18 en el aula 5 del edificio José Hernández, de la Universidad Nacional de Lanús. Sus líneas reflejan las experiencias vividas y reflexiones político-militantes en relación al dilema histórico que aún no tuvo una respuesta concreta. ¿Es posible pensar en la izquierda y el nacionalismo popular confluyendo en un mismo espacio?

El trabajo será presentado por la rectora de la facultad, Ana Jaramillo; el concejal de Unidad Ciudadana-FPV Lanús, Edgardo Depetri; la concejala por Unidad Ciudadana-FPV Lomas, Daniela Vilar; y los dos autores. En diálogo exclusivo con La Unión de Lanús, Itai Hagman describió las sensaciones de su nueva obra y analizó la coyuntura histórica y actual del país, en vísperas al 2019.


-¿Qué sensaciones te genera presentar el libro en la Universidad Nacional de Lanús?

-Antes que nada, estoy muy agradecido por la invitación de las autoridades de la facultad, sobretodo en este contexto de ataque sistemático a la educación pública. Vengo de la universidad pública no sólo como estudiante sino también como militante. En este lugar comencé o, mejor dicho, intensifiqué mi vida militante. Es por eso que revindico a la educación pública como uno de los motivos más grandes de orgullo que tenemos como país. Las facultades del conurbano son las que más sufren las políticas de ajuste de este gobierno, que inclusive dijo que están de más y no tienen razón de ser. Es por eso que presentar el libro en medio de la lucha universitaria y en el conurbano es apoyar esta causa. Lo siento así.

-¿Qué podrías contar brevemente del libro?

-Se trata de una compilación de ensayos míos y de Ulises Bosia -el coautor- que muestra una serie de reflexiones políticas y teóricas a partir de nuestra experiencia militante de los últimos años. Es un libro político-militante que habla de un dilema histórico que atraviesa nuestro país, relacionado con las ideas y tradiciones de la izquierda marxista, en su afán de la crítica al sistema capitalista, y la tradición de los movimientos nacionales populares, con los que se ha atravesado una especie de divorcio histórico. De alguna manera nos preguntamos si efectivamente lo sucedido es un hecho inevitable, en el que hay que asumirlas como dos identidades y proyectos contrapuestos o si, por el contrario, puede haber diálogo y síntesis entre ambos modelos. Nuestra propia experiencia y reflexión en el libro apunta más bien a lo segundo.

-¿Izquierda y nacionalismo no sería una contradicción?

-Las palabras tienen su carga histórica. Cuando uno dice “izquierda” piensa en determinadas izquierdas que tuvo nuestro país a lo largo de su historia, las cuales fueron muy refractarias y reacias a la doctrina nacional popular. Izquierdas eurocéntricas formadas con la matriz del pensamiento europeo y con muchas dificultades para entender y adaptarse a la realidad latinoamericana y argentina. El nacionalismo también tiene su carga histórica. Existe en todo el mundo un nacionalismo que uno podría ver como más conservador o de derecha, con rasgos fascistas y xenófobos. Pero también hay una excepción, asociada con las ideas patrióticas de los sectores populares, con adhesión a las tareas de soberanía nacional. Eso forma parte de nuestra tradición. Si uno mira la historia del libro, hubo momentos donde tanto el nacionalismo como la izquierda se fueron encontrando por distintos procesos de radicalización, sobre todo en los últimos setenta años con el peronismo. En esos procesos, se produjeron planteos que uno puede asumir como izquierda tradicional y otros donde las izquierdas o parte de ellas han asumido posiciones a nacionalizarse y mimetizarse más a lo nacional y popular. De esos encuentros nos agarramos para plantear que esto es posible.

Izquierda y nacionalismo popular juntos es posible”

-¿Cuántas variantes de izquierda habría en nuestro país?

-Hubo una izquierda que ni siquiera asumió una posición de neutralidad en la polarización, sino que más bien apoyó a la derecha. Si recordás el conflicto con el campo, algunos partidos de izquierda se movilizaron a los actos en Palermo, contra el gobierno de Cristina. Eso no es una neutralidad sino una posición aliada a la oposición de derecha de ese momento. Son unas izquierdas que asumieron ese camino y fueron las mismas que estuvieron en contra de Perón cuando ejerció. Después existen otras izquierdas que toman una posición de neutralidad donde todos los que están arriba son lo mismo o, en tal caso, buscan separarse de la discusión al entender el escenario político como peleas de los de arriba, con las que no se tiene nada que ver. Ese pensamiento expresó el voto en blanco al kirchnerismo en 2015, y también posiciones similares en otros episodios. Por último, hay una tercera posición, digamos, que es la izquierda en el kirchnerismo y eso expresamos nosotros. Una izquierda que toma partido en la polarización, enfrenta a la derecha y no está en el medio, sino de un lado de la grieta. Se toma parte al mismo tiempo que se cuestiona el lugar donde se está. En el balotaje llamamos a votar a Scioli y no en blanco, a pesar que decíamos abiertamente nuestras diferencias o las cosas con las que no estábamos de acuerdo de la campaña. Pero, sin embargo, no teníamos ninguna duda que había que elegirlo a él y evitar una victoria de Macri.

Existe una tercera posición que es la izquierda en el kirchnerismo”

-¿A qué le atribuís las dos primeras posiciones de la izquierda?

-Una parte de ella tiene que ver con cierta irresponsabilidad a la hora de pensar el problema de poder y de gobierno. Hay que entender que no es lo mismo quien maneje los destinos del país porque va, incluso, en contra del mismo proyecto que asumieron. Podés decir que no tenés nada que ver con Scioli, pero conviene más que esté él antes que el profundo modelo de retroceso de derechos de Macri. O me conviene que gobierne Scioli, que a lo mejor implica algún retroceso, pero no tan fuerte como Cambiemos. Esto importa incluso desde un proyecto que se piensa como autónomo e independiente. No te tiene que dar lo mismo quien gobierne. Pasa que hay determinadas tradiciones de la izquierda que dicen que “cuanto peor mejor”.

-¿Que opinás del concepto “cuanto peor mejor”?

-Que nunca se impone, y esa es la trampa. Se trata, primero, de un problema ético porque estás promoviendo algo que implica mucho sufrimiento para la gente. Y segundo, que desde lo estratégico te convenga que gobierne Macri para llegar a ese peor, significa que estás perjudicando a millones de personas que van a sufrir y morirse de hambre por esto. Pero lo más grave es que el cálculo de “peor” no funciona porque no es que el pueblo sufre a Macri y después venís vos, gobernás y arreglás todo. En el fondo, el debate es si la izquierda tiene que separarse de la identidad de nacionalismo popular, en este caso el kirchnerismo, para sustituir y pasar a ser la conducción, o converger y en todo caso apuntar a que esa identidad de masas se vaya radicalizando y asumiendo posiciones cada vez más confrontativas contra los sectores dominantes.

Converger con el nacionalismo popular para que se vaya radicalizado”

-¿El kirchnerismo puede verse como una transición a la izquierda, en este proceso de radicalización?

-El kirchnerismo tiene una relación muy profunda e íntima con el peronismo, pero hay que explicar que tienen diferencias, porque sino se llamarían igual. Lo primero es lo que pasó con el peronismo en los noventa, lo cual generó que decirse peronista no alcanzara para asumir una ubicación exacta. Peronista, ¿pero de quién? ¿del menemismo de los noventa o de Perón del 45? Había que agregar un adjetivo porque no alcanzaba. Sin ir más lejos, hay peronistas que están en el PRO. El otro elemento tiene que ver con la crisis de 2001, donde se pusieron en crisis las estructuras políticas tradicionales. El peronismo y el radicalismo como identidades clásicas del siglo XX entraron en crisis y eso uno lo ve tanto por izquierda como por derecha. Por eso la derecha tuvo que construir el PRO, un partido político nuevo ante el agotamiento de las identidades. El kirchnerismo, por su parte, también se ha transformado en una identidad política, primero a través del Frente para la Victoria y hoy en Unidad Ciudadana. Considero que el kirchnerismo le agregó, además de la estructura política perdida en 2001, una síntesis del pensamiento crítico del siglo XXI de la izquierda, que en el peronismo no estuvo tan presente. Por eso muchos sectores que no vienen del peronismo se sienten identificados con el kirchnerismo. Incluso clases medias, que fueron muy adversas al peronismo tradicional pero se sienten identificados con el kirchnerismo.

El kirchnerismo le agregó una cuota de pensamiento crítico de la izquierda del siglo XXI, que en el peronismo no estaba tan presente”

-¿Qué opinás de Unidad Ciudadana?

-Es una experiencia muy buena porque logra integrar en un mismo espacio sectores que vienen de la izquierda, el radicalismo popular que no está de acuerdo con la alianza con el macrismo y obviamente un componente muy fuerte del peronismo. También hay una cuota muy grande del kirchnerismo de sectores que vienen de la experiencia del Frepaso o peronistas de izquierda que en los noventa se fueron del justicialismo por la traición menemista y hoy volvieron. Hay muchas identidades y recorridos presentes ahí que me parecen interesantes. A mí la experiencia de Unidad Ciudadana me parece algo atrapante porque incluso la considero una propuesta superadora al Frente para la Victoria, que estaba más asentado a la estructura política clásica del justicialismo. Unidad Ciudadana es una apuesta que decididamente nos convoca más.

Unidad Ciudadana es una propuesta superadora al Frente para la Victoria”

-¿Entonces el kirchnerismo sería una etapa superadora del peronismo?

-Es el peronismo del siglo XXI con los agregados de la izquierda y demás movimientos populares.

-Considerás que a la izquierda de Cristina está la pared?

-Depende a qué llamemos eso. Si uno piensa en que es posible construir una propuesta de poder a la izquierda de Cristina que pueda disputar realmente el poder en la Argentina, hoy te digo que no es posible. Lo que sí es factible es que haya expresiones que estén a la izquierda de Cristina y puedan aspirar a tener un diputado en el Congreso, pero no van a ser una opción de poder. Pero no por la dicotomía de izquierda y derecha sino porque lo que hay en nuestro país desde hace más de diez años es una polarización política, en la que todo lo que está afuera tiende a quedar al margen, ya sea el extremo izquierdo o quienes están en la ancha avenida del medio. La polarización disuelve cualquier opción que esté por fuera y no es el resultado particular de la política de Cristina o de Macri, sino que es algo que está en la sociedad. Hoy ves miles de personas que se movilizan genuinamente para que vaya presa Cristina. Es una base fija que hoy se mueve como en su momento lo hizo contra el peronismo. Pero, por otra parte, existe una base social muy fuerte que se moviliza para apoyarla. No es un invento de los medios o una estrategia política, sino que existe. En tal caso el PRO y Cristina representan esos dos polos.

No hay una propuesta a la izquierda de Cristina que pueda disputar el poder”

-¿Completa su mandato el gobierno?

-No estoy tan convencido de las posturas que dicen que no llega. Me la pasé discutiendo todos estos años afirmando que Macri no es De La Rúa. Se me hace difícil defender esta postura porque cada cosa que hace alienta esa idea, pero en definitiva sigo pensando que no es un gobierno que esté de salida. Es verdad que es muy predecible la situación, pero no creo que se adelante. Grabois dijo que quienes quieren que el gobierno se caiga son los que no tienen las posibilidades de disputar el gobierno en el mandato que viene porque los votos están polarizados. No son los sectores que quieren una salida democrática hacia el futuro. Creo que hay una situación respecto a las crisis anteriores que se da con una oposición política exigente. En la dictadura directamente no había. En el 89 existía, ganó y aplicó una de las políticas neoliberales más bestiales. En el 2001 no había porque el sistema político había explotado. Esta vez hay una oposición firme, y a su vez, también existe un importante sector popular movilizado. El nivel de organización es muy alto y eso lleva que el ajuste neoliberal no se permita del todo. Este contexto me pone optimista.

-¿Creés la vuelta de un gobierno nacional y popular en la gestión que viene?

-Militamos para eso. Considero que es posible. En 2017 se jugó la posibilidad de que exista un peronismo racional como parte del consenso neoliberal. Si eso se hubiese consolidado, tendríamos una situación complicada, pero eso no se dio porque quedó como principal oposición Cristina a través de Unidad Ciudadana. Se trata de una oposición frontal al gobierno Gracias a eso podemos pensar en la vuelta de una gestión nacional y popular que revierta las consecuencias de estos retrocesos neoliberales que vivimos en los últimos tres años. Tenemos que celebrar que no estamos como en el 99, donde había que votar una oposición que frenara al menemismo y que terminó haciendo en el poder las mismas políticas neoliberales.

Es posible el retorno de un gobierno popular en 2019″

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