Utopías matan utopías: a un año de la final de Lanús en Copa Libertadores

¡Cómo pasa el tiempo! transcurrió un año de aquel día en que toda una ciudad se vistió de Granate para vivir y disfrutar de un hecho que, independientemente de su resultado, significaba un acontecimiento histórico para la vida del club y la comunidad. Todo un país expectante, una ciudad en los ojos del mundo. Un 29 de noviembre de 2017, Lanús disputaba por primera vez una final de Copa Libertadores.

Por Pablo Barreiros.

Fuimos felices y lo sabíamos. Vivenciamos las horas previas con ansiedad de parto, caminando por las paredes, imaginando mil escenarios posibles, respirando como en borbotones. Tuvimos ese sentimiento de representar al barrio, al pueblo, al país. De sabernos observados por el mundo viniendo de un lugar tan pequeño. Caminamos nuestras calles con pasión de adolescente que recién empieza, recordamos a todos los que ya no estaban y vivimos mil veces los mismos recuerdos de divisionales menores. Vimos la marea humana, lloramos de emoción sabiendo que lo que nos pasaba era único, era convertir definitivamente el barro en bronce, poner en carne lo que soñábamos de chico. Cumplir la última de las utopías: jugar la final de la Libertadores.

La revolución había vuelto a ser un sueño eterno, los malos tiempos cada vez eran más reales, el capitalismo redoblaba la apuesta y nosotros, pobres de cantos rodados en la cancha de tierra, no teníamos otra chance que seguir escupiéndole la sopa al Rey. Ya se la habíamos orinado a San Lorenzo y a River, nos quedaba ahora el esfuerzo final, y vaya si lo hicimos. Pero no alcanzó, nos quedamos en la puerta gritando cómo si otorgara copa, aplaudiendo orgullosos  esa gesta que, inconclusa por no coronar, no fue ni es menor. Y como toda utopía final que se alcanza, nos deparó una nueva, porque de eso vive el hombre, y también de su trabajo que escasea y por supuesto de fútbol: coronar la próxima vez y conseguir que haya una próxima vez.

Nos fuimos de la cancha con el sabor de haber estado muy cerca y el honor de haber estado tan lejos hace años, que nadie podría haberlo imaginado ni en sus mejores sueños de felicidad. Descubriendo que eso somos:  el mejor sueño de felicidad de gente que gestó a Lanús cuando la medida de sus utopías era sencillamente poder sentirte parte de un colectivo anónimo de voluntades que los hiciera creer en nuevas utopías todo el tiempo que alimenten las utopías de nuevas generaciones como las nuestra y, por sobre todas las cosas, como las que vendrán. Eso somos en definitiva, ese es el material cósmico del que se encuentra hecho Lanús: utopías devorándose utopías…

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada.