Un ícono de la revolución latinoamericana: A 51 años del asesinato de Ernesto ‘Che’ Guevara

Por Federico Arcelli.

“Si usted es capaz de temblar de indignación cada vez que se comete una injusticia en el mundo,
somos compañeros”
, Ernesto Che Guevara.

Ernesto Guevara Lynch nació un 14 de junio de 1928, en la ciudad de Rosario, provincia de Santa Fe, por lo cual hoy tendría 90 años. Como hijo de su homónimo Ernesto Guevara y de Celia De La Serna, el Che tomó una decisión trascendental para su vida, impensada desde los ojos de muchos para él, debido a su situación económica resuelta. A pesar de sus comodidades y su futuro personal y profesional asegurado, optó por la liberación de América Latina.

Si bien podría haber sido abogado, escogió a la medicina y la política, dos de sus principales pasiones. A su vez, tampoco dejó de lado su vocación por el periodismo, la escritura y la poesía, con las cuales registró diversos momentos de sus recorridas por el país y el continente. Los sucesos trágicos ocurridos en la Guerra Civil Española y los más de cuatro mil kilómetros que caminó a lo largo y lo ancho de Argentina, con el fin de conocer la realidad social de su tierra, fueron los detonantes que terminaron de movilizar al Che en su afán de alimentar las ansias de transformar las injusticias en oportunidades para los más humildes y necesitados.

Con su formación marxista y leninista, pero su corazón en nuestra tierra, el Che siempre se interesó en la liberación de Latinoamérica ante las opresiones del imperialismo de los Estados Unidos. A través de la medicina y el periodismo, colaboró con asistencias en distintos países y escribió documentos para diversas agencias de noticias, en las cuales registró sus aventuras desde una perspectiva con sensibilidad social.

El Che fue uno de los revolucionarios más importantes, el ícono de la izquierda de Argentina, de Latinoamérica y del mundo, con su lucha ferviente por la instalación del socialismo y del comunismo en los pueblos. En consonancia con esta propuesta, fue la voz y la acción de la rebeldía que se opuso al sistema capitalista, por considerarlo estructuralmente opresor y generador de profundas desigualdades sociales. Un decidido y verdadero opositor al imperialismo.

El capitalismo es el genocida más respetado del mundo”

En 1955, Guevara conoció a los hermanos Fidel y Raúl Castro, en México. Allí se alistó como médico para la expedición Granma, que llevaría a un grupo de guerrilleros a luchar contra el régimen de Fulgencio Batista en Cuba. Adverso a las pretensiones imperialistas de Estados Unidos, tomó del marxismo y del comunismo los elementos necesarios para construir una identidad propia que tradujo en un movimiento fundamentado en la tesis de que no era necesario esperar a que las condiciones sociales produjeran una insurrección popular, sino que una pequeña guerrilla era suficiente para crear las condiciones y desencadenar el alzamiento popular. De este modo, los Castro y el Che se enfrentaron ante la dictadura cubana, a la cual pudieron vencer el 1 de enero de 1959 con la toma del poder.

El Che recibió la ciudadanía de aquel país y ocupó importantes cargos, como presidente del Banco Nacional, director del Departamento de Industrialización del Instituto Nacional de Reforma Agraria (INRA) y ministro de Industria. Él y su gobierno, lograron eliminar las desigualdades y el hambre en aquella nación, y transformarla en un ejemplo, alfabetizando a su pueblo, con una pobreza radicada y una desnutrición infantil cero, que persiste hasta la actualidad. Desde la revolución, Cuba se transformó en la principal “amenaza” de Norteamérica, junto con la Unión Soviética, debido a su sistema ideológico y político.

Entre sus principales iniciativas, Guevara fue el creador y el impulsor del trabajo voluntario, el cual desarrolló mayoritariamente en Cuba para fomentar los avances de la revolución. El domingo 22 de noviembre de 1959 llevó a cabo su primera jornada de trabajo voluntario con la construcción de la ciudad escolar “Camilo Cienfuegos”, en la antigua provincia de Oriente. Un hombre que no enfatizaba únicamente en la economía socialista de producción equitativa, sino también en una moral comunista de los pueblos, que permitieran la gestación de una conciencia colectiva y solidaria, despojada de lo material. El trabajo visto como una herramienta digna de crecimiento y no como un padecimiento, como se lo vive en el capitalismo.

Ahora vamos a iniciar un nuevo combate, el del sudor”

Su última visita a Buenos Aires se dio en agosto de 1961, cuando fue recibido en la quinta de Olivos por el presidente de aquel entonces, Arturo Frondizi. La no

En 1965, y mediante un escrito de agradecimiento a Fidel Castro, el Che decidió despedirse de Cuba para continuar su lucha, con las ansias de poder aportar en Argentina, aunque parecía difícil por la continuidad del sistema capitalista. Es por eso que continuó con sus viajes y migró a Bolivia.

Ernesto Guevara fue herido y capturado por el ejercito boliviano el 8 de octubre de 1967. Su asesinato se produjo al otro día, de manera clandestina por orden de la CIA. “Póngase sereno y apunte bien; va a matar a un hombre”, le dijo el Che a Mario Terán Salazar, su ejecutor. Desde aquel entonces, cada 8 de octubre se conmemora en todo el mundo el Día del Guerrillero Heroico, por motivo de su último enfrentamiento. El Che, un hombre que no pudo quedarse cruzado de brazos sin combatir la desgracia de los pueblos. Un ícono, un lider, un luchador incansable, por cierto, argentino.

Cinco lecciones del Che Guevara para la lucha latinoamericana


La Carta del Che:

“Año de la Agricultura”
Habana

Fidel:

Me recuerdo en esta hora de muchas cosas, de cuando te conocí en casa de María Antonia, de cuando me propusiste venir, de toda la tensión de los preparativos. Un día pasaron preguntando a quién se debía avisar en caso de muerte y la posibilidad real del hecho nos golpeó a todos. Después supimos que era cierto, que en una revolución se triunfa o se muere (si es verdadera). Muchos compañeros quedaron a lo largo del camino hacia la victoria.

Hoy todo tiene un tono menos dramático porque somos más maduros, pero el hecho se repite. Siento que he cumplido la parte de mi deber que me ataba a la Revolución Cubana en su territorio y me despido de ti, de los compañeros, de tu pueblo que ya es mío.

Hago formal renuncia de mis cargos en la dirección del Partido, de mi puesto de Ministro, de mi grado de Comandante, de mi condición de Cubano. Nada legal me ata a Cuba, sólo lazos de otra clase que no se pueden romper como los nombramientos.

Haciendo un recuento de mi vida pasada creo haber trabajado con suficiente honradez y dedicación para consolidar el triunfo revolucionario. Mi única falta de alguna gravedad es no haber confiado más en tí desde los primeros momentos de la Sierra Maestra y no haber comprendido con suficiente claridad tus cualidades de conductor y de revolucionario. He vivido días magníficos y sentí a tu lado el orgullo de pertenecer a nuestro pueblo en los días luminosos y tristes de la crisis del Caribe. Pocas veces brilló más alto un estadista que en esos días, me enorgullezco también de haberte seguido sin vacilaciones, identificado con tu manera de pensar y de ver y apreciar los peligros y los principios.

Otras tierras del mundo reclaman el concurso de mis modestos esfuerzos. Yo puedo hacer lo que te está negado por tu responsabilidad al frente de Cuba y llegó la hora de separarnos.

Sépase que lo hago con una mezcla de alegría y de dolor, aquí dejo lo más puro de mis esperanzas de constructor y lo más querido entre mis seres queridos… y dejo un pueblo que me admitió como un hijo; eso lacera una parte de mi espíritu. En los nuevos campos de batalla llevaré la fe que me inculcaste, el espíritu revolucionario de mi pueblo, la sensación de cumplir con el más sagrado de los deberes: luchar contra el imperialismo donde quiera que esté, esto reconforta y cura con creces cualquier desgarradura.

Digo una vez más que libero a Cuba de cualquier responsabilidad, salvo la que emane de su ejemplo. Que si me llega la hora definitiva bajo otros cielos, mi último pensamiento será para este pueblo y especialmente para tí. Que te doy las gracias por tus enseñanzas y tu ejemplo al que trataré de ser fiel hasta las últimas consecuencias de mis actos. Que he estado identificado siempre con la política exterior de nuestra Revolución y lo sigo estando. Que en dondequiera que me pare sentiré la responsabilidad de ser revolucionario Cubano, y como tal actuaré. Que no dejo a mis hijos y mi mujer nada material y no me apena: me alegra que así sea. Que no pido nada para ellos pues el Estado les dará lo suficiente para vivir y educarse.

Tendría muchas cosas que decirte a ti y a nuestro pueblo, pero siento que son innecesarias, las palabras no pueden expresar lo que yo quisiera, y no vale la pena emborronar cuartillas.

Hasta la victoria siempre. ¡Patria o Muerte!

Te abraza con todo fervor revolucionario

Che


Carta de Ernesto Che Guevara a sus hijos

A mis hijos

Queridos Hildita, Aleidita, Camilo, Celia y Ernesto:

Si alguna vez tienen que leer esta carta, será porque yo no esté entre Uds.

Casi no se acordarán de mí y los más chiquitos no recordarán nada.

Su padre ha sido un hombre que actúa como piensa y, seguro, ha sido leal a sus convicciones.

Crezcan como buenos revolucionarios. Estudien mucho para poder dominar la técnica que permite dominar la naturaleza. Acuérdense que la Revolución es lo importante y que cada uno de nosotros, solo, no vale nada. Sobre todo, sean siempre capaces de sentir en lo más hondo cualquier injusticia cometida contra cualquiera en cualquier parte del mundo. Es la cualidad más linda de un revolucionario.

Hasta siempre, hijitos, espero verlos todavía. Un beso grandote y un gran abrazo de Papá.

 

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