De la historia de Lanús… y algo más (III): 1972-2022, apenas medio siglo
Por Omar Dalponte.
La historia de Lanús y la historia del peronismo corren en paralelo
Nuestro primer intendente con el cargo de comisionado, don Juan Ramón Piñeiro, asumió el 1 de enero de 1945.
En ese mismo año que algún historiador calificó como el huracán de la historia ocurrió la gran jornada del 17 de octubre. Perón, días anteriores a esa fecha estuvo detenido en la isla Martin García, después sus carceleros se vieron obligados a trasladarlo al Hospital Militar y el pueblo, en una movilización sin precedentes, lo liberó.
Nació el peronismo. En la calle. Dejando postales de «patas en la fuente» y haciendo escuchar música de pueblo. También, en medio de la alegría el sabor de un trago amargo. Porque al mismo tiempo nació el antiperonismo cargado de odio y dispuesto a sembrar dolor y muerte. Su primer semilla de plomo la depositó en un cuerpo hasta ese día lleno de ilusiones y de juventud. Bajo la bala disparada desde una guarida de la antipatria cayó asesinado nuestro primer mártir, el joven Darwin Passaponti, regando con su noble sangre el asfalto de la Avenida de Mayo.
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Después, a partir del primer triunfo electoral del peronismo en febrero de 1946 vinieron nueve años de felicidad y progreso que la oligarquía y sus sirvientes no pudieron tolerar. Por eso produjeron el abril sangriento, el junio de horror y el septiembre trágico.(1)
Perón tuvo que sufrir el tiempo del exilio. Pero, como en las letras de tangos, las palabras REGRESO Y VOLVER en el peronismo están siempre presentes. Y el General volvió. Un día fue el día del regreso. Fue un 17 de noviembre de 1972.
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Perón regresó al país luego de 17 años vividos en el exilio. Los gorilas del general Pedro Eugenio Aramburu y del almirante Isaac Rojas, entre 1955 y 1958 quisieron arrancarlo del corazón y de la mente del pueblo fusilando, encarcelando, torturando, persiguiendo y proscribiendo a los peronistas. No pudieron. Más adelante, Arturo Frondizi, elegido presidente de la Nación en 1958, trampeando a los argentinos, traicionando a Perón, entregando el petróleo a los yanquis con el nefasto Alvaro Alsogaray como ministro de Economía, tampoco fue capaz de gobernar. El peronismo resistiendo no se lo permitió. Después de un tiempo, el radical Arturo Humberto Illia, que había llegado a la presidencia en 1963 con un mísero 23 % de votos y sin los atributos personales necesarios para cumplir con semejante función en tan difíciles circunstancias, en 1964 hizo fracasar el retorno del General mediante la gestión en Brasil de su ministro de Relaciones Exteriores, Miguel Ángel Zavala Ortiz, quien en junio de 1955 había tenido participación directa en el bombardeo a la Plaza de Mayo. A partir del golpe de estado del 28 de junio de 1966, el dictador general Juan Carlos Onganía procuró aislar a Perón deformando al peronismo con la colaboración de los burócratas sindicales participacionistas con el “Lobo” Augusto Timoteo Vandor a la cabeza. El país explotó a los pies de aquel militar bruto y el metalúrgico Vandor murió con la corbata puesta ajusticiado vaya a saber uno por quienes. En 1972, el general Alejandro Agustín Lanusse que encabezaba la última etapa de la autodenominada Revolución Argentina, afirmó que al general Perón “no le daba el cuero para regresar” y aseguró que los militares bajo su mando no llevaban las armas de adorno. Perón lo destruyó respondiéndole que lo que tenían de adorno era la cabeza. A pesar de las mil maniobras que realizó aquella dictadura con su ministro de Interior, el radical Arturo Mor Roig, para impedir el retorno de Perón, el 17 de noviembre de 1972, el líder del Movimiento Nacional Peronista pisó tierra argentina.
Ese día, en Lanús, muy de madrugada, un grupo de compañeras y compañeros nucleados en la Agrupación 4 de Junio cuya titularidad ejercía el compañero Roberto Miguelez, partimos de la vieja casa ubicada en la calle entonces llamada Emilio Mitre, entre Córdoba y Gaebeler, Lanús Este. Nuestro destino era Ezeiza. Bajo un cielo encapotado caminamos viejos y jóvenes peronistas, mujeres y varones, ellas y nosotros. Helicópteros de la policía de la provincia de Buenos Aires surcaban el aire con la pretensión de quebrar nuestro ánimo militante y el de todas y todos que desde distintos lugares de Lanús partíamos para recibir al inmenso General. A cada pasada de esas máquinas la respuesta eran las vivas a Perón. El peronismo en la calle no arruga nunca. Ahí marchamos bajo la llovizna junto a Juan Picarelli y su esposa, también con Héctor “Picha” Guidi, Graciela Gutierrez, y entrañables compañeros como René y “Patilla” de la UB “Sproviero”, Bonelli y Porota Ratto. Varios ya no están. Pero como diría Discepolín “aún nos guían”.
Nos concentramos en la zona de la estación ferroviaria de Lanús y partimos con el conjunto de compañeros desde la esquina de Pavón y Olivieri, calles que ahora se llaman Hipòlito Yrigoyen y Juan Ramón Piñeiro. Ya éramos muchos. En el trayecto la cuota de emoción la dio una anciana que se sumó diciendo que reafirmaba su compromiso con el General y con su hijo… asesinado por la dictadura fusiladora en el año 1956. A las siete y media de la mañana llegamos formando una columna de gran volumen.
Frente a nosotros las fuerzas conjuntas de Policía y Ejército. De nuestro lado miles de brazos en alto, los dedos en “V”. Del otro lado los perros, los gases, las Itakas y las ametralladoras. De nuestro lado la razón y el Himno Nacional… “Oh juremos con gloria morir”. Del otro lado la sinrazón y la represión. Represión bárbara que como pueblo aguantamos. Quebramos el cerco, corrimos saltando charcos y techos. Finalmente pudimos ubicarnos sobre la ruta que lleva al aeropuerto. La lluvia persistía. Pero la multitud no aflojó. La milicada por momentos se venía con todo. Pero el pueblo peronista estaba allí. Mujeres, hombres, viejos y jóvenes. Embarrados, mojados, pero firmes.
Por fin llegó el General, Fue un solo grito: PERÓN!!. Aterrizó el avión. No pudimos acercarnos. La dictadura y la burocracia, de común acuerdo, impidieron el contacto del pueblo con su líder. Rucci abrió el paraguas. Todo un símbolo. El “entorno” funcionó. Pero eso es parte de otra historia. Muchos de los viejos compañeros ya no están. Otros muchos quedamos. Y a pesar de tantos inviernos pasados tratamos de seguir luchando, con la mirada puesta en el futuro, por la liberación nacional y social de la Patria.
El GENERAL COPÓ LA PARADA.
El 25 de noviembre de 1972, Perón convocó a una reunión en el Restaurant “Nino” de la localidad de Vicente López. A partir de allí comenzó otra historia”. Efectivamente, en aquella reunión Juan Perón impulsó el Frente Justicialista de Liberación para competir en las elecciones generales que se realizaron el 11 de marzo de 1973. A dicha reunión, según las crónicas de la época, asistieron Ricardo Balbín por la UCR, Jorge Abelardo Ramos, titular del FIP (Frente de Izquierda Popular), también Horacio Sueldo (Partido Revolucionario Cristiano), Claudio Sagol en nombre de Oscar Alende (Partido Intransigente) y Héctor Sandler (UDELPA). Finalmente, en días posteriores, dicho frente quedó conformado y fue encabezado por la fórmula Héctor J. Cámpora (peronista) y Vicente Solano Lima (conservador popular)
1972 fue un año duro en el que ocurrieron grandes acontecimientos. El 22 de agosto fueron fusilados clandestinamente los compañeros detenidos en la base Almirante Zar de Trelew, Este hecho, calificado para siempre como “la masacre de trelew” constituyó una de las acciones más repudiables del terrorismo de Estado en la Argentina, sigue y seguirá siendo uno de los motivos de repudio a la dictadura militar de aquel tiempo y especialmente a la figura del principal responsable de los crímenes: el general Alejandro Agustín Lanusse. Tres meses después de aquellos asesinatos otro episodio, como dijimos, conmovió y movilizó a la inmensa mayoría del peronismo. Fue el regreso de Perón a nuestro país. Por entonces gobernaba la provincia de Buenos Aires el brigadier Miguel Moragues y en Lanús Miguel Monserrat (radical intransigente) estaba a cargo de la intendencia comisionado por la dictadura. Luego de la reunión del Restaurant Nino, consolidado el Frente Justicialista de Liberación se lanzó la campaña electoral y el 11 de marzo de 1973 la fórmula Cámpora – Solano Lima triunfó con el apoyo del 50 por ciento de los votantes. En Lanús don Manuel Quindimil obtuvo su primera victoria electoral imponiéndose sobre el candidato de la Unión Cívica Radical, Alberto Carlos Rossi, considerado, no sólo por los radicales sino también por muchos de nosotros, como un gran hombre, generoso y de amplios conocimientos. Rossi, que había sido director en el IPS (Instituto de Previsión Social de la provincia de Buenos Aires) entre 1963 y 1966, supo ser un dirigente comprometido con la causa nacional y muy solidario con quienes, por esas cosas de la política, atravesamos en determinadas oportunidades algún momento difícil. Hoy, 2021, que su partido radical funge de serviente del macrismo, el querido, respetado y recordado “flaco” Rossi no descansa en paz. Seguro.
A partir de mayo de 1973, el bloque de concejales de la UCR de Lanús quedó integrado, entre otros, por Oscar Touris, Elbio Arandia y José Bechara Arcuri. Un joven Eduardo Florio, quien diez años más tarde fue una destacada figura del radicalismo local, ejerció la secretaría de dicho bloque. En el peronismo lanusense, en esos días setentistas, se afirmaron las figuras de don Manuel Quindimil, flamante intendente electo y de don Domingo Purita, dirigente histórico sumamente respetado. Fue otro tiempo, época en que los partidos políticos funcionaban como deben funcionar en su rol de instituciones de la Constitución Nacional. Otra clase de dirigentes, otra forma de ejercer la tarea política y otras conductas que, a diferencia de tanta chantada de la actualidad, respondían fielmente a sus ideales y a su pertenencia partidaria.
La primavera camporista duró poco. Apenas 48 días. Para explicar las razones de las renuncias de Cámpora y de Solano Lima se han empleado litros de tinta y millones de palabras. No fuimos pocos los que en aquellas circunstancias interpretamos que esas renuncias ocurrieron por la presión y la acción de la derecha peronista. Parece que el estado de salud del General no era bueno. Eso sólo lo supieron sus médicos y sus íntimos. Respecto a este tema mucho se ha dicho pero vaya a saber uno quienes dijeron la verdad y quienes mintieron. Algunos de nosotros imaginábamos que en la cabeza de Perón anidaba la idea de funcionar con un formato parecido al que se había implementado en Cuba. Él cómo el gran Líder y Cámpora al frente de la administración del gobierno. Así se había organizado la cosa en la Cuba revolucionaria. Fidel Castro ejerciendo el liderazgo (y el poder) y Osvaldo Dorticós al frente del gobierno.
Para nuestra paz intima y no dejarnos llevar por tanto palabrerío lanzado a los cuatro vientos sin pruebas clarísimas que demuestren la verdad en forma transparente, preferimos creer en los dichos de los principales actores. Respecto a los acontecimientos del 12 y 13 de julio de 1973 que derivaron en las renuncias de Cámpora y Solano Lima y en la designación como presidente de la República del Dr. Raúl Lastiri, quien presidía la Cámara de Diputados de la Nación, Héctor J. Cámpora dijo, primero en un mensaje al país y luego en una comunicación a la totalidad de los gobernadores: «Yo no sé si la emoción, la honda emoción que me embarga me permitirá la lectura de este mensaje al pueblo argentino. Porque está próximo un acontecimiento a cuyo servicio he puesto la conducta y la lealtad incuestionable de toda mi vida: el reencuentro del general Perón con su pueblo en el ejercicio pleno, real y formal, de su indiscutida conducción». Con estas palabras inició su discurso el doctor Cámpora, explicando los hechos y cerrando un periodo de lealtad hacia su movimiento y el pueblo, casi sin parangón en la historia política argentina.
En los siguientes términos comunicaba a cada uno de los gobernadores: «Señor gobernador: Siempre he tenido clara y limpia mi conciencia, claros mi pensamiento y el anhelo profundo y enraizado en el alma del pueblo argentino. Mi pensamiento y mi anhelo no fueron ni son otros que el de restituir al general Perón el mandato popular que años atrás le fuera otorgado. Por ese exclusivo motivo he presentado al Honorable Congreso mi renuncia irrevocable, conducta igual que ha asumido el vicepresidente de la Nación, doctor Solano Lima. Los dos, como simples ciudadanos, sumaremos nuestros votos para que el general Perón presida los destinos de esta Argentina, que desde el 25 de mayo camina en la senda de la reconstrucción nacional».
A las 14 hs. del día 13 de julio de 1973, cuando abandonó la sede del gobierno nacional, una numerosa multitud apostada en los alrededores, lo despidió con una cariñosa ovación. Cámpora, al salir, era la imagen tranquila del hombre que no había traicionado a nadie.
Antes de asumir la presidencia de la Nación el Dr. Héctor J. Cámpora había redactado sus Pautas Programáticas, trabajo que sirvió de base para su extenso, brillante y revolucionario discurso de asunción, pronunciado en el Congreso Nacional el 25 de Mayo de 1973. En dicha propuesta dijo: “ Nuestro programa, en síntesis, consiste en reconquistar la soberanía política, la independencia económica y la justicia social, nuestras gloriosas banderas, a través de la liberación nacional, el desarrollo socio-económico, la socialización de la economía y la participación popular en todos los estratos de poder”. Valiente y magnífico desafío en la Argentina de hace 48 años.Treinta años separan a aquel discurso del pronunciado por Néstor Carlos Kirchner el 25 de Mayo de 2003 cuando aseguró, y cumplió sobradamente, que no dejaría sus convicciones a las puertas de la Casa de Gobierno. Entre una y otra exposición hubo un tiempo. Un agujero en la historia que pudo repararse gracias a la llegada del kirchnerismo. Que hoy haya una agrupación con el nombre de Cámpora como importante corriente política dentro del peronismo es un justo homenaje a quien fuera uno de los grandes leales a Perón y a su pueblo. Muchos de nosotros tuvimos el privilegio de sumarnos a la militancia peronista desde nuestra juventud, allá lejos en el tiempo y hoy podemos exhibir con orgullo nuestra pertenencia porque si, es verdad, los días más felices para el pueblo fueron los días peronistas. Desde el año 1956 militamos en el peronismo y dentro del campo popular. Participamos en luchas internas, integramos frentes políticos electorales dentro y fuera de las estructuras del peronismo, como tantos otros y otras militantes y siempre tuvimos y tenemos excelentes relaciones con los compañeros y compañeros con quienes compartimos memorables jornadas como El Lanusazo, la lucha contra el Alca, diferentes experiencias electorales y el enfrentamiento contra los “carapintadas” que atentaron contra el gobierno constitucional del Dr. Alfonsín. Somos peronistas. Orgullosamente peronistas. Y podemos caminar las calles de Lanús sintiendo el respeto y el afecto de amigos y compañeros, de quienes piensan como nosotros y de quienes piensan diferente. Mantenemos una profunda y saludable amistad con socialistas, comunistas, demócratas cristianos, humanistas, radicales, intransigentes y honestos militantes de sectores de izquierda. Valoramos la historia y las acciones del presente de los trabajadores, del movimiento obrero organizado y de las organizaciones sociales que luchan por paz, pan y trabajo en el camino hacia la patria justa , libre y soberana que merecemos y que sin duda lograremos alcanzar y afianzar más temprano que tarde.
(1)- Abril sangriento, Junio de horror y Septiembre trágico.
15 de abril de 1953, los radicales Arturo Mathov y Roque Carranza acompañados por un personaje oscuro, un tal Carlos González Dogliotti colocaron bombas en una concentración peronista en Plaza de Mayo causando varias muertes y 90 heridos graves.
El 16 de Junio de 1955 aviones de las fuerzas armadas argentinas bombardearon Plaza de Mayo y sus adyacencias causando aproximadamente 400 muertes y muchos heridos graves.
El 16 de septiembre de 1955 se realizó el golpe de estado que derrocó a Perón iniciando una etapa de dolor en la Argentina.

